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Este podcast tiene
145 episodios
Idioma
SpanishEditor
MANUEL ALCAINEExplicito
No
Fecha de creacion
2017/05/12
Ultimo episodio
2022/06/15
Duracion media
47 min.
Frecuencia de publicacion
16 dias
Descripcion
"Nada más que música" es una sección del magacín cultural transmedia "Siéntelo con Oído" que producimos en Zaragoza y publicamos todos los jueves en nuestro blog: Https://www.sienteloconoido.es. Tiene un solo objetivo, entretener. Para ello vamos a contar con el mejor aliado posible, la música, nada más y nada menos. Por aquí pasarán grupos, cantantes, estilos, instrumentos, en fin, todo aquello que hace posible disfrutar del ruido más hermoso: la música.
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Nada más que música - Héroes del Silencio
2022/06/15
Un día más vamos a repasar un poco de la historia de la música, en este caso española, y para más precisión, zaragozana. Este programa estaba en deuda con el grupo más internacional que ha dado esta ciudad. Por supuesto, nos son otros que Héroes del Silencio. Hoy saldaremos esta deuda.
Esto ha sido “Apuesta por el rock and roll”, un corte de Rarezas, uno de sus discos recopilatorios.
Pero para Héroes del Silencio todo terminó el 10 de febrero de 1996, en una habitación de hotel de Tijuana, México. Enrique invitó inesperadamente a sus compañeros a una reunión y, ante su sorpresa, puso encima de la mesa un par de folios, escritos por las dos caras, en los que se resumía el futuro “modus operandi” que el grupo debería asumir desde ese momento. El mensaje era imperativo y no dejaba lugar a dudas: no más guitarras eléctricas, canciones cortas, obligatoriedad para todos de investigar en las nuevas tecnologías, …
Juan Valdivia, guitarrista de la banda, se levantó y se fue. Punto y final.
Claro que, para llegar a este punto, habían pasado muchas cosas. Nos remontamos a 1980, ciudad de Zaragoza. Pedro y Juan Valdivia, batería y guitarra respectivamente, comenzaron a dar sus primeros paso en el mundo de la música, junto con su primo Javier Guajardo, cantante, formando el grupo de pop Zumo de vidrio. Era la época de la movida madrileña donde cortaban el bacalao grupos como Alaska y Dinarama, Radio Futura, Nacha Pop, Gabinete Galigari o Los Secretos. Del extranjero nos llegaban músicas diversas como Michael Jackson, The Police o Dire Straits. En este contesto nació el proyecto Héroes.
Entre dos tierras, quizá su mayor éxito.
Al poco tiempo, entró en escena Enrique Ortiz de Landázuri, más tarde conocido como Enrique Búnbury, que por entonces tocaba el bajo y cantaba en Proceso Entrópico y le invitaron a unirse al proyecto. Con formato de trío, el cantante anterior ya había abandonado la banda, comenzaron sus primera actuaciones y grabaron su primera maqueta. Las nuevas canciones tenían un estilo oscuro y simbólico, con claras influencias post punk, muy distinto al pop de Zumo de Vidrio, así que decidieron cerrar esta etapa y empezar de cero. En 1985, se incorporó al trío un nuevo bajista, Joaquín Cardiel, para que Bunbury se dedicara a cantar con más libertad. También por esas fechas abandonó el grupo Pedro Valdivia para centrarse en sus estudios y fue sustituido por el bateria zaragozano Pedro Andreu. Y con todos estos movimientos, se completó la banda, una banda que… todavía no tenía nombre.
Maldito duende.
El nombre llegó, como suele pasar casi siempre, por azar. Estaban promocionando su primera maqueta y tenía que acudir a una entrevista en Radio Zaragoza y seguían sin nombre. Alguien sugirió “Héroes del Silencio”, el título de una de sus canciones, que posteriormente cambiaron por Héroe de leyenda, y la idea gustó a todos y así quedó la cosa.
A partir de este momento, todo se aceleró: ganadores de la fase regional del Festival de Benidorm, finalistas del concurso “Nuevo Pop Español”, bombazo en las Fiestas del Pilar y primeros contactos con los ejecutivos de las discográficas.
Uno de ellos, Gustavo Montesano, productor y guitarrista de Olé Olé, se acercó a Zaragoza para verles en directo y quedó impresionado e inmediatamente se los recomendó a la multinacional EMI.
A pesar de todo, EMI no lo tenía del todo claro y decidió empezar con un EP con cuatro temas que se grabó a finales de 1987. El trabajo vendió 30,000 copias, un récord absoluto para un lanzamiento debut.
Con las cosas un poco más claras, la discográfica se atrevió ya con un nuevo lanzamiento, un LP que Héroes tuvo que componer en tiempo récord para publicarse en octubre de 1988. El mar no cesa fue disco de platino y vendió más de 150,000 copias. En la gira correspondiente, Héroes del Silencio dejó definitivamente constancia de su calidad y de la contundencia de sus
Nada más que música - Stan Getz y The Oscar Peterson Trío
2022/05/25
Hoy vamos a repasar un gran disco, el que grabaron en estudio Stan Getz y The Oscar Peterson Trío en 1.958. En el trío de Peterson militaban el guitarrista Herb Ellis y el bajista Ray Brown.
El año anterior, en 1957, el productor Norman Granz estaba tratando de emparejar al legendario trió sin batería de Oscar Peterson con grandes figuras del jazz. El elegido fue Stan Getz porque pensó, con acierto, que de esta conjunción saldría algo bueno. Y ya lo creo que salió.
La base rítmica que proporcionan la guitarra y el bajo, permite que el piano de Peterson desarrolle toda su técnica y que el saxo de Stan suene tan cálido como acostumbra.
El disco empieza con una vibrante versión de I want to be happy, “Quiero ser feliz”, una partitura que Vincent Youmansy escribió para el musical de 1925 No, No, Nanette.
Stanley Getz nació el 2 de febrero de 1927 en Filadelfia y ha sido catalogado por el crítico musical Scott Yanow como “uno de los grandes saxofonistas tenores de todos los tiempos”.
Sus orígenes eran de lo más diverso. Su madre había nacido en Filadelfia, su padre en Londres, sus abuelos paternos eran originarios de Ucrania y habían tenido que salir huyendo para no caer en los pogromos anti-judios que se estaban produciendo en el imperio ruso.
Durante la Gran Depresión la familia Getz se mudó a Nueva York y fue allí donde el jovencito Stand empezó a interesarse por los instrumentos musicales y tocó varios de ellos hasta que su padre le compró su primer saxofón a la edad de 13 años. Y con él, empezó a practicar nueve horas al día.
Esta dedicación le permitió ser aceptado en la All City High School Orchestra de Nueva York.
Con 16 años se unió a la orquesta de Jack Teagarden y empezó su carrera profesional. También tocó con Nat King Cole, Lionel Hampton, Jimmy Dorsey y Benny Goodman.
Después de tocar con los mejores, decidió dar el paso y formar su propio grupo, pero, al mismo tiempo, empezó también su relación con la heroína.
Getz se había casado cuando era prácticamente un adolescente y estaba bastante metido en las drogas. De hecho, fue detenido en 1954 por intentar robar una farmacia para conseguir morfina.
Este primer matrimonio se deshizo y sus tres hijos fueron recogidos, con el tiempo, por la segunda esposa de Stan con la que tuvo dos hijos más.
La nueva pareja se había trasladado a Copenhague, sobre todo para escapar del mundo de las drogas, tan asequible en aquellos días en Estados Unidos.
A pesar de todo, Stan volvió a las drogas y su esposa le abandonó y se volvió a Suecia donde vivían sus padres. Para que volviera con él, Stan le envió una copia de lo que sería su siguiente trabajo Jazz Samba y le prometió que a partir de ese momento se mantendría sobrio.
Su esposa volvió con él pero solo sería el inicio de un largo recorrido de encuentros y desencuentros que solo terminó cuando, en 1987 le diagnosticaron un cáncer terminal que acabó con su vida el 6 de junio de 1991.
I’m glad there is you es una canción escrita por Yimmy Dorsey, que se publicó por primera vez en 1941 y que se ha convertido en un estándar del jazz.
Por su parte, Oscar Peterson, la otra columna que sostiene esta estupenda obra, nació el 15 de agosto de 1925, en Montreal, y fue un virtuoso del piano, el “Maharaja del teclado”, como le llamaba Duke Ellington.
Peterson, que se crió en un barrio predominantemente negro, se encontró pronto con la cultura del jazz.
Sus primeras clases de piano las empezó a recibir a los siete años impartidas por su padre, músico aficionado, y su hermana.
A los nueve años Peterson ya tocaba perfectamente y a los catorce ganó el concurso nacional de música organizado por la Canadian Broadcastin Corporation. Y, a partir de aquí, se convirtió en pianista profesional.
Tenía por entonces un programa de radio semanal, tocaba en hoteles y salas de músico, orquestas, trios y es que, aunque su formación había sido clásica, sus tende
Nada más que música - Nina Simone
2022/05/11
Bueno, pues hoy vamos a dedicar nuestro espacio a una cantante, compositora, pianista, arreglista, activista por los derechos civiles y, por encima de todo, una gran mujer. Interprete de una amplia gama de estilos musicales que van desde la música clásica al jazz pasando por el blues, folk, R&B, gospel y el pop.
Había nacido en el seno de una familia pobre y negra en Tryon, Carolina del Norte. Sexta de ocho hermanos, empezó a tocar el piano a los tres o cuatro años demostrando ya un gran talento para la música.
Su primer concierto, a los doce años, marcó su deriva política posterior. El incidente ocurrió cuando sus padres, que habían ocupado los primeros asientos del auditorio para escuchar a su hija, fueron desalojados al final de la sala para dejar sus asientos a personas blancas. La niña dijo que, o trasladaban a sus padres a la primera fila o no tocaba. Por supuesto, sus progenitores volvieron a sus asientos y dio comienzo el concierto.
La madre era ministra metodista en su tiempo libre y sirvienta a tiempo completo. Su padre, también reverendo, tenía un negocio de limpieza en seco pero su mala salud le dejaba fuera de juego durante largos periodos.
No lo he dicho ¿verdad?, bien pues estamos hablando de Nina Simone.
A pesar de todos los impedimentos que tuvieron que sortear, apoyada por su primera profesara de música y también de un fondo local para la educación y de diversas becas, la joven Nina pudo graduarse. Su objetivo era entrar en el Curtis Institute of Music de Filadelfia pero su solicitud fue denegada. Solo tres de los setenta aspirantes lo consiguieron ese año. Fue un duro golpe porque su familia se había trasladado a Filadelfia esperando su ingreso en la importante escuela. Siempre pensó que había sido rechazada por cuestiones racistas pero el instituto lo ha negado sistemáticamente. Tampoco pudo volver a intentarlo porque el Curtis no aceptaba alumnos mayores de 21 años.
Curiosamente, unos días antes de su muerte, en 2003, el instituto le otorgó un título honorífico.
Así que, desanimada, Nina Simone se dedicó a trabajar como asistente de un fotógrafo, simultaneando esta actividad como acompañante al piano en una academia de canto y dando clases particulares.
Al poco, le llamaron para actuar en un bar en Atlantic City, cuyo propietario insistió en que cantara y tocara el piano. Fue allí donde adoptó el nombre artístico de ·”Nina Simone”. Nina por “Niña”, apodo que le había puesto su novio de entonces y Simone por la actriz francesa Simone Signoret de la que era admiradora.
Este cambio de nombre también estaba motivado porque sabía que su madre nunca aprobaría que su “niña” tocara la música del diablo. Así que tenía que pasar desapercibida.
La mezcla de jazz, blues y música clásica de Simone en sus actuaciones en el bar le valió una pequeña pero leal base de fans.
En 1958 conoció a Don Ross, un trotamundos que trabajaba en las ferias invitando a gritos a la gente para que entrara en su espectáculo. Pero pronto se arrepintió de su matrimonio.
Estaba trabajando por pequeños clubs cuando le ofrecieron grabar una de las canciones de la opera Porgy and Bess que se aprendió escuchando la que ya había realizado Billie Holiday. Fue un éxito y récord de ventas pero como había vendido todos los derechos del álbum por 3.000 dólares, no recibió ni un céntimo por los derechos, ni en ese momento ni nunca.
A pesar de su mala cabeza para los negocios, su popularidad fue creciendo y firmó un contrato con Colpix Records que le permitió grabar una gran cantidad de álbumes de estudio y en directo. El estudio le cedió todo el control creativo, incluida la elección del material que se grabaría, a cambio de que ella firmara el contrato con ellos.
El disco Nina Simone at Town Hall le abrió las puertas de Nueva York y se convirtió en la artista favorita de Greenwich Village, el barrio bohemio y artista de la gran manzana.
Vamos a escucharle precis
Nada más que música - Creedence Clearwater Revival - II
2022/04/27
Hola, hola, yo soy Antonio Giménez y esto es… NADA MÁS QUE MÚSICA.
Muy buenas tardes Señoras y Señores, sean ustedes bienvenidos a este rincon de internet en el pretendemos, sobre todo, que ustedes lo pasen bien. Hoy lo haremos con la segunda parte de nuestro repaso a una de las mejores bandas de EEUU, Creedence Clearwater Revival. Así que… empezamos.
Bueno, pues habíamos dejado a nuestros amigos de la Creedence en mitad de la bronca, una bronca que les llevaría a su disolución. Repasamos el último día algunos de los motivos que les llevaron a este punto pero, la puntilla la dio John Fogerty tomando algunas decisiones, en su calidad de mánager empresarial de la banda, que dejó a todos sus miembros sin los royalties correspondientes a todas sus grabaciones y por las que tuvieron que entablar un montón de pleitos para poder recuperar sus ingresos.
Y es que John había decidido, junto con sus abogados, traspasar el capital del grupo a un banco de Nassau. Años más tarde, en 1983, los juicios iniciados por los miembros del grupo fueron vistos para sentencia y una corte de California sentenció la devolución de 8,6 millones de dólares a sus legítimos dueños. A pesar de la sentencia, solo una ínfima parte de este dinero llegó a sus bolsillos.
En este ambiente se publicó “Pendulum”, un nuevo trabajo de estudio que fue bien recibido por critica y público y premiado con unas buenas ventas. De este trabajo es “Have you ever seen the rain”
A pesar del éxito del grupo, los problemas personales entre los hermanos Fogerty no hacían más que crecer. Tras la grabación de Pendulum, Tom, que ya había dejado el grupo en numerosas ocasiones aunque siempre había vuelto, lo hizo nuevamente pero esta vez de forma definitiva. Su marcha se hizo pública en febrero de 1971 y aunque en un principio se pensó en reemplazarlo, finalmente no lo hicieron.
Tom Fogerty grabó en solitario “Good Bye President” que, más o menos, se escucho pero en ningún caso como a su anterior grupo.
Este mismo año, 1971, John Fogerty comunicó al resto del grupo que la banda continuaría adelante adoptando una solución democrática, según la cual cada miembro del grupo escribiría y cantaría su propio material. El contribuiría con la guitarra rítmica en las canciones de sus compañeros, lo que daría lugar a un cambio considerable en el sonido de la Creedence.
Este nuevo estilo de trabajo dio como resultado el sencillo Sweet Hitch-Hiker.
El grupo se embarcó en una gira por Europa y Estados Unidos durante el verano y el otoño de este año 1971 pero, a pesar del considerable éxito de la banda, la relación personal entre los tres miembros de la banda no hacía más que deteriorarse.
Sweet Hitch-Hiker
El último álbum que grabaron fue Mardi Gras, se publicó en abril de 1972 y, por primera y última vez, se incluyeron en el trabajo canciones de Fogerty, Cook y Clifford.
A diferencia de sus anteriores trabajos, Mardi Gras recibió críticas muy desfavorables y las ventas fueron en proporción, o sea, muy pobres.
Tras la publicación de este álbum y su pésima acogida, no solo empeoraron sus relaciones personales sino que su compañía discográfica empezó a verles como un mal negocio y se negó a mejorar sus condiciones contractuales.
A este respecto, Cook comentó posteriormente que, gracias a la torpeza de John en los negocios, Creedence tenía el peor contrato discográfico de todos los músicos estadounidenses de éxito.
Nuevamente, y a pesar de todo, la Creedence se lanzó a la carretera en una nueva gira por Estados Unidos. Seis meses después, el 16 de octubre de 1972, el grupo anunció oficialmente su disolución y desbanda de Creedence Clearwater Revival.
En Mardi Gras estaba incluida Hello Mary Lou, una versión del viejo éxito de Ricky Nelson de 1960.
“Fortunate son” es, incluso hoy día, una de las canciones más representativas del movimiento antibélico que se desató a finales de los 60 en los E
Nada más que música - Creedence Clearwater Revival - I
2022/04/13
Hola, hola, yo soy Antonio Giménez y esto es… NADA MÁS QUE MÚSICA.
Muy buenas tardes Señoras y Señores, sean uds. bienvenidos a su programa favorito NADA MÁS QUE MÚSICA.
Y aunque en este momento hablo solo por mí, y creo que muchos de vosotros estaréis conmigo, hoy vamos a recordar a la que posiblemente fuera la mejor banda de rock norteamericana de la historia.
Y por si no la habéis reconocido todavía, estamos hablando de Creedence Clearwater Revival. Con esta contundencia… empezamos.
Creedence Clearwater Revival, o la Creedence o CCR, que de todas formas se les ha llamado, fue un grupo estadounidense de Rock, Blues y Soul que fue muy popular en las decadas de 1960 1970.
Hohn Fogerty, Doug Clifford y Stu Cook, todos ellos nacidos en 1945, se conocieron en la escuela de secundaria en El Cerrito, un condado de Contra Costa, en California, y comenzaron a tocar con el nombre de The Blue Velvets. Al trío se unió Tom Fogerty, hermano mayor de John como refuerzo en algunas grabaciones y directos.
Durante este primer periodo de la banda se definieron los roles de cada uno de sus componentes. Stu Cook cambió en piano por el bajo, Tom pasó a ser guitarra rítmica y Doug siguió con la batería. Por su parte, John Fogerty comenzó a componer nuevo material y pasó a ser la voz principal y guitarra solista. Como recordarían más tarde, “Todos podíamos cantar pero John tenía un toque especial”.
Y es verdad, su voz es marca Creedence.
Escuchamos Bad Moon Rising
Como pasa siempre, todo o casi todo se fue al traste cuando John Fogerty y Doug Cliford tuvieron que incorporarse al servicio militar. Pero bueno, todo se acaba y en 1967, a su vuelta un productor avispado les ofreció grabar un disco con la única condición de que el grupo debería cambiar de nombre. Acordaron volver al día siguiente con diez propuestas cada uno y Creedence Clearwater Revival fue la que se llevó el gato al agua. Creedence por el apodo de una amigo de Tom, Clear Water (agua limpia) sacado de un spot publicitario de cerveza y Revival del renovado compromiso de los cuatro miembros de la banda.
Con este renovado entusiasmo y con buenas perspectivas de futuro los cuatro miembros dejaron sus trabajos y confeccionaron un duro calendario de ensayos y bolos por los clubs de la zona.
El álbum en cuestión fue Creedence Clearwater Revival y realmente tuvo una gran acogida de crítica y público.
La promoción del álbum fue también bien recibida, con el lanzamiento del sencillo Suzie Q (un éxito de finales de los años 50, original de Dale Hawkins) en numerosas cadenas de radio del área de la bahía de San Francisco, así como la cadena WLS de Chicago. Los aficionados al blues valoraron muy positivamente la versión y la hicieron llegar a lo más alto. De esta forma, Suzie Q se convirtió en el primer sencillo del grupo en entrar en el Top 40, alcanzando el puesto 11 y convirtiéndose en el único éxito del grupo no compuesto por John Fogerty.
Suzie Q.
Mientras seguían con la promoción del álbum con conciertos en directo, el grupo ya estaba trabajando en su segundo álbum, Bayou County, en los estudios RCA de Los Angeles. Se publicó en enero de 1969 y fue el primero de una larga lista de éxitos que se prolongó durante tres años.
Las canciones de este disco eran básicamente el repertorio de sus conciertos y mostraba una evolución hacia sonidos más simples y directos. El sencillo Proud Mary, que ya hemos escuchado, se convirtió en una de las canciones más versionadas del grupo, con más de 100 grabaciones entre las que se incluye el éxito de 1941 de Ike y Tina Turner.
La cara B del sencillo es Born on the bayou. Sobre la canción, su autor John Fogerty, decía: “Va sobre un infancia mítica y sobre un tiempo lleno de calor. La visualice en el pantano donde, por supuesto, nunca había vivido. Era tarde cuando escribía, tratando de ser un escritor puro, sin la guitarra en la mano, visualizando y mirando las paredes desnu
Nada más que música - Carlos Gardel II
2022/03/24
Bueno, hoy antes que nada tengo que pedir perdón, de antemano, a nuestros amigo y compañero Carlos Azcona, argentino de pro, por el atrevimiento, pero el sentido de este programa es este, solo música, NADA MÁS QUE MÚSICA, solo música que nos gusta, y amigos… el tango nos gusta mucho. Así que, como unos aficionados más, y con el atrevimiento que da la ignorancia, nos lanzamos en brazos de la voz y del carisma de Carlos Gardel.
“El tango es un pensamiento triste que se baila”. Esto decía D. Enrique Santos Discépolo, autor de tangos fundamentales como Yira, Yira, Cambalache o Cafetín de Buenos Aires. Un hombre que, según sus biógrafos, “su vida fue un permanente desgarrarse en una sociedad injusta, solo comprensible en el marco de la sufrida Argentina del siglo XX”.
España ya tenía una historia tanguera, previa incluso a la llegada del tango argentino, alguno recordará el famoso “Fumando espero” del catalán Juan Viladomat. Y es que, el tango, venía difundiéndose como baile de moda en Europa desde la primera década del siglo XX, hasta que poco antes de la Primera Guerra Mundial, sobre 1910, estalló la tangomania.
Y el principal responsable de este fenómeno, que no se ha extinguido, no fue otro que Carlos Gardel.
La vida de Carlos Gardel, como la de todo mito que se precie, está llena de leyendas que su fama póstuma no ha hecho desaparecer a pesar del tiempo. Todavía hoy, muchas personas peregrinan a la tumba de Gardel para pedirle salud y trabajo. Nada nuevo.
Charles Romuald Gardés nació, suponemos, en Toulouse, Francia en 1890. O no, tal vez lo hizo en Tacuarembó, Uruguay, en 1887.
Lo cierto es que Carlos Gardel tuvo una infancia realmente difícil, que por otro lado, no es otra que la que caracteriza a todo héroe arrabalero y triunfador.
Su madre, Berthe Gardés, nunca llegó a saber con exactitud quien era el padre de aquel hijo que, años más tarde, correteaba entre las casuchas de Retiro, Montserrat o Los Corrales, barrios de la ciudad de Buenos Aires a la que Bérthe había huido en busca de fortuna.
Charles se convirtió en Carlitos, un muchacho despierto, simpático e irascible cuyo único objetivo en la vida era alcanzar el lujo de los ricos y ganar montones de dinero.
Con 18 años ya dejaba oír su voz por las esquinas y garitos, y se esforzaba por imitar a los adinerados acicalándose con un esmero narcisista y casi, casi… femenino.
Por aquel entonces, ese “pensamiento triste que se baila”, de incierto origen llamado tango, comenzaba a hacer furor en París. Sus interpretes más destacados viajaban al continente y regresaban con los bolsillos a rebosar y, claro, Carlos, a quien le gustaba el canto casi tanto como la “guita” probó fortuna en alguno de los muchos cafés de los barrios periféricos bonaerenses, en los que se presentó con el sobrenombre de “El Morocho” y ante la sorpresa de propios y extraños, manifiestó una aguda sensibilidad y un temperamento artístico completamente original.
Sus aptitudes le inclinaron hacia el tango canción o tango con letra, escasamente cultivado hasta ese momento. En efecto, el tango estaba entonces en un proceso de evolución que lo había llevado de ser una música alegre, posiblemente cubana, y que se bailaba de forma un tanto procaz en la fiestas de las clases populares de Buenos Aires, a convertirse en un lamento cantando, una música nostálgica y desgarrada que los porteños acomodados había aprendido a admirar y a bailar y que Gardel estaba destinado a dar a conocer en todo el mundo.
En 1915 formó pareja con José Razzano, un intérprete de tangos que disfrutaba de alguna fama. Su apoteósica actuación en el teatro Esmeralda de Buenos Aires, en 1917, hizo que su personal estilo de interpretar el tango calara hondo en el público porteño de tal manera que el dúo Gardel-Razzano se situara inmediatamente en la cresta de la ola.
Este dúo funcionó hasta 1925, momento en que Gardel debió partir solo hac
Nada más que música - Duke Ellington
2022/03/10
“La vida de Duke Ellington es la historia viva del jazz, o de la “música americana”, como él hubiese dicho; desde los remotos tiempos del ragtime a las variopintas fusiones de los años setenta. Según la imagen canónica, su figura preside la etapa más popular de esa evolución (el período del swing y las grandes bandas), pero basta adivinarlo en el saxo de John Coltrane cuando éste interpreta «In a Sentimental Mood», junto al piano del maestro (1962) para advertir que la magia de Ellington desborda todas las categorías, penetra en todos los terrenos e irrumpe amablemente en los acordes (o desacordes) de todos sus colegas. Ni el jazz en su conjunto ni buena parte de la música contemporánea serían explicables sin Ellington”
Así se expresaba la crítica tras la aparición de la autobiografía del extraordinario músico DUKE ELLINGTON.
Edward Kennedy Ellington, que este es su nombre completo, nació en Washington en 1899 y desde muy jovencito, cuando tenía siete años, ya empezó a tomar clases de piano. Sus primeras influencias fueron el Ragtime, género de música popular muy de moda en aquellos años.
Con sólo diecisiete años debutó profesionalmente en su ciudad natal. Desde 1919 tocó con varios grupos de la capital estadounidense hasta que en 1922 fue llamado para actuar en Nueva York, el punto de referencia para todo músico de jazz.
Hoy recorreremos sus grabaciones entre los años 1952 y 1960, habrá tiempo más adelante para profundizar en otras épocas.
Escucharemos en primer lugar Take the “A” Train, un estándar de jazz compuesto por Billy Strayhorn y que fue la melodía insignia de la orquesta de Duke Ellington.
Aunque no logró triunfar, adquirió la experiencia necesaria para formar su propio quinteto, The Washingtonians, con los que adquirió renombre suficiente como para realizar unas pruebas en el celebérrimo local neoyorquino Cotton Club, en Harlem. A partir de ese momento, su fama y su prestigio se fueron consolidando; las emisiones radiofónicas de sus conciertos se hicieron habituales y las apariciones de Duke Ellington and The Washingtonians en diversas películas, junto a las diversas giras que realizó por Estados Unidos y Europa, contribuyeron a fomentar su creciente popularidad. El quinteto original fue incorporando nuevos miembros, eran doce músicos en sus primeras apariciones en el Cotton Club. A principios de los años treinta, composiciones como Mood Indigo o Sophisticated Lady se convirtieron en grandes éxitos y marcaron el inicio de la época dorada para el músico y su big band. Hacia el fin de la Segunda Guerra Mundial, abordó la composición de obras de mayor envergadura formal, por lo común en forma de suites sinfónicas.
Escucharemos ahora una las obras citadas, Sophisticated Lady, una composición del propio Ellington, grabada por primera vez en 1933. Esta canción permaneció en las listas durante 16 semanas, llegando a estar en el tercer lugar.
En esta década de 1930, los gustos del público evolucionaron y las grandes formaciones empezaron a no estar de moda, el revolucionario bop les estaban ganando el terreno y lo que primaba eran formaciones más reducidas con un habilidoso instrumento solista. A pesar de todo, Duke Ellington siguió siendo fiel al estilo que siempre le había caracterizado y a su manera de entender la música. Lo que sí hizo fue elevar el listón de exigencia de sus músicos de tal manera que, todos, fueran solistas de sus instrumento. Basta con leer algunos nombres de músicos que pasaron por sus filas: el trompetista Cootie Williams o el saxofonista Hohnny Hodges.
Como una suerte de premio a su constancia llegó su participación en el Festival de Jazz de Newport, en 1956. Esta actuación fue un punto de inflexión en la vida de The Washingtonians. Iniciaron giras por todo el mundo que no hicieron sino aumentar su fama internacional.
También por esta época probó suerte en la música de cine y firmó las bandas sonoras d
Nada más que música - El Blues - III
2022/02/24
“El blues no es simplemente una secuencia de acordes de doce compases, es un estado mental y todo cabe dentro de él”.
Esto decía Graham Foster, el guitarrista británico afincado en España en una reciente entrevista. Y así es, el blues nos abre los ojos y nos hace ver la realidad de las cosas de la vida, es la queja interior que nos pone en movimiento, que nos hace ponernos en marcha.
La temporada pasada habíamos iniciado una “mini” serie dedicada al blues y hoy vamos a continuar con ella. Desfilarán por nuestro programa los mejores clásicos del género y la esencia de una música inmortal.
Vamos a empezar con Elmor James, un guitarrista de blues nacido en el condado de Holmes, Missisipi, el 27 de enero de 1918. Su estilo contundente y apasionado se distinguía por el sonido característico del slide blues, del que podríamos considerar inventor, y que podemos apreciar en canciones como este The sky is crying
Vamos a seguir nuestra andadura con otro de los grandes, un tipo al que ya hemos escuchado en programas anteriores y que, precisamente, anduvo con Elmor James durante algunos años. Se trata de Sonny Boy Williamson, poeta, músico, cantante y compositor, nacido, como no, en el estado de Misisipi en 1897. Nuestro amigo conoció la fama en vida y se codeó con lo mejorcito del momento. Se traslado a Inglaterra a comienzo de los años sesenta y tocó con gente como The Animals y Jimmy Page.
Esto es su Ninety nine.
Nuestro siguiente invitado, viejo conocido de la casa, es Little Walter, el fabuloso interprete de armónica cuya revolucionaria manera de tocar influyó en generaciones de músicos y que, además, la valieron comparaciones con artistas tan importantes como Django Reinghardt, Charlie Parker o Jimi Hendrix.
Tal fue su virtuosismo que fue incluido en el Salón de la Fama del Rock and Roll en 2008 siendo el primer artista incluido en la categoría de armonicista y, de momento, el último.
Juzgarlo vosotros sino en este Juke.
John Len Chatman, de nombre artístico Memphis Slim, vio la luz, que cosas, en Menphis, Tennessee en 1915 y es un reconocido pianista, cantante y compositor de blues que lideró un buen número de bandas que cultivaron el popular jump blues, un subgénero del blues que surgió a finales de la década de 1930 en los EEUU. En aquella época, el sonido del blues se fué “urbanizando” en una mezcla de blues clásico con letras humorísticas y ritmos heredados del boogie-woogie.
Memphis Slim y su Forty foour blues
Otis Rush nació en Filadelfia en abril de 1935 y fue un cantante y guitarrista de blues. Su sonido era lento, ardiente y con un característico glissando, ya sabéis, esa forma especial de arrastrar los dedos de la mano izquierda por el mástil de la guitarra.
A Rush le encantaba tocar en directo, desde pequeños clubes en el West Side de Chicago (donde por cierto le conoció Eric Clapton y desde entonces lo consideró como su Dios particuar) hasta locales con entradas agotadas en Europa o Japón. Rush fue incluido en el salón de la fama de la Fundación Blues en 1984 y ganó un Grammy a la mejor grabación de blues tradicional en 1999.
Este es su So many roads, so many trans.
Nuestro siguiente invitado es Howlin Wolf, el lobo aullador, un gigantón de dos metros de altura y 140 kgs. de peso, hijo de unos cultivadores de algodón y granjero en su juventud que llegó a instalarse entre los principales artistas de blues eléctrico. De él se dijo que “nadie puede igualar a Howin Wolf en su singular capacidad para el blues”.
Es curioso que, teniendo en cuenta sus orígenes clásicos, el rock psicodélico de los sesenta, tuviera en Wolf a uno de sus máximos inspiradores. De hecho, el mismísimo Jimi Hendrix comenzó su actuación en el mítico festival de Monterrey en 1967 con una frenética versión de un clásico de Howlin Wolf.
Vamos a escuchar al Lobo en Smokestach lightnin.
El cantante y pianista Ray Charles grabó entre 2003 y 2004 un disco de duetos,
Nada más que música - Louis Prima - 'The King of Jumpin’ Swing'
2022/02/09
Nuestro invitado de hoy es Louis Prima, un músico genial, extrovertido, ingenioso y divertido, trompetista y cantante de jazz de los últimos años cincuenta y primeros sesenta. Mezclaba su inglés natal, había nacido como el jazz, en Nueva Orleáns, con el italiano materno, y era un huracán, en el escenario y en sus discos. En su grupo destacaba el saxofonista Sam Butera con el que mantuvo gloriosos desafíos musicales y en el que figuró, durante unos años, su esposa, la cantante Keely Smith.
Vamos con su música. Ya está sonando su ultrafamoso “Just a gigolo”.
Louis Prima nació en el seno de una familia italoamericana en Nueva Orleans, Luisiana. La madre de Prima era una amante de la música y se aseguró de que cada uno de sus hijos tocara un instrumento. A Louis se le asignó el violín, pero pronto se interesó por el jazz al frecuentar los clubs de la ciudad en los que podía escuchar en directo a gente como Louis Armstrong. Así que, cuando su hermano mayor Leon se ausentó unos días para pasar unas vacaciones, se adueño de su trompeta, instrumento que le había correspondido en el reparto de su madre, y ya no la dejó nunca.
Su primera banda, casi infantil, la formó con sus amigos de la escuela, Candy al bajo, Irving al clarinete y Johnny a la bateria. Pero fue en 1927 cuando se asoció con otro compañero de la escuela de jesuitas donde estudiaba para tocar en el “Whip”, un club nocturno de la ciudad. Y fue allí donde nuestro hombre decidió que quería ser profesional.
Un ejemplo perfecto de la contaminación del inglés con el italiano en su éxito Buona Sera, una canción que, aunque no es suya, fue él el que la llevó a la fama.
Buona Sera,
Los primeros años de sus carrera no fueron muy alentadores. Sus primeros conciertos fueron un pequeño desastre, incluyendo su participación en alguna de las grandes orquestas del momento. En una ocasión, Prima y el saxofonista Dave Winstein fueron contratados para un concierto en Florida pero cuando llegaron, allí no había nadie. Estas cosas pasaban. Con dinero prestado para gasolina, volvieron a su casa. Por suerte, allí le esperaba un contrato para tocar en un barco de vapor, el Capital. Este trabajo no le proporcionó ningún aliciente a su carrera pero, bueno, tenía un sueldo fijo.
Durante la Gran Depresión, Nueva York fue un polo de atracción para todos los músicos hambrientos, y había muchos. Allí fue también Louis y tuvo la suerte de conocer a Guy Lombardo, un afamado director de orquesta y esta circunstancia le dio un poco de estabilidad económica. Además, por aquel entonces, ya estaba casado.
Fever
Su buen hacer en los escenarios le fue granjeando fama y la oportunidad de trabajar en el cine. Además de algunos papeles menores en diversas películas, pudo demostrar sus dotes de actor de una manera un poco más seria en la película musical “Rythmn on the Range”, dirigida por Bing Crosby. Durante esta década, la de los años 30, junto al también trompetista Red Nichols, formaron el grupo “New Orleans Gang” y fue con esta formación, en la que participaban otros siete músicos, con la que grabó buena parte de su producción. A esta época pertenece su celebérrima “Sing, sing, sing”.
Para la ocasión, hemos elegido la versión que hizo Benny Goodman por que está mejor remasterizada.
"Twilight Time" es una canción muy popular del cancionero norteamericano. Fue compuesta por The Three Suns, un famoso, en su momento, grupo neoyorquino, aunque la versión que se hizo más famosa fue la de The Platters.
La versión instrumental que dejó grabada Louis Prima de esta canción nos va a permitir apreciar su buena técnica como instrumentista.
Twilight Time.
Cuando estalló la Segunda guerra Mundia, nuestro amigo Prima, que por entonces estaba instalado en Las Vegas, fue enviado al frente, bueno realmente fue enviado a las bases que los americanos tenían por Islandia y Groenlandia y por allí paso la guerra, animand
Nada más que música - Mayte Martín y Tete Montoliu (Boleros)
2022/01/27
“Un bolero es una melodía nocturna y próxima, olorosa y frutal, que sirve para llorar, para adorar, para abrazar como la hiedra, para apagar un loco amor que más amor es un sufrir, para olvidarse del tiempo, del mundo y de todo; para ver la luz del otro lado de la luna, para borrar antiguos besos en los besos de otras bocas, para pedirle a un reloj que nunca amanezca. Un bolero es la última oportunidad para cortarse las venas con el filo de una metáfora antes de hacerlo con el cuchillo del pan.
Mayte Martín y Tete Montolíu, dos seres hechos de música que nacieron para el bolero el día en que se conocieron.”
De esta preciosa manera presentaba Jordi Saladrigas el disco FreeBoleros que los dos artistas grabaron en directo los días 1, 2, y 3 de julio en el auditorio del Convento de San Agustín dentro de la programación del Festival de Verano de Barcelona Grec 96.
Hoy vamos a repasar el disco. La conjunción de dos extraordinarios talentos artísticos que beben de fuentes tan distintas y a la vez tan próximas como el flamenco y el jazz nos ha dejado una obra perfecta.
Vamos a escuchar el primero de los temas del disco, Contigo en la distancia.
Cuando se grabó este disco, Tete Montolíu era uno de los maestros indiscutibles del jazz europeo y llevaba sin tocar con una cantante desde los años cincuenta, en los que Tete interpretaba unos boleros que algunos puristas tenían como un pecado de juventud. Lo cierto es que esta extraña pareja estaba muy contenta con el proyecto.
Mayte Martín, en una entrevista contaba: “Un día estaba en el escenario en uno de esos clubs de jazz de Barcelona cuando veo entrar a Tete, se sienta en primera fila y se pide un whisky. Un rato después se levanta y le dice al pianista “sal de aquí”. Hubo un momento de pánico hasta que comenzó a tocar el mismo bolero. Los siguientes conciertos que hicimos fue intentar reproducir ese momento. Nunca ensayamos. Por cierto, nunca quiso escucharme cantar flamenco”.
Nostalgia
Tete Montolíu nació en Barcelona en 1933. Fue ciego de nacimiento y empezó a tocar el piano muy pronto, influido por su familia, unos buenos aficionados. Su inclinación por la música de jazz se debe a la influencia que tuvo en él otro pianista ciego, Art Tatum.
Profesionalmente comenzó a trabajar en 1954 como pianista en la orquesta del bolerista venezolano Lorenzo González. En uno de los clubs en los que trabajaba, el Hot Club de Barcelona conoció a lIonel Hampton que le invitó a participar en una grabación suya en 1956.
En 1958 toca por primera vez fuera de España, en Cannes. Desde este momento se abren las puertas de Europa: Berlín, Copenhague, París, Londres… y Estados Unidos.
Sus colaboraciones son interminables: Chick Corea, Paquito D’Rivera, Stan Getz, Stéphane Grappelli.
Tete Montolíu falleció en Barcelona en 1997 cuanto tenía 64 años victima de un cáncer de pulmón.
Adoro
La catalana Mayte Martín es, básicamente, una cantaora y, esporádicamente, bolerista. Hija de malagueños, se empapó de flamenco gracias a los disco que su padre había metido en la maleta. Juanito Valderrama fue su epifanía: “Aquello me atrapó. Fue el primero que hizo emocionarme con el flamenco”. Y desde ese momento, todo fue un obsesión. En su adolescencia, encontró en esta música una vía de escape para hablar de lo que le pasaba. El amor, las rupturas, sus dudas y decepciones. Y es que Mayte es un espíritu libre y difícil.
Pero, esta actitud rebelde y luchadora tiene un precio. Un ejemplo: su último disco “Tempo Rubato”, ha salido adelante gracias a una campaña de “Crowdfunding”, y todavía le queda pendiente el resto de los costes que correrán a cargo de la artista y que serán sufragados poco a poco mediante los royalties.
Otro bolero… Mía
“Ya nadie llama a mi puerta. Soy una artista que va por libre y eso tiene sus consecuencias. Hay que pagar un precio muy alto: no te llaman para conciertos, festivales o promoció
Nada más que música - B.B. King - Live at San Quentin
2022/01/12
Para ponernos en situación; 25 de mayo de 1990, prisión estatal de San Quintín, condado de Marin, California, sobre un escenario improvisado la mejor banda de blues que podía reunirse en ese momento y parapetado tras una Gibson ES-355 apodada Lucille… B.B.King.
Live at San Quentin
Todas las canciones del disco por separado, canciones tocadas y retocadas por B.B. King cientos o miles de veces a lo largo de su exitosa carrera, no son lo extraordinario del disco. Las habíamos oído antes y las seguiremos escuchando siempre con la misma satisfacción. El verdadero sentido de este álbum es la complicidad y la interactuación que el Rey de Blues consigue con hombres de todos los colores y credos que, por el motivo que sea, están prisioneros entre cuatro paredes. Personas marginadas y apartadas de la sociedad que hablan con B.B. King como si fueran amigos de toda la vida, familiares o vecinos.
De hecho, cuando el artista presentaba su canción Sweet sixteen, dos reclusos subieron al escenario para pedirle que no se olvidara de sus duras condiciones de vida. Vamos a escuchar ese momento.
Sweet sixteen
Hubo un momento durante el concierto que causó un cierto estupor entre la audiencia. B.B. King pidió, en un momento determinado, un aplauso para los guardias que custodiaban la prisión , con ese buenismo tan característico del artista. Y es que todavía se recordaba en la prisión la visita de otro ilustre músico, Johnny Cash, y el desdén con el que miraba a los guardias, solo comparable con el de los propios reclusos.
Una de las canciones que King interpretó en este concierto fue Let the good times roll, “Dejemos que los buenos tiempos pasen”, un título que, francamente, no se si era muy apropiado en este contexto. B.B. King lo grabó en 1999 en un álbum dedicado a la música de Louis Jordan.
Let the good times holl
La música de B.B. King tiene tantos matices como su propia vida. Es inconfundible su manera de tocar la guitarra, con esa especial manera de hacer vibrar las cuerdas con la mano izquierda y su voz, que parece diseñada para el blues.
Pero no lo tuvo nada fácil. Nació en condiciones de esclavitud, la separación de sus padres hizo que tuviera que vivir con su abuela. Con 18 años abandonó su pueblo y se fue a trabajar de tractorista, actividad que simultaneó con la música, tocando en la iglesia y en locales de mala muerte.
Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, en la que luchó enrolado en el Ejercito de los EEUU, volvió a Memphis para, ahora en serio, retomar su carrera musical.
King hizo su primera grabación en 1949 y entonces empezó todo. Desde este momento sus éxitos se sucedieron ininterrumpidamente.
Éxitos como este Every day i have the blues, incontestable.
Every day i have the blues
Si la fama le sonrió a B.B. King no fue por generación espontánea. El tipo era un trabajador incansable, llegando a promediar entre 250 y 300 conciertos al año.
Además siempre supo rodearse los mejores músicos, los propios de su banda y de las más brillantes estrellas del mundo del rock: Eric Clapton, Elton John, Sheryl Crow, Van Morrison o Bonnie Raitt.
Igualmente, toda su vida reconoció que había tomado “prestadas” algunas virtudes de otros grandes guitarristas: Blind Lemon Jefferson o T-Bone Walker, entre otros.
Lo cierto es que él supo aglutinar todas estas virtudes y conseguir un estilo sin parangón en la música popular.
Todos su esfuerzos fueron recompensados con numerosos premios: inclusión en el Salón de la Fama del Rock and Roll, 15 premios Grammy y la Medalla Presidencial de la Libertad. No está mal para un pobre negro del delta.
Vamos a escuchar ahora Ain’t nobody’s bizness, un viejo blues de la década de 1920 que puede considerarse como uno de los primeros estándares del género.
Ain’t nobody’s business
B.B. King nunca fue muy ortodoxo y, según su propias palabras, él creía más en la música que en un estilo. Decía “Yo me eduqué en el delta d
Nada más que música - El último de la fila
2021/12/22
Nuestro grupo de hoy es El último de la fila, una banda de referencia en la historia de nuestra música más próxima. Manolo García y Quimi Portet, fueron los soportes de esta banda que nos ha dejado páginas musicales imborrables en nuestra memoria.
Todo empezó, como muchos otros, con un Manolo García de vocalista de orquestas de baile como las que todavía recorren nuestros pueblos en las fiestas patronales.
Pero su objetivo era formar un grupo que hiciera su propia música, así que, junto con Esteban Martín (que más tarde estaría en Gabinete Galigari), empezó a componer sus primeras canciones y, con ellas, nacieron Los Rápidos. Un quinteto donde también militaban José Luis Pérez, Luis Visires y Antonio Fidel.
Hoy escucharemos canciones de dos de los discos más interesantes del Ultimo de la fila, “Como la cabeza al sombrero” y “Nuevo pequeño catálogo de seres y estares”. De este último es Músico loco.
Nuevo pequeño catálogo de seres y estares
Los Rápidos solo grabaron un disco que tuvo una pobre repercusión, a pesar de que ese año, 1980, habían recorrido media España.
En 1982, cuando los Rápidos empezaban a dar signos de desgaste, Manolo y Quimi se conocieron y enseguida congeniaron. Al poco tiempo crearon Los Burros y también una discográfica independiente, Discos Criminales, que por supuesto salió mal y tuvieron que abandonarla para centrarse en el grupo, en el que también estaban Jordi Vila (más tarde batería de Loquillo) y Antonio Fidel, que ya estaba en Los Rápidos.
Tras algunos fracasos discográficos tuvieron que reinventarse y fue así como nació El último de la fila.
Enseguida tuvieron ocasión de grabar con Virgin, pero ya se habían comprometido con la compañía independiente PDI y decidieron ser fieles a su palabra, un gesto que les ha acompañado siempre.
Ese aire aflamencado de la voz de Manolo y la guitarra española, daban un tono fresco y novedoso a las canciones.
También del Nuevo pequeño catálogo… es este: Canta por mi.
Su segundo álbum, Enemigos de lo ajeno, grabado en 1986 vendió 60,000 copias, algo inaudito entre las compañías independientes. Esto les permitió hacer una gira en la que la entrada media era de unas 5,000 personas.
Y llegaron los premios, de la crítica y del público: mejor álbum, mejor directo, mejor canción, en fin, la fama había llegado. Ya eran un grupo solvente.
Un disco recopilatorio con nuevas versiones grabado en Londres vendió 300,000 copias.
Su compañía discográfica, PDI, era independiente pero no era idiota. Sabía que tenía entre las manos una joya, así que decidió echar toda la carne en el asador y mandó al grupo a grabar su próximo trabajo a Francia. Allí se coció Como la cabeza al sombrero. Editado en menos de dos meses, las ventas alcanzaron las 400,000 copias. De la gira, ni os cuento.
De este disco, Como la cabeza al sombrero, es la preciosa canción Sara.
La cresta de la ola les llegó cuando fueron invitados a participar en el concierto Pro Derechos Humanos organizado por Amnistía Internacional en el estadio olímpico de Montjuic, en Barcelona. Allí tocaron con Bruce Springsteen, Sting, Peter Gabriel, Tracy Chapman, en fin, la crem de la crem.
Esta vorágine les obligó a hacer un descanso y replantearse su futuro. Lo primero que hicieron fue desligarse de su compañía PDI. Se les había quedado pequeña.
Las giras ya eran internacionales, Europa, EEUU, Sudamérica. Pero antes de su gira de 1989, el grupo ya había iniciado la preparación de un nuevo trabajo. Se empezó a grabar en mayo de 1989 y lo terminaron en mayo de 1990. Salió a la venta con el título de Nuevo catálogo de seres y estares.
De este disco, del que ya hemos oído algunas canciones, es A Jazmín,
Este nuevo elepé fue directo al número uno de las listas. Habían vuelto a la aventura de crear su propia discográfica, Perro Records, un sello para distribuir y publicar sus propios discos a través de la multinacional
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