
Publicidad en podcasts en: Meditando en la Palabra
Valoracion
4.8de
Este podcast tiene
703 episodios
Idioma
SpanishEditor
David Benjamin BellExplicito
No
Fecha de creacion
2019/01/08
Ultimo episodio
2026/09/24
Duracion media
3 min.
Frecuencia de publicacion
2 dias
Descripcion
Un versículo de la Biblia junto con una meditación y una aplicación.
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MelP_049-Juan21_15
2026/09/24
"Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos." (Juan 21:15)
Después de que Pedro había negado a su Señor tres veces, Jesús le vino al encuentro con tres oportunidades para que Pedro reafirmara su amor y devoción. Este intercambio entre Jesús y Pedro revela algo muy interesante para nosotros. Es básicamente una condición: si me amas, muéstralo por medio del servicio. Esta conexión es vital. El amor siempre debe mostrarse en servicio. Si uno dice que ama a Dios pero no tiene ningún deseo de ser usado por Dios, de entregar su vida para la voluntad de Dios, debemos sospechar que realmente no ama. Así que, podemos decir que el amor se confirma o se demuestra por medio del servicio, pero la realidad es que el amor es también la verdadera motivación detrás del servicio.
¿Qué quiere hacer Dios hoy con tu vida? Oremos hoy como nos enseñó: "Hágase tu voluntad." (db)
MelP_285-Juan_19_15
2026/09/23
«Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César.» (Juan 19:15)
Esta escena en el juicio de Jesús ante Pilato revela el corazón malvado de los líderes que habían entregado a Jesús y ahora pedían su crucifixión. Pilato les pregunta si quieren que crucifique a su rey, ya que ellos le acusaban de ser el rey de los judíos. Es sorprendente escuchar la contestación de estos principales sacerdotes. Afirman que no tenían otro rey que César. Recuerda que menos de una semana antes, algunos de estos líderes habían preguntado a Jesús si era necesario pagar los impuestos a Cesar o no. Se notaba en su pregunta que no tenían ninguna afección por el emperador romano y sólo estaban intentando tender una trampa para sorprender a Jesús. No obstante ahora proclaman ante Pilato que no tienen más rey que César. Lo que les interesaba de verdad era tener un rey que les diera lo que realmente deseaban. Querían un rey que pudiera crucificar a Jesús para quitarlo de en medio. Nosotros también podemos caer en esta misma trampa. Es natural querer un rey que hará todo lo que pedimos y deseamos, pero Dios nos ofrece algo mucho mejor: un Rey que está obrando en todo momento para nuestro bien final y para su gloria. No nos da todo lo que queremos sino todo lo que verdaderamente necesitamos.
No necesitamos más Rey que nuestro amante Dios. Confiemos en Él y su sabia provisión para el día de hoy. (David Bell)
MelP_526-Juan_16_33
2026/09/22
«Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.» (Juan 16:33)
Jesús nos advirtió que en este mundo tendremos aflicción. Es inevitable porque todo está bajo la maldición del pecado. A veces esta aflicción proviene de la maldad de otros pecadores que nos odian, pero otras muchas veces esta aflicción es sencillamente una consecuencia del pecado que entró en el mundo por Adán. En cuanto a la maldad que experimentamos a mano de otros pecadores, tenemos que confiar que Dios nos ayudará y que un día los juzgará, pero la maldad o aflicción, como Jesús lo llama aquí, es un poco diferente. En vez de causarnos afán y malestar, esta maldad puede y debe llevarnos a confiar más en nuestro Salvador que vino precisamente para deshacer la maldad en todas sus manifestaciones. Como dijo Cristo, Él vino para vencer al mundo. Cuando aprendemos a confiar en Él, encontramos la paz que nos prometió aquí. En su victoria, nosotros podemos encontrar victoria. Pero esta victoria no nos libra de la aflicción de este mundo; más bien la victoria que Cristo promete aquí es llenarnos de paz en medio de la aflicción. Esta es la luz del seguidor de Cristo que llama la atención a los que viven en tinieblas para dirigir su atención hacia nuestro Padre celestial para que otros le glorifiquen como merece (Mateo 5:21).
Que dejemos que la luz de su paz brille en nuestras vidas hoy en medio de la aflicción de este mundo para que Dios sea exaltado por nuestro testimonio. (David Bell)
MelP_264-Juan_11_40
2026/09/19
«Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?» (Juan 11:40)
Marta estaba en medio de una de las crisis más grandes de su vida. Acababa de perder a su hermano, y ahora Jesús llega a la casa en medio de los días de luto y le pregunta si cree. En su corazón está todavía el pensamiento de que si Jesús hubiera podido llegar antes, podría haber sanado a Lázaro. El consuelo que Jesús le ofrece es una oportunidad de ver la gloria de Dios. Seguramente Marta no podía ni imaginar cómo Dios podría ser glorificado en medio de esta situación. Pero Jesús tiernamente le recuerda que si creyera, vería la gloria de Dios. La condición para ver lo que glorifica a Dios es la fe, esta habilidad de confiar en Dios incluso cuando humanamente hablando parece que sería imposible que Dios fuera glorificado en la presente situación. Pero la fe conlleva también otro concepto importante: la paciencia. Si no podemos esperar pacientemente para el tiempo del Señor, realmente no confiamos. Muchas veces pensamos sólo en términos del corto plazo, pero Dios obra desde otro punto de vista. Él no está limitado por el tiempo. Así que, lo que nos parece la mejor opción en el instante, Dios muchas veces no escoge porque Él ve lo que realmente es mejor a largo plazo.
Si queremos que Dios sea glorificado en y por medio de nuestras vidas, hemos de aprender a confiar y esperar. Entonces sí veremos la gloria de Dios. Marta así lo llegó a entender cuando volvió a abrazar a su hermano cuatro días después de su muerte para la gloria de Dios. (David Bell)
MelP_259-Juan_9_39
2026/09/18
«Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.» (Juan 9:39)
Jesús se encontró con un pobre hombre en el templo, ciego de nacimiento. En su cultura, no existía ninguna ayuda social para personas en su situación. Su única forma de subsistir era depender de las limosnas de los compasivos. Pero aún más triste es la actitud de las personas hacia él. Tanto los fariseos como los discípulos de Jesús asumían que la condición de este hombre era un castigo de Dios o por un pecado de sus padres o por su propio pecado. Pero Jesús tuvo compasión del hombre y lo sanó. Ahora bien, este acto de misericordia abrió un debate terrible entre los fariseos. En respuesta, Jesús dice que vino al mundo para juicio, para que los que veían, no vieran y vice versa. En el contexto Jesús no está hablando de la vista física sino la espiritual. Los fariseos que presumían de justicia y santidad eran los verdaderos ciegos. El ciego sanado ya veía pero al final de la historia leemos que Jesús lo volvió a buscar para abrir sus ojos espirituales, y es justo lo que ocurrió cuando el hombre creyó. Jesús vino a este mundo para abrir ojos espirituales, pero tristemente hay muchos que se ofenden por su orgullo como los fariseos.
Vivamos hoy como nuevos videntes y aprovechemos la vista espiritual que hemos recibido para seguir a Jesús. (David Bell)
MelP_247 - Juan_6_26
2026/09/17
«Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.» (Juan 6:26)
Jesús sabía perfectamente porque venía la gente a escucharle. Tristemente para muchos no era por las verdades que les enseñaba sobre el reino de Dios. Fíjate incluso que por lo menos en esta ocasión ni era para ver un milagro, aunque tampoco hubiera sido una motivación muy buena. Era sencillamente para llenar sus barrigas. Habían comido de los panes y peces del niño y ahora acudían para volver a saciar su hambre física. Todos enfrentamos esta misma tentación. Nos es fácil acudir a Dios sencillamente para saciar nuestras necesidades físicas. Pero Jesús aquí nos recuerda que hay cosas incluso más importantes que el pan nuestro de cada día No debemos acercarnos a Dios para obtener ventajas ni tampoco para tener una experiencia excepcional. Más bien debemos buscarle para que nos dé lo que verdaderamente necesitamos: la comida que a vida eterna permanece (27). Debemos vivir nuestra vida para la gloria de Dios, buscando que Dios sea glorificado en todo lo que hacemos. Ahora bien, es imposible que un pecador perdido glorifique a Dios si no es por medio de la transformación de su Corazón por la obra de Cristo en la cruz.
Busquemos hoy venir a Cristo, no para lo que nos pueda dar, sino para darle la gloria que Él merece. (David Bell)
MelP_605-Juan_4_42
2026/09/16
«y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.» (Juan 4:42)
Jesús tenía necesidad de pasar por Samaria. Estoy seguro que los discípulos no lo comprendieron. Cuando pararon en aquel pozo, Jesús envió a los discípulos delante al pueblo para comprar comida y se quedó allí en el pozo sólo y cuando vino la mujer a sacar agua, Jesús empezó una conversación que le llevaría a poder presentarse a la mujer como el esperado Mesías. Al volver los discípulos, ella dejó su cántaro y volvió al pueblo. Los discípulos no comprendieron nada, pero había ocurrido un milagro en el corazón de aquella mujer. Ella volvió al pueblo una mujer cambiada y compartió su fe con todos los hombres del pueblo y muchos de ellos creyeron también, como le decían después, no solamente por el testimonio de ella, sino porque habían conocido a Cristo. Que bonito es poder compartir con otros el mensaje de la salvación en Cristo. Pero es aún más bonito cuando una persona cree, no solamente por lo que hemos dicho sino porque esa persona misma lo ha experimentado. Ya no cree sólo un mensaje sino conoce a una persona, el Salvador del mundo.
Aunque personas rechacen este mensaje, no nos cansemos de compartir esta verdad. Nunca sabes cuando encontrarás a “una samaritana” lista para creer y compartir el mensaje con todos los de su pueblo. (David Bell)
MelP_237 - Juan_1_13
2026/09/15
«los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.» (Juan 1:13)
Juan comienza su Evangelio con las buenas noticias del Evangelio. Muchos de su propia nación rechazaron a Jesús y su mensaje, pero, según el versículo 12, todos los que creen en Cristo tienen el derecho de ser llamados hijos de Dios. Pero como dice aquí en el versículo siguiente, estos hijos no nacen de forma física o por voluntad humana sino por la voluntad divina. En otras palabras, Juan aquí está hablando de un nacimiento espiritual que corresponde a la voluntad de Dios. No es ningún accidente que dos capítulos más tarde, en la primera conversación que Juan narra entre Jesús y uno que estaba buscando espiritualmente, Jesús vuelve a este mismo tema. Jesús le dice a Nicodemo que le era necesario nacer de nuevo. Nicodemo al principio no entendió sus palabras y se preguntaba si Jesús hablaba de un segundo nacimento físico, así que Jesús le aclara que hablaba de nacer del Espíritu según la voluntad de Dios.
Si tú y yo hemos nacido espiritualmente, significa entonces que Dios tiene un plan para nuestras vidas. Hemos sido engendrados de la voluntad de Dios. Dios nos ha llamado para ser luz en este mundo de oscuridad. Ya que somos hijos por su voluntad, vivamos conscientes en todo momento de la voluntad del Padre. (David Bell)
MelP_389-Cantares_5_3
2026/09/14
«Me he desnudado de mi ropa; ¿cómo me he de vestir? He lavado mis pies; ¿cómo los he de ensuciar?» (Cantares 5:3)
El Cantar de los cantares es una canción en la Biblia que aporta muchas imágenes relacionadas con el amor. Aunque el contexto de la canción es el amor romántico, los principios que encontramos en estos capítulos se pueden aplicar a cualquier tipo de amor. En este pasaje, leemos de un desencuentro entre el esposo y la esposa. Ella está en la cama cuando llega su marido y llama a la puerta, pero le da pereza levantarse para abrirle ya que está acomodada en su cama. Cuando finalmente recapacita y se levanta, su esposo se ha marchado. Este tipo de desencuentro es frecuente en cualquier relación humana. Nos acomodamos, ocupados en nuestros asuntos, pensando sólo en nosotros mismos y como resultado muchas veces tenemos malentendidos y problemas en nuestras relaciones con los demás. Nuestro egoísmo no nos permite buscar el bien del otro. Menos mal que el Hijo de Dios no estaba pensando en su propia comodidad cuando vino a este mundo. Si así hubiera sido, jamás habría dado su vida por nosotros en la cruz. Pero en vez de venir para ser servido, vino «para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Marcos 10:45). La obra de Cristo en nuestros corazones debe prepararnos para seguir su ejemplo y mostrar el amor de Cristo a otros.
En vez de acomodarnos hoy en el egoísmo, busquemos oportunidades para invertir en la vida de los que nos rodean, mostrándoles el amor de Cristo. (David Bell)
MelP_601-Eclesiastes_9_10
2026/09/11
«Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.» (Eclesiastés 9:10).
En el libro de Eclesiastés, la muerte desempeña un papel central en el tema de la vanidad en este mundo bajo el sol. Tarde o temprano, a todos nos tocará morir (a no ser que Cristo vuelva antes para arrebatar su iglesia) y en ese momento, tendremos que soltar todo lo material que habremos acumulado. Aquí Salomón da la vuelta al tema de la muerte y nos da un consejo de sabiduría basado en la brevedad de la vida. Sabiendo que la muerte es ineludible, el sabio nos anima a aprovechar cada día que tenemos en esta vida y vivir con pasión y entrega. Cualquier cosa que encontramos para hacer merece toda nuestra fuerza o destreza. En el Nuevo Testamento encontramos una preciosa verdad paralela a estas palabras. Cristo promete darnos fuerzas para hacer todo lo que tengamos que hacer (Filipenses 4:13) y lo podemos hacer para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31). Esta vida nos brinda la oportunidad única de vivir para la gloria de nuestro Creador rodeados de tentaciones y pecado. Un día cuando muramos, ya no tendremos la oportunidad de obrar, trabajar, aprender y experimentar de la misma manera. En el cielo todos los que hemos confiado en Cristo para salvación viviremos en su presencia, ya perfeccionados del pecado, pero ahora podemos confiar en su poder para resistir la carne y obedecer su Espíritu.
Aprovechemos bien la oportunidades que Dios nos da hoy para hacer todo lo que viniera a nuestra mano en las fuerzas que Él nos da para la gloria de nuestro Dios. (David Bell)
MelP_600-Eclesiastes_7_29
2026/09/10
«He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones.» (Eclesiastés 7:29)
El fin del discurso de Eclesiastés, según el mismo Salomón, es la importancia de vivir conscientes de Dios tanto en nuestra actitud, el temor de Dios, como en nuestras acciones, la obediencia. El contexto en que se desarrolla el discurso es la vanidad de la creación. Pero aquí en el capítulo central del libro, encontramos la razón por la cual existe tanta vanidad en este mundo. La vanidad no era parte original de la creación de Dios. Como dice el sabio, Dios hizo al hombre recto, perfecto, pero cada uno de nosotros hemos buscado muchas perversiones. Es una descripción apropiada para el pecado, empezando desde Adán y Eva y continuando con cada uno de nosotros. Los responsables de la frustrante vanidad que llena este mundo somos nosotros. Por lo tanto tiene sentido que nosotros, por nuestra cuenta, poco podemos esperar hacer para remediar la vanidad del mundo. Menos mal que aunque Dios no es el autor de la vanidad, sí tomó sobre sí la responsabilidad de salvarnos de nuestros pecados, cuando envió a su Hijo para morir bajo nuestro castigo y así redimirnos de la vanidad del pecado.
Cada vez que experimentamos la vanidad de este mundo, debemos dar gracias a Dios por nuestro Redentor. El sacrificio de Cristo en la cruz ha condenado la vanidad y un día glorioso estaremos en su presencia libres de la vanidad. (David Bell)
MelP_595-Eclesiastes_1_15
2026/09/09
«Lo torcido no se puede enderezar, y lo incompleto no puede contarse.» (Eclesiastés 1:15)
Eclesiastés empieza con la famosa frase: vanidad de vanidades, todo es vanidad. Algunos escuchan en sus palabras un fatalismo deprimente, pero debemos reconocer que son palabras de un realista con los pies firmemente plantados en la tierra. Salomón llama todo lo que hay debajo del sol vanidad por varias razones: primeramente, porque nada es permanente, (1:3); también porque lo que parece sustancia es engañoso ya que jamás termina de saciar (14), y finalmente, porque fundamentalmente todo está roto (15). Si observamos con honestidad este mundo, lo que vemos es algo torcido. Nuestro primer instinto es intentar arreglarlo, pero por mucho que lo intentemos, jamás lo lograremos. Lo que es más, ni llegamos a poder catalogar todo lo que está mal en este mundo: es una lista que no tiene fin. El realismo del sabio rey nos empuja a reconocer que vivimos en un mundo roto por el pecado. Ni la política, ni la filantropía ni la tecnología podrán enderezar lo torcido. Pero Eclesiastés nos prepara para las buenas nuevas. Dios envió a su Hijo para enderezar lo torcido, como nadie más podría. Empezó con la raíz del problema, venciendo el pecado y la muerte espiritual por medio de su sacrificio en la cruz. Y un día terminará de enderezar completamente lo torcido cuando reine sobre los nuevos cielos y la nueva tierra en una paz sempiterna.
Hoy nos toca vivir en un mundo torcido. Cada vez que vemos lo torcido en nosotros y en el mundo que nos rodea, dejemos que nos lleve al único que puede enderezar lo torcido: Jesucristo. (David Bell)
MelP_594-Proverbios_30_9
2026/09/08
«No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios.» (Proverbios 30:9).
En esta corta colección de aforismos, el sabio comparte con nosotros su oración a Dios (7). Pide dos cosas solamente: una vida apartada de la falsedad y una vida equilibrada (8). Me llama la atención que pida que Dios no le dé ni pobreza ni riquezas. Supongo que nadie pediría pobreza pero una petición de riquezas es bastante común. Sabiendo que esta petición sorprenderá, el sabio añade una explicación. No deseaba que Dios le diera riquezas porque el gran peligro de las riquezas se encuentra en la saciedad. Si tenemos todo lo que podamos querer, nos es fácil empezar a sentir que no necesitamos a Dios. Podemos engañarnos a nosotros mismos y creer que somos autosuficientes. Al otro lado del espectro, el gran peligro de no tener nada es que es fácil usarlo como excusa para pecar y violar las leyes de Dios y así profanar el nombre de Dios. Obviamente ser rico o pobre no es el problema en sí. Estos dos extremos son el contexto en que podemos ser tentados a ignorar a Dios o blasfemar su nombre. En vez de la pobreza y las riquezas, el sabio pide que Dios le mantenga con el pan necesario. Jesús refleja esta misma petición en su oración modelo en la cuarta petición: El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy!
Tanto si pensamos que tenemos mucho o poco, debemos asegurar que estamos reconociendo nuestra necesidad diaria de Dios y obedeciendo sus mandamientos. (David Bell)
MelP_396-Proverbios_28_13
2026/09/06
«El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.» (Proverbios 28:13)
Por nuestro orgullo, tenemos una tendencia natural de buscar encubrir nuestros pecados. Puede ser sencillamente que nos cuesta reconocer nuestros errores, prefiriendo fingir que no ha ocurrido nada, o quizás es que escogemos ignorar el mal que hemos hecho, sobre todo si nos convencemos de que no era tan importante. Pero el proverbio nos dice que esta tendencia natural nuestra jamás nos llevará a la prosperidad. Nuestro orgullo nos llevará a creer que ignorar nuestras faltas conviene en el momento, pero la verdad es que realmente es imposible prosperar sin la honestidad. La persona que reconoce y confiesa su pecado, alcanzará la misericordia. Este proverbio expresa la verdad del evangelio. La única forma de alcanzar la misericordia de Dios, la comunión con nuestro Dios, es reconocer nuestro pecado, confesándolo y apartándonos de él para poder poner toda nuestra confianza en Cristo. Sin el arrepentimiento y la fe, no hay prosperidad espiritual. Por eso, el apóstol Juan nos recuerda que si confesamos nuestros pecados, encontraremos que Dios es fiel y justo en su misericordia para perdonarnos. Pero este proverbio también expresa una verdad cotidiana que rige en las relaciones personales. Cuando pecamos y ofendemos a otros, debemos humillarnos, confesarlo y apartarnos del pecado para no volver a hacerlo y así alcanzaremos misericordia y nuestras relaciones podrán prosperar.
Que Dios nos ayude hoy a vivir con esta humildad ante Dios y ante nuestros prójimos. (David Bell)
MelP_587-Proverbios_24_27
2026/09/05
«Prepara tus labores fuera, Y disponlas en tus campos, Y después edificarás tu casa.» (Proverbios 24:27)
En un clima como el de Israel donde la gente muchas veces habitaba en tiendas, la primera prioridad para una nueva propiedad era preparar el campo que iba a darles de comer. Cuando el campo estaba ya listo, arado y sembrado, luego se podría empezar a ocuparse con la construcción de una casa. Pero la tentación era hacerlo al revés: primero construir la casa para proveer para su propia comodidad, abandonando así las labores del campo. El sabio aconseja aquí que pongamos prioridades en nuestra vida según una escala de necesidades. Es importante empezar con lo más necesario y dejar para después las cosas buenas. Desafortunadamente, hoy en día seguimos luchando con el tema de las prioridades. Haríamos bien en siempre evaluar nuestras vidas con una escala de necesidades para asegurar que no estemos desatendiendo lo necesario para hacer otras cosas, incluso aunque sean buenas. Me hace pensar en la historia de las dos hermanas y su relación con Jesús. Como Marta, podemos estar afanados y turbados con muchas cosas buenas, pero haríamos bien en seguir el ejemplo de María que tomaba el tiempo de sentarse a los pies de Jesús para empaparse de su enseñanza. Jesús con ternura le recordó a Marta que María había escogido lo más necesario: «sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada» (Lucas 10:42).
Asegurémonos hoy que nuestras prioridades estén en orden para que estemos edificando sabiamente en nuestras vidas. (David Bell)
Resenas del podcast
Lee las Meditando en la Palabra resenas del podcast
Marcy Wolsieffer Ward 2019/01/16
De mucha bendición
Estos mensajes son excelentes y cada día espero con mucha anticipación el nuevo mensaje.
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