
Publicidad en podcasts en: Meditando en la Palabra
Valoracion
4.8de
Este podcast tiene
703 episodios
Idioma
SpanishEditor
David Benjamin BellExplicito
No
Fecha de creacion
2019/01/08
Ultimo episodio
2026/10/03
Duracion media
3 min.
Frecuencia de publicacion
2 dias
Descripcion
Un versículo de la Biblia junto con una meditación y una aplicación.
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MelP_128-Marcos_4_26
2026/10/03
«Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.» (Marcos 4:26-27)
Todos hemos visto un vídeo de lapso de tiempo en que en segundos ves como una semilla brota, rompiendo la tierra, y empieza a crecer. Visto así de rápido se aprecia el milagro de la semilla. Jesús aprovechó esta realidad para enseñar sobre el reino de Dios. El que planta la semilla no tiene que saber cómo crece. La siembra y crece automáticamente. De la misma forma nosotros no sabemos cómo crece el reino de Dios en el corazón.
Pero esta parábola no nos está llamando a la inactividad. Si bien es verdad que el que siembra no entiende todo sobre cómo brota y crece, sí sabe que para que crezca necesita ser sembrada. Necesitará sol y agua. Necesitará protección de animales que podrían comer o pisar la planta tierna. No llegamos a entender el milagro de la vida espiritual que está en nosotros pero debemos saber la forma de fomentarla y cuidarla, y en especial, compartirla.
Tu vida espiritual sigue creciendo como esa semilla. Asegúrate que la estás fomentando con un alimento espiritual diario, orando y meditando en la Palabra, que estás protegiendo tu alma de todo aquello que podría estorbar el crecimiento espiritual. Hay cosas que no debemos ver, sitios dónde no debemos entrar porque no nos ayudarán a crecer espiritualmente. Y luego que busques sembrar esta semilla en corazones. Que gocemos del milagro del reino de Dios así.
MelP_126-Marcos_3_35
2026/10/02
«Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.» (Marcos 3:35)
Marcos 3:20 nos dice que durante el ministerio de Galilea, la multitud agolpaba a Jesus y sus discípulos tanto que no tenían tiempo ni para sentarse a comer. Podemos imaginar el desgaste emocional y físico que experimentaba Jesús y sus discípulos por la presión constante de las multitudes. Por eso, más adelante, vemos que Jesús lleva a sus discípulos aparte para descansar. Bueno, las noticias llegaron a la familia de Jesús sobre la presión constante que estaban experimentando y vemos que los suyos, sus hermanos y su madre, decidieron venir a apartarle, porque, según el 3:21, pensaban que Jesús estaba fuera de sí. Esto nos ayuda a entender mejor por qué no salió Jesús a recibir a sus hermanos que venían con su madre (3:31). Ellos habían venido supuestamente para hacerle un favor y salvarle del estrés y del agobio del ministerio. Pero precisamente, esta etapa de su ministerio era una parte de la voluntad de Dios. Jesús aprovecha esta ocasión para resaltar la esencia de lo que significa ser un verdadero discípulo. En vez de frenar la voluntad de Dios –incluso si era supuestamente para el bien de Jesús, como en este caso– el verdadero discípulo busca ocuparse en hacer la voluntad de Dios.
¿Esta tu vida hoy frenando o fomentando la voluntad de Dios? Si verdaderamente pertenecemos a la familia de Dios (hijo o hija de Dios), lo mostraremos cuando buscamos hacer la voluntad de Dios. (David Bell)
MelP_283-Miqueas_3_11
2026/10/01
«Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.» (Miqueas 3:11)
Confiar en Dios es bueno, salvo cuando uno está viviendo en pecado y por tanto su confianza es vana. El profeta Miqueas fue enviado por Dios con un mensaje de condenación y juicio contra la falsa confianza de su pueblo. Los lideres estaban viviendo en pecado. El texto nos da tres ejemplos. Primero, nos dice que los jefes o los jueces, en vez de buscar la justicia, aceptaban sobornos. Los sacerdotes que debían servir al pueblo en lo espiritual ejercían su ministerio para enriquecerse, y los profetas aceptaban dinero para anunciar un supuesto mensaje de Dios. Pero lo más triste de todo es que mientras estos líderes vivían en pecado, violando las leyes y los preceptos de Dios, estaban convencidos de que Dios estaba con ellos y que nada malo les podría pasar. Creían que Dios estaba a su lado cuando realmente Dios estaba a punto de traer el juicio contra ellos. Eran como Sansón en la casa de Dalila: no sabían que Dios les había abandonado. Hemos de examinar nuestra vida, porque es muy fácil que caigamos en esa misma trampa. Podemos permitir la presencia del pecado en nuestras vidas y seguir pensando que estamos bien con Dios.
Debemos ir al Señor en oración de manera regular y pedir con el salmista que Dios examine nuestro corazón para revelar si hay en nosotros camino de perversidad (Sal. 139:23-24). Sólo Dios nos puede librar de los errores que nos son ocultos (Sal. 19:12). (David Bell)
MelP_406-Oseas_14_9
2026/09/30
«¿Quién es sabio para que entienda esto, y prudente para que lo sepa? Porque los caminos de Jehová son rectos, y los justos andarán por ellos; mas los rebeldes caerán en ellos.» (Oseas 14:9)
Encontramos una gran verdad en este versículo: los caminos de Jehová son rectos. No es un punto de vista o una opinión sino una declaración categórica, sin excepciones. Sencillamente es así. No hay equivocación en la voluntad de Dios. Por eso, Dios introduce esta declaración con una invitación a los sabios y prudentes. Les invita a reconocer esta verdad y andar en sus caminos, en comunión íntima con Él. Ahora bien, cuando los justos confían y andan por los caminos de Dios, encuentran que efectivamente es lo mejor que hay. No obstante los rebeldes, si intentan andar por estos caminos, tropiezan y caen. Les parece un camino duro y sin sentido. No nos debe sorprender que el mundo no entienda los caminos de Dios. El que no conoce a Dios no puede encontrar paz en sus caminos. Pero lo triste es que a veces nos dejamos llevar por las opiniones del mundo. Empezamos a creer que los caminos de Dios son demasiado difíciles o que hay otros caminos que son mejores. Dios por el profeta Oseas nos está llamando a experimentar la comunión íntima con Él andando en sus caminos perfectos.
No dudemos de los caminos de Dios. Seamos sabios, andando en comunión con nuestro Dios hoy y así seremos un testimonio para todos los que nos rodean. (David Bell)
MelP_274-Oseas_6_7
2026/09/29
«Mas ellos, cual Adán, traspasaron el pacto; allí prevaricaron contra mí.» (Oseas 6:7)
Por medio del profeta Oseas, Dios habla del pecado de su pueblo. En este texto compara el pecado de Israel con el primer pecado en Edén. Lo que llama la atención es que describe el primer pecado en términos de un pacto roto. Muchas veces pensamos en el pecado de Adán como un acto de desobediencia aislado, pero Dios lo ve como una violación de un acuerdo. Dios hizo a Adán y a Eva en un estado perfecto para que pudieran gozar de una relación con Él. La única condición para disfrutar de esta relación eternamente era obedecer a Dios. Pero Génesis nos narra la triste historia de como los primeros seres humanos dieron la espalda al pacto de Dios y escogieron seguir su propio camino. Aquí en Oseas, vemos que el pueblo de Dios había seguido el ejemplo de Adán, traspasando un segundo pacto, el pacto de Sinaí. Ellos también habían violado el pacto que Dios les ofreció. Como dice el texto, habían prevaricado. La idea de la palabra en hebreo conlleva el pensamiento de intentar esconder o cubrir su pecado, como para engañar a Dios. No funcionó para Adán y Eva; tampoco funcionó para Israel; y por supuesto jamás funcionará para nosotros tampoco. Todo esta descripción del pecado viene en el contexto de la invitación al arrepentimiento en el versículo uno de este capítulo.
Dios nos sigue invitando a que encontremos en Él perdón de pecados y limpieza. Incluyamos en nuestras oraciones diarias el arrepentimiento y la confesión de nuestros pecados. (David Bell)
MelP_404-Amos_4_12
2026/09/28
«Por tanto, de esta manera te haré a ti, oh Israel; y porque te he de hacer esto, prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel.» (Amós 4:12)
Aquí el profeta Amós avisa al pueblo que se prepare para un encuentro con su Dios. Quizás estamos acostumbrados a escuchar estas palabras y pensar en algo bueno. Después de todo, así hablaba el apóstol Pablo durante su primer encarcelamiento, diciendo que deseaba «partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor» [que seguir viviendo en este mundo]. (1:23). Pablo estaba deseando partir hacia aquel encuentro con Cristo. Pero la situación que anunciaba Amós era completamente diferente. El pecado del pueblo había subido ante Dios y Dios ya no lo podía aguantar más. Dios estaba a punto de juzgar a “su pueblo” y el resultado sería un encuentro temeroso de juicio. Ahora bien, todos vamos camino a un encuentro con Dios después de esta pasajera vida terrenal. La pregunta es ¿qué tipo de encuentro nos espera? ¿Seremos abrazados por un Padre celestial como sus hijos vueltos a casa o seremos juzgados como rebeldes ante un juez? Sin Cristo, lo único que nos espera es «una horrenda expectación de juicio» (Hebreos 10:27), pero Cristo es el único que nos puede transformar y preparar para este encuentro para que cuando diga «Ciertamente vengo en breve.» podamos responder «Amén; sí, ven, Señor Jesús.» (Apocalipsis 22:20b).
El tipo de encuentro que nos espera debe cambiar la forma en que vivimos este día. (David Bell)
MelP_619-Abdias_17
2026/09/25
«Mas en el monte de Sion habrá un remanente que se salve; y será santo, y la casa de Jacob recuperará sus posesiones.» (Abdías 17)
El pequeño libro de Abdías denuncia el pecado de Moab, los descendientes de Esaú, contra sus hermanos judíos. Cuando Dios castigó a su pueblo, los moabitas se regocijaron e incluso se aprovecharon de la situación para enriquecerse y matar a los judíos que huían de la destrucción. Al ver el juicio de Dios contra los judíos, los Moabitas tendrían que haberse arrepentido de sus propios pecados. Pero Dios les advierte que un día restaurará al remanente de su pueblo. Los salvará y serán santos y Dios les volverá a dar su herencia. Esta profecía un día se cumplirá con el pueblo de Dios pero también es una imagen de lo que Dios está haciendo en nosotros ahora. Cuando pusimos nuestra fe en lo que hizo Cristo por nosotros en la cruz, Dios nos salvó y comenzó a transformarnos en la misma imagen de su santidad por medio de su Espíritu que hizo morar en nosotros. Al igual que los descendientes de Jacob, somos ahora un remanente salvo y santo. Y un día recibiremos nuestra posesión, nuestra herencia. Cuando estemos en su presencia, Dios terminará su obra en nosotros y seremos como nos creó para ser desde el principio y tendremos la mayor posesión posible, una relación perfecta con nuestro Creador.
Vivamos hoy como un remanente salvo y santo en medio de una generación perdida en el pecado para que Dios siga añadiendo a su remanente. Y un día recibiremos nuestra recompensa en su presencia. (David Bell)
MelP_049-Juan21_15
2026/09/24
"Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos." (Juan 21:15)
Después de que Pedro había negado a su Señor tres veces, Jesús le vino al encuentro con tres oportunidades para que Pedro reafirmara su amor y devoción. Este intercambio entre Jesús y Pedro revela algo muy interesante para nosotros. Es básicamente una condición: si me amas, muéstralo por medio del servicio. Esta conexión es vital. El amor siempre debe mostrarse en servicio. Si uno dice que ama a Dios pero no tiene ningún deseo de ser usado por Dios, de entregar su vida para la voluntad de Dios, debemos sospechar que realmente no ama. Así que, podemos decir que el amor se confirma o se demuestra por medio del servicio, pero la realidad es que el amor es también la verdadera motivación detrás del servicio.
¿Qué quiere hacer Dios hoy con tu vida? Oremos hoy como nos enseñó: "Hágase tu voluntad." (db)
MelP_285-Juan_19_15
2026/09/23
«Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César.» (Juan 19:15)
Esta escena en el juicio de Jesús ante Pilato revela el corazón malvado de los líderes que habían entregado a Jesús y ahora pedían su crucifixión. Pilato les pregunta si quieren que crucifique a su rey, ya que ellos le acusaban de ser el rey de los judíos. Es sorprendente escuchar la contestación de estos principales sacerdotes. Afirman que no tenían otro rey que César. Recuerda que menos de una semana antes, algunos de estos líderes habían preguntado a Jesús si era necesario pagar los impuestos a Cesar o no. Se notaba en su pregunta que no tenían ninguna afección por el emperador romano y sólo estaban intentando tender una trampa para sorprender a Jesús. No obstante ahora proclaman ante Pilato que no tienen más rey que César. Lo que les interesaba de verdad era tener un rey que les diera lo que realmente deseaban. Querían un rey que pudiera crucificar a Jesús para quitarlo de en medio. Nosotros también podemos caer en esta misma trampa. Es natural querer un rey que hará todo lo que pedimos y deseamos, pero Dios nos ofrece algo mucho mejor: un Rey que está obrando en todo momento para nuestro bien final y para su gloria. No nos da todo lo que queremos sino todo lo que verdaderamente necesitamos.
No necesitamos más Rey que nuestro amante Dios. Confiemos en Él y su sabia provisión para el día de hoy. (David Bell)
MelP_526-Juan_16_33
2026/09/22
«Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.» (Juan 16:33)
Jesús nos advirtió que en este mundo tendremos aflicción. Es inevitable porque todo está bajo la maldición del pecado. A veces esta aflicción proviene de la maldad de otros pecadores que nos odian, pero otras muchas veces esta aflicción es sencillamente una consecuencia del pecado que entró en el mundo por Adán. En cuanto a la maldad que experimentamos a mano de otros pecadores, tenemos que confiar que Dios nos ayudará y que un día los juzgará, pero la maldad o aflicción, como Jesús lo llama aquí, es un poco diferente. En vez de causarnos afán y malestar, esta maldad puede y debe llevarnos a confiar más en nuestro Salvador que vino precisamente para deshacer la maldad en todas sus manifestaciones. Como dijo Cristo, Él vino para vencer al mundo. Cuando aprendemos a confiar en Él, encontramos la paz que nos prometió aquí. En su victoria, nosotros podemos encontrar victoria. Pero esta victoria no nos libra de la aflicción de este mundo; más bien la victoria que Cristo promete aquí es llenarnos de paz en medio de la aflicción. Esta es la luz del seguidor de Cristo que llama la atención a los que viven en tinieblas para dirigir su atención hacia nuestro Padre celestial para que otros le glorifiquen como merece (Mateo 5:21).
Que dejemos que la luz de su paz brille en nuestras vidas hoy en medio de la aflicción de este mundo para que Dios sea exaltado por nuestro testimonio. (David Bell)
MelP_264-Juan_11_40
2026/09/19
«Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?» (Juan 11:40)
Marta estaba en medio de una de las crisis más grandes de su vida. Acababa de perder a su hermano, y ahora Jesús llega a la casa en medio de los días de luto y le pregunta si cree. En su corazón está todavía el pensamiento de que si Jesús hubiera podido llegar antes, podría haber sanado a Lázaro. El consuelo que Jesús le ofrece es una oportunidad de ver la gloria de Dios. Seguramente Marta no podía ni imaginar cómo Dios podría ser glorificado en medio de esta situación. Pero Jesús tiernamente le recuerda que si creyera, vería la gloria de Dios. La condición para ver lo que glorifica a Dios es la fe, esta habilidad de confiar en Dios incluso cuando humanamente hablando parece que sería imposible que Dios fuera glorificado en la presente situación. Pero la fe conlleva también otro concepto importante: la paciencia. Si no podemos esperar pacientemente para el tiempo del Señor, realmente no confiamos. Muchas veces pensamos sólo en términos del corto plazo, pero Dios obra desde otro punto de vista. Él no está limitado por el tiempo. Así que, lo que nos parece la mejor opción en el instante, Dios muchas veces no escoge porque Él ve lo que realmente es mejor a largo plazo.
Si queremos que Dios sea glorificado en y por medio de nuestras vidas, hemos de aprender a confiar y esperar. Entonces sí veremos la gloria de Dios. Marta así lo llegó a entender cuando volvió a abrazar a su hermano cuatro días después de su muerte para la gloria de Dios. (David Bell)
MelP_259-Juan_9_39
2026/09/18
«Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.» (Juan 9:39)
Jesús se encontró con un pobre hombre en el templo, ciego de nacimiento. En su cultura, no existía ninguna ayuda social para personas en su situación. Su única forma de subsistir era depender de las limosnas de los compasivos. Pero aún más triste es la actitud de las personas hacia él. Tanto los fariseos como los discípulos de Jesús asumían que la condición de este hombre era un castigo de Dios o por un pecado de sus padres o por su propio pecado. Pero Jesús tuvo compasión del hombre y lo sanó. Ahora bien, este acto de misericordia abrió un debate terrible entre los fariseos. En respuesta, Jesús dice que vino al mundo para juicio, para que los que veían, no vieran y vice versa. En el contexto Jesús no está hablando de la vista física sino la espiritual. Los fariseos que presumían de justicia y santidad eran los verdaderos ciegos. El ciego sanado ya veía pero al final de la historia leemos que Jesús lo volvió a buscar para abrir sus ojos espirituales, y es justo lo que ocurrió cuando el hombre creyó. Jesús vino a este mundo para abrir ojos espirituales, pero tristemente hay muchos que se ofenden por su orgullo como los fariseos.
Vivamos hoy como nuevos videntes y aprovechemos la vista espiritual que hemos recibido para seguir a Jesús. (David Bell)
MelP_247 - Juan_6_26
2026/09/17
«Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.» (Juan 6:26)
Jesús sabía perfectamente porque venía la gente a escucharle. Tristemente para muchos no era por las verdades que les enseñaba sobre el reino de Dios. Fíjate incluso que por lo menos en esta ocasión ni era para ver un milagro, aunque tampoco hubiera sido una motivación muy buena. Era sencillamente para llenar sus barrigas. Habían comido de los panes y peces del niño y ahora acudían para volver a saciar su hambre física. Todos enfrentamos esta misma tentación. Nos es fácil acudir a Dios sencillamente para saciar nuestras necesidades físicas. Pero Jesús aquí nos recuerda que hay cosas incluso más importantes que el pan nuestro de cada día No debemos acercarnos a Dios para obtener ventajas ni tampoco para tener una experiencia excepcional. Más bien debemos buscarle para que nos dé lo que verdaderamente necesitamos: la comida que a vida eterna permanece (27). Debemos vivir nuestra vida para la gloria de Dios, buscando que Dios sea glorificado en todo lo que hacemos. Ahora bien, es imposible que un pecador perdido glorifique a Dios si no es por medio de la transformación de su Corazón por la obra de Cristo en la cruz.
Busquemos hoy venir a Cristo, no para lo que nos pueda dar, sino para darle la gloria que Él merece. (David Bell)
MelP_605-Juan_4_42
2026/09/16
«y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.» (Juan 4:42)
Jesús tenía necesidad de pasar por Samaria. Estoy seguro que los discípulos no lo comprendieron. Cuando pararon en aquel pozo, Jesús envió a los discípulos delante al pueblo para comprar comida y se quedó allí en el pozo sólo y cuando vino la mujer a sacar agua, Jesús empezó una conversación que le llevaría a poder presentarse a la mujer como el esperado Mesías. Al volver los discípulos, ella dejó su cántaro y volvió al pueblo. Los discípulos no comprendieron nada, pero había ocurrido un milagro en el corazón de aquella mujer. Ella volvió al pueblo una mujer cambiada y compartió su fe con todos los hombres del pueblo y muchos de ellos creyeron también, como le decían después, no solamente por el testimonio de ella, sino porque habían conocido a Cristo. Que bonito es poder compartir con otros el mensaje de la salvación en Cristo. Pero es aún más bonito cuando una persona cree, no solamente por lo que hemos dicho sino porque esa persona misma lo ha experimentado. Ya no cree sólo un mensaje sino conoce a una persona, el Salvador del mundo.
Aunque personas rechacen este mensaje, no nos cansemos de compartir esta verdad. Nunca sabes cuando encontrarás a “una samaritana” lista para creer y compartir el mensaje con todos los de su pueblo. (David Bell)
MelP_237 - Juan_1_13
2026/09/15
«los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.» (Juan 1:13)
Juan comienza su Evangelio con las buenas noticias del Evangelio. Muchos de su propia nación rechazaron a Jesús y su mensaje, pero, según el versículo 12, todos los que creen en Cristo tienen el derecho de ser llamados hijos de Dios. Pero como dice aquí en el versículo siguiente, estos hijos no nacen de forma física o por voluntad humana sino por la voluntad divina. En otras palabras, Juan aquí está hablando de un nacimiento espiritual que corresponde a la voluntad de Dios. No es ningún accidente que dos capítulos más tarde, en la primera conversación que Juan narra entre Jesús y uno que estaba buscando espiritualmente, Jesús vuelve a este mismo tema. Jesús le dice a Nicodemo que le era necesario nacer de nuevo. Nicodemo al principio no entendió sus palabras y se preguntaba si Jesús hablaba de un segundo nacimento físico, así que Jesús le aclara que hablaba de nacer del Espíritu según la voluntad de Dios.
Si tú y yo hemos nacido espiritualmente, significa entonces que Dios tiene un plan para nuestras vidas. Hemos sido engendrados de la voluntad de Dios. Dios nos ha llamado para ser luz en este mundo de oscuridad. Ya que somos hijos por su voluntad, vivamos conscientes en todo momento de la voluntad del Padre. (David Bell)
Resenas del podcast
Lee las Meditando en la Palabra resenas del podcast
Marcy Wolsieffer Ward 2019/01/16
De mucha bendición
Estos mensajes son excelentes y cada día espero con mucha anticipación el nuevo mensaje.
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