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Descansando en Dios

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Este podcast tiene
1446 episodios
Idioma
Spanish
Explicito
No
Fecha de creacion
2021/01/19
Ultimo episodio
2026/10/23
Duracion media
8 min.
Frecuencia de publicacion
2 dias

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Devocional Cristiano Doctrinal

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1447 - Juan. El agua viva. Jn 4:10
2026/10/23
1447 – Jn 4:10 – El agua viva. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. Juan tiene un propósito teológico al escribir este relato de modo que la frase “le era necesario pasar por Samaria”, no debe tomarse en sentido geográfico, sino espiritual. Jesús debía pasar por Samaria, porque allí tendría lugar el encuentro con los samaritanos que también necesitaban conocerlo como el Mesías prometido. Después de Pentecostés, Felipe iniciaría la primera iglesia cristiana en Samaría (Hch 8:4-25). El agua viva pasa por Samaría (Jn 4:1-6). El Señor quería capacitar a sus discípulos, solo cinco hasta ese momento, y para salvar el alma de una mujer, por eso “le era necesario pasar por Samaria”. Juan resalta los nombres Samaria, Sicar (cerca de Siquem heredad de Josè - Josué 24:32), pozo de Jacob para hacer referencia de la relación hostil entre judíos y Samaritanos. Sicar: tiene dos significados, ciudad de la falsedad o ciudad de borrachos. El pozo de Jacob está al pie del monte Gerizim donde se encontraba el templo de los samaritanos. La ruta más corta, pero no la más popular era pasar por Samaria: Los samaritanos eran rechazados por los judíos ya que se habían mezclado con naciones gentiles cuando fueron llevados en cautiverio por los Asirios (2Re 17). Juan muestra la humanidad de Jesús: Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.” El agua viva evangelizando (Jn 4:7-15). “Vino una mujer de Samaria a sacar agua.” Al pozo de Jacob llega una mujer Samaritana a buscar agua la hora sexta (al mediodía). A esta hora no acostumbraban las mujeres ir a buscar agua, lo hacían antes de salir el sol, 6:00 am, o al caer el sol a las 6:00 pm. ¿Por qué esta mujer buscaba agua a esta hora y sola? El Señor interactúa, con la mujer samaritana por lo menos seis veces, y en todas ellas trató de defenderse, evitarlas o cambiar el tema. Una mujer que llevaba la armadura emocional de una persona menospreciada, aporreada, maltratada por la moralidad de la sociedad. Jesús durante toda la conversación respeta su vulnerabilidad. Jesús le dijo a la mujer samaritana: “Dame de beber.” Jesús rompe tres barreras: la del sexo, la raza y la religión. Esta mujer (1) era samaritana, miembro de la odiada raza mixta judía, (2) tenía una mala reputación, y (3) estaba en un lugar público. Ningún judío respetable le hablaba a una mujer bajo estas circunstancias. Pero Jesús lo hizo porque el evangelio es para todos, sin importar raza, posición social ni pecados cometidos. Dios es imparcial no hace acepción de personas. La mujer sorprendida que un judío le hablara dijo: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.” Jesús no respondió a la actitud defensiva de la mujer y apela a despertar la curiosidad diciéndole: “Si conocieras el don (regalo) de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.” Ella responde de manera sarcástica (burlándose): Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Jesús recurre a la necesidad espiritual y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. El agua viva convenciendo (Jn 4:16-20). Jesús pone fin a sus desvíos apelando al interés personal de la mujer: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Ella respondió cambiando de tema: No tengo marido. (Jn 4:16-17a).
1446 - Juan. El amigo del esposo. Jn 3:29-30
2026/10/22
1446 – Jn 3:29-30 – El amigo del esposo. El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.   Juan el Bautista presenta la transición de su ministerio al de Jesucristo, ilustrando con una boda, la transición del viejo al nuevo pacto en Jn 3:29. Lucas registra que Zacarías, padre de Juan el Bautista, era conocedor de las Escrituras y entendió que el Mesías venía a cumplir la promesa del nuevo pacto (Lc 1:67-79). Juan el Bautista fue el último profeta bajo el antiguo pacto (Lc 16:16); Jesús vino a ser mediador del nuevo pacto (He 8:6; 12:24), ratificado por su sacrificio para el perdón de pecados (Mt 26:28; 1Co 11:25). El amigo del esposo y el fin de la era antigua (Jn 3:22-30). Después de la fiesta de la pascua, Jesús fue con sus discípulos a la tierra de Judea, lo cual significa que dejaron Jerusalén (que está en Judea) y fueron a los alrededores (Jn 3:22). El propósito de Jesús al dejar Jerusalén era doble: Estar con los discípulos e inaugurar la predicación que llevaría a su ministerio bautismal (aunque Jesús no bautizaba personalmente, solo sus discípulos; Jn 4:2). Esto dio origen al celo de los discípulos de Juan el Bautista (Jn 3:23-28). Juan el Bautista seguía bautizando y algunos de sus discípulos luego de discutir con los judíos por el tipo de bautismo, la purificación, se quejan que Jesús estaba bautizando diferente a él y que lo sigue mucha gente (Jn 3:23-26). Juan el bautista les responde: ”No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo.” Entonces Juan reprende a sus discípulos envidiosos recordándoles: “Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él” (Jn 1:8, 20). Era una reprensión por su envidia. Juan el Bautista para ampliar la explicación se hace llamar el amigo del esposo (Jn 3:29-30). Entonces Juan utiliza una forma parabólica para referirse a lo que suponía para él la presencia y el ministerio de Jesús, ilustrándolo mediante el ejemplo de una boda. Distinguiendo al novio y a la novia del amigo del novio. La primera afirmación es que quien tiene a la novia es el novio. De manera que el personaje importante en la boda no puede ser otro. Juan está presentando a Jesús como el esposo que se desposa con la esposa. La metáfora del matrimonio se usa en el AT como en el NT para expresar figuradamente la relación de Dios con Su pueblo. (Is 49:18; 54:5; 62:4; Jer 2:1- 2; Ez 16:23; Os 2). Pablo usa la metáfora en 2Co 11:2; Ef 5:25-26. Juan en las bodas del Cordero (Ap 19:7-9). Pero un personaje importante en toda celebración de una boda hebrea era el amigo del novio quien era el responsable de muchos detalles de la boda, pero una vez que había cumplido con su función, su misión acababa, porque ya el esposo tenía a la esposa consigo. Así también Juan el Bautista. Su gozo era ver gozoso al esposo que era Cristo y el gozo de Jesús era también su propio gozo. El gozo de Juan se había cumplido al ver como la gente seguía y acudía a Jesús, y afirma: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” De esta manera Juan el Bautista dio ejemplo a sus discípulos de no poner la mirada ni seguir a los hombres, sino a Dios. Pablo exhorta a los corintios por seguir a los hombres y no a Dios (1Co 1:10-13). Jesús y el inicio de una nueva etapa (Jn 3:31-36). Juan da cinco razones para que sus discípulos (y por extensión, todo el mundo) aceptaran la supremacía absoluta de Jesucristo. R1. Cristo tenía un origen celestial (Jn 3:31). “El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos.” Aquí se refiere a Cristo como el único que “descendió del cielo” (Jn 3:13; 6:33, 8:42; 13:3; 16:28; 17:8; 1Co 15:47; Ef 4:10). Como tal es sobre todos; Cristo es soberano sobre el universo en general y sobre el mundo de
1445 - Juan. El amor de Dios. Jn 3:16
2026/10/21
1445 – Jn 3:16 – El amor de Dios. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Jesús confrontó a Nicodemo con su incredulidad en Jn 3:11-12. Luego para dar respuesta a la incredulidad de Nicodemo y a todos aquellos que no creen Dios, comienza a revelar algunas de las cosas celestiales, remarcando nuevamente lo que ha dicho Juan con el mismo sentido antes: "A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer" (Jn 1:18). Sólo el Unigénito, el Verbo hecho carne humana, puede hablar de Dios, porque está en el seno del Padre (Jn 1:14; 1Ti 3:16; 1Jn 4:2). La respuesta a la incredulidad (Jn 3:13-15). La incredulidad de Nicodemo tenía dos caras, intelectualmente reconocía a Jesús como un maestro enviado de Dios (Jn 3:2), pero no estaba dispuesto a aceptarlo como Dios. Jesús va hablar de las cosas celestiales, espirituales en las que debía creer para alcanzar la vida eterna. Necesitaba nacer de nuevo al creer y aceptar a Jesús como su Señor y Salvador. Jesús inicia afirmado que Él es el único que posee el conocimiento verdadero de la realidad celestial “Porque nadie ha subido al cielo, excepto el que descendió del cielo: el Hijo del Hombre.” (Jn 3:13; 6:33) BTX4. Para que Nicodemo no ignorara el camino de la salvación, Jesús usa una ilustración del AT en Nm 21:5-9, tipo de su crucifixión: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado” (Jn 3:14). Los israelitas por el pecado eran mordidos por la serpiente y se curaban, no por hacer alguna obra o por su propia justicia, sino obedeciendo la Palabra de Dios mirando la serpiente de bronce levantada en el madero. ¿Cuál es el propósito de ser levantado Jesús en un madero? Jesús responde: “para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Jn 3:15). Todo aquel que mira por la sola fe al Cristo crucificado, nace de nuevo, es curado de la mordida del pecado mortal y obtiene vida eterna. Pablo lo explica en Gá 3:6-14. Jesús definió la vida eterna: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn 17:3). El amor de Dios (Jn 3:16). Jesús pasa a explicar que el motivo por el cual Dios dio el “don inefable” de Jesucristo fue porque amó al mundo malo y pecador de la humanidad caída. (2Co 9:15). Jesús afirma: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Con el versículo más conocido y amado de las Escrituras demuestra por lo menos diez cualidades del infinito y eterno amor de Dios: Porque: La razón más grande. De tal manera: La medida más grande. Amó: El amor más grande que excede a todo amor humano. Dios: El Dios más grande y omnipotente. Al mundo: A toda la humanidad. Que dio: El regalo más grande que pueda existir. A su único Hijo: La pertenencia más grande de Dios. Para que todo aquel que en Él cree: Disponible para todos gratuitamente por la fe y no por obras. No se pierda: La pérdida más grande del hombre: La condenación eterna en el infierno. Sino tenga vida eterna: La ganancia más grande del hombre: la eternidad. El plan de la salvación fluyó de “la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres” (Tito 3:4). Pablo escribió: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro 5:8). Jesús debía morir en sustitución por los pecadores, porque “la paga del pecado es muerte” (Ro 6:23; Is 53:5) y “sin derramamiento de sangre no se hace remisión” de pecados (He 9:22; Is 53:10-11). Por lo tanto, “Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó” (Ef 2:4), “envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por Él…
1444 - Juan. El nuevo nacimiento. Jn 3:5
2026/10/20
1444 – Jn 3:5 – El nuevo nacimiento. Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Jesús estando en Jerusalén en la fiesta de la Pascua recibió la visita de Nicodemo uno de los fariseos, un líder religioso judío. Jesús una vez más da a conocer su omnisciencia por tener la capacidad de discernir lo que hay en el corazón del ser humano. El Señor presenta a Nicodemo el plan de salvación de Dios para el ser humano y que Él es el mensajero principal cuya redención hace posible la salvación de los pecados para vida eterna. La verdad que Jesús desarrolla en el discurso con Nicodemo, no era una novedad que el Maestro presentaba, sino la recuperación de una verdad anunciada en la profecía, en la que se enseñaba desde siglos antes, que el hombre necesitaba una regeneración que le dotase de un corazón nuevo, literalmente de carne, esto es, sensible para obedecer a Dios. (Jer 31:33-34; Ez 11:19-20; 36:25-28). “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios.” (Ez 36:25-28). Esta es la doctrina de la regeneración y que Pablo detalla luego como haber resucitado con Cristo en Ro 6:1-23; 2Co 5:17-18; Col 3:1 y Tito 3:3-7. Esto es parte esencial del objetivo del Evangelio, que los que leen conozcan a Cristo, para que crean en Él y experimenten el nuevo nacimiento, para justificación por la fe, para perdón de pecados y reciban la vida eterna (Jn 1:12-13; Ro 6:22-23). El problema de Nicodemo (Jn 3:1-3). “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.” Nicodemo (“conquistador del pueblo”) era un nombre griego común entre los judíos de la época de Jesús. Nicodemo vino de noche hasta donde estaba Jesús y se dirige a Él con mucho respeto. Nicodemo dijo a Jesús: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.” Nicodemo era fariseo, conocedor de las Escrituras, miembro del sanedrín y uno de los que había creído en Jesús de manera superficial al ver sus señales (Jn 2:23-25). El reconocimiento de Nicodemo afirma que Jesús tenía poder para hacer todas aquellas señales. Jesús en su omnisciencia responde de manera clara y enfática, en base a la inquietud en el corazón de Nicodemo, conocer si entraría a reino de Dios y alcanzar la vida eterna. Jesús responde que como todo ser humano “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” La revelación de Jesús (Jn 3:4-8). Las palabras de Jesús causaron impacto en Nicodemo y en su ignorancia no ve la respuesta en lo espiritual sino en lo físico. “Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” El nuevo nacimiento está relacionado a la limpieza, purificación del pecado con la palabra de Dios (Jn 17:17; 1Pe 1:23) y la regeneración del Espíritu Santo (Tito 3:5-6), para darnos un corazón de carne, sensible a Dios. Como profetizó Ezequiel antes citado en Ez 36:25-28. Jesús hace énfasis que la única vía de acceso para entrar al reino de Dios y alcanzar la vida eterna es nacer de nuevo, engendrado de lo alto. “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.
1443 - Juan. La divinidad de Jesús. Jn 2:19
2026/10/19
1443 – Jn 2:19 – La divinidad de Jesús. Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Juan continúa demostrando la deidad de Jesús registrando la primera confrontación con los lideres religiosos por la limpieza del templo. Juan al escribir su evangelio agrega eventos, que la mayoría de ellos no están en los sinópticos, para conocer la verdadera identidad de Jesús como Dios Hijo, y respondamos la pregunta más importante ¿Quién es Jesús? “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.” (Jn 20:30-31). La pasión de Jesús por la reverencia (Jn 2:12-17). Después del milagro en las bodas de Caná, Jesús, su madre, sus hermanos y sus discípulos fueron a Capernaun (Jn 2:12). Observamos que Juan registra que Jesús tuvo hermanos, realmente medios hermanos por parte de María. Los evangelios sinópticos también registran que tuvo hermanos y hermanas y dan sus nombres (Mt 13:55-56; Mr 6:3; Hch 1:14). Dos de ellos, Jacobo (Santiago) y Judas, escriben una carta en el NT. Santiago fue el pastor principal en Jerusalén (Gá 2:9; Hch 15:13; 21:18; 1Co 15:7). Pero no estuvieron en Capernaum muchos días porque se acercaba la fiesta de la Pascua de los judíos; y Jesús subió a Jerusalén (Jn 2:12b-13). La Pascua es la fiesta principal anual de los judíos para celebrar la liberación de la esclavitud de Egipto por el poder de Dios (Ex 12:1-28; Lv 23:1-8; Dt 16:1-8). Esta es la primera de las tres pascuas que menciona Juan y que ayudan a conocer que fueron tres años el tiempo estimado del ministerio de Jesús (Jn 2:13-14; 6:4; 11:55). La fiesta de la Pascua hacía que muchos judíos se desplazaran de diferentes ciudades de Israel y otras naciones hasta Jerusalén. Por lo cual, la pascua significaba un negocio grande para los líderes religiosos a través de mercaderes y cambistas ubicados en el templo (probablemente en el patio de los gentiles), donde estaban los que vendían bueyes, ovejas y palomas y los cambistas sentados. Los cambistas tenían el monopolio del negocio, ya que requerían a los visitantes cambiar sus monedas extranjeras a moneda local judía, para poder comprar animales para el sacrificio y pagar el impuesto anual del templo. Lo iniciado como un servicio para los adoradores, se convirtió en un comercio corrupto, haciendo del templo de Dios una cueva de ladrones (Mt 21:13). Jesús en su pasión por la reverencia en el templo de Dios, hizo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos los mercaderes, las ovejas y los bueyes; esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado”. (Jn 2:15-16). Jesús llama a Dios como su Padre recordando su deidad y papel mesiánico; Él era el Hijo fiel que limpiaba la casa de su Padre de la adoración impura, una acción que prefigura lo que hará en su segunda venida como juez soberano (Mal 3:1-3; Zac 14:20-21; Jn 5:22; He 9:27-28; Jud 1:14-15). Los discípulos al ver que su Maestro limpiaba el templo de los mercaderes y cambistas se acordaron de lo escrito: “El celo de tu casa me consume” (Sal 69:9). Dos años después, al final de su ministerio, Cristo volvería a limpiar el templo (Mt 21:12-16; Mr 11:15-18; Lc 19:45-46). El poder de resurrección de Jesús (Jn 2:18-22). Esta limpieza del templo da inicio a la confrontación de Jesús con los líderes religiosos. Entonces “los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Los lideres religiosos le piden una señal de su autoridad a la que “Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.” Jesús no usa la palabra templo sino santuario que era donde residía el lugar santo y santísimo dentro del templo. Jesús era tanto el templo como el santuario de Dios.
1442 - Juan. El primer milagro de Jesús. Jn 2:7-8
2026/10/16
1442 – Jn 2:7-8 – El primer milagro de Jesús. Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. Juan seleccionó solo ocho milagros de Jesús para demostrar su deidad. ¿Qué es un milagro? Es cualquier acto del poder divino, superior al orden natural y a las fuerzas humanas. Existen diferentes palabras en hebreo, arameo y griego para expresar el concepto de milagro, algunas de éstas son: una maravilla, señal, poder, prodigio, portento, etc. En el Nuevo Testamento se emplean tres palabras distintivas para referirse a los milagros: Maravilla: Palabra que indica el asombro que el milagro produce en los espectadores. Se repite muchas veces por su profundidad de significado en cada hecho milagroso (Mr 2:12; 4:41; 6:51; 7:37). Además, “maravilla” siempre aparece unida con la palabra “señal” (otro vocablo empleado para expresar milagro, por ejemplo, Mt 24:24). Señal: Esta palabra indica una prueba de la cercanía de Dios y de su obra (Jn 3:2; 7:31). Los milagros son “señales” de algo más importante oculto detrás de ellos mismos. Testifican del poder dado a la persona que los realiza (Mr 6:20). Los judíos demandaron señal de Jesús (Jn 2:18; Mt. 12:38). Pero una “señal” no es necesariamente un milagro; por ejemplo, el anuncio de los ángeles a los pastores tocante al nacimiento de Jesús incluyó una señal no milagrosa (Lc 2:12). Otra característica de esta palabra es su unión frecuente con la palabra “prodigio”, tanto en el AT como en NT. Poderes u obra portentosa: El “poder” reside originalmente en el mensajero divino que Dios faculta directamente. En Mateo 7:22 los milagros son “dúnamis: obras poderosas”. Juan no les llama milagros, como es la calificación de los sinópticos, sino señales. El escritor los considera además de prodigios y de manifestación de gracia, como una señal que pone de manifiesto que Jesús era el Mesías prometido. En los evangelios se registran los milagros de sanidades de ciegos, leprosos, paralíticos, un hidrópico, expulsión de demonios, vivificación, multiplicación de panes y peces y sobre la naturaleza. Juan escogió solo ocho de todos ellos, siete durante su ministerio y uno después de su resurrección. La mayoría de los ocho milagros solo están el evangelio de Juan como el primer milagro de Jesús en convertir el agua en vino. La escena del milagro (Jn 2:1-2). “Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos”. El tiempo indicado por el tercer día registra que los acontecimientos, desde Juan el Bautista en Jn 1:19 hasta las bodas de Caná, ocurrieron en el lapso de una semana. Unas bodas eran un acontecimiento social importante en el tiempo del ministerio de Jesús y la celebración podía durar hasta una semana. Según la tradición judía la fiesta de bodas marcaba la consumación del matrimonio de la pareja. En la noche de la ceremonia, por lo general un miércoles, el novio y sus amigos iban a la casa de la novia. Entonces ellos acompañaban a la novia y sus invitados a la casa del novio, donde la ceremonia y el banquete tendrían lugar (Mt 25:1-10). La madre de Jesús, (Juan nunca se refiere a María por su nombre en su Evangelio), estaba en esta boda particular. Su presencia y la de Jesús sugiere que quienes se estaban casando eran familiares o amigos de la familia. José el esposo de María ya no se menciona en este relato puede ser que ya había muerto. Jesús santificó la institución del matrimonio por el hecho de haber asistido a la boda y realizar allí su primer milagro. La situación (Jn 2:3-5). “Y faltando el vino”. En la celebración de las bodas era una crisis grande cuando el vino faltaba porque las reservas eran insuficientes. Al parecer María estaba ayudando a supervisar la celebración y dijo a Jesús: “No tienen vino”. Jesús le respondió: ¿Qué tienes conmigo, mujer?
1441 - Juan. El plan Andrés. Jn 1:40-41
2026/10/15
1441 – Jn 1:40-41 – El plan Andrés. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Jesús luego de regresar de la tentación del desierto, pasó como tres días cerca del Jordán y Juan el Bautista dio testimonio de Él. El primer día “yo no soy digno de desatar la correa del calzado.” (Jn 1:27). El segundo día “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Jn 1:29,34). En el tercer día Juan el Bautista va a proclamar “El Mesías ha venido”, luego: “He aquí el Mesías”, y finalmente: “Sigan al Mesías”, uniéndose así a Jesús sus primeros discípulos (Jn 1:37-51). Juan registra como segundo testimonio público del ministerio de Jesús, el llamamiento para salvación de los primeros discípulos, en un pasaje que ilustra perfectamente el equilibrio bíblico entre la soberanía divina y la responsabilidad humana. El plan Andrés: Las almas buscan a Dios (Jn 1:35-42). Juan el bautista al ver a Jesús le dice a dos de sus discípulos, Andrés y Juan el evangelista, he aquí el Cordero de Dios y “le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús.” (Jn 1:35-37). Cuando Andrés y Juan se fueron tras Él, volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: “¿Qué buscáis?”. Él no hizo esta pregunta para obtener información, puesto que en su omnisciencia ya sabía lo que ellos querían. Por ser seguidores de Juan el Bautista indicaba que Andrés y Juan estaban convencidos de su pecado y buscaban el perdón y la justificación del Mesías. Andrés y Juan, no respondieron directamente la pregunta, sino que hicieron otra a Jesús: “Rabí—que traducido es, Maestro—, ¿dónde moras?”. Rabí era un título de honor y respeto que traducido es Maestro (Jn 1:41-42; 9:7). Jesús les dice: “Venid y ved”. Jesús conocía sus corazones, que eran buscadores genuinos de Dios. Habían sido llevados a Él por el Padre (Jn 6:44) y el Espíritu Santo los había convencido de su pecado (Jn 16:8). El buscador sincero siempre encontrará a Dios (Dt 4:29; 1Cr 28:9; 2Cr 15:2; Jer 29:13). Juan y Andrés, en respuesta a la invitación, fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día. Juan registro hasta la hora del encuentro con Jesús, la hora decima, y es la primera mención del tiempo en el evangelio de Juan. Luego Andrés halló primero a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos hallado al Mesías”, que traducido es el Cristo. Andrés, no contento con solo haberle contado las buenas nuevas a Pedro de que había encontrado al Mesías, le trajo a Jesús. Cuando llegó, mirándole Jesús, dijo: “Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas”. La invitación de Andrés a su hermano se convirtió en el plan Andrés usado por la iglesia para evangelizar a la familia, vecinos y amigos. Las almas que buscan de manera sincera a Jesucristo siempre lo encontrarán porque Él promete: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera” (Jn 6:37). Dios busca a las almas (Jn 1:43-51). “El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme”. Aquí se establece que a Felipe nadie lo llevó, tampoco buscó a Jesús; más bien, el contacto lo inició el Señor. Felipe, como Andrés, no pudo guardarse las buenas noticias, sino que fue y halló a su amigo Natanael quien respondió con incredulidad preguntando “¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.” La invitación a Natanael por Felipe es como la de Andrés a Pedro. Una luz encendida sirve para alumbrar a otros; de este modo se propaga la fe. Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.”
1440 - Juan. El Cordero de Dios. Jn 1:29
2026/10/14
1440 – Jn 1:29 – El Cordero de Dios. El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. El evangelio de Juan registra el primer año del ministerio público de Jesús no incluido en los evangelios sinópticos de Mateo, Marcos y Lucas. Por ejemplo, entre Mt 4:11 y Mt 4:12; Lc 4:13 y Lc 4:14, transcurre el primer año del ministerio de Jesús que solo está en el evangelio de Juan 1:19-4:42. El apóstol Juan al finalizar el prólogo inicia con ejemplos para dar testimonio sobre el primer año del ministerio de Jesús. El primer testimonio es el de Juan el Bautista al que ya había citado antes en Jn 1:6-8, 15. Los sucesos aquí registrados tuvieron lugar en el punto culminante de su ministerio, a continuación de cuando bautizó a Jesús. Mientras el Señor estaba en el desierto y era tentado (Mt 4:1-11; Lc 4:1-13), Juan el Bautista continuó con su ministerio de predicar el arrepentimiento y de bautizar. En tres días sucesivos, para tres grupos diferentes, Juan el Bautista hizo énfasis en tres verdades sobre Jesucristo. (Jn 1:19-37). Primer día, primer grupo, primer énfasis (Jn 1:19-28). Un grupo de fariseos fueron enviados para interrogar a Juan el Bautista y él va dar testimonio de Jesucristo. “Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo.” Con este versículo comienza la narración histórica de la vida pública de Jesús. El apóstol Juan va a dar detalles de la presentación inicial del ministerio de Jesús ya que los evangelios sinópticos solo presentan un resumen de la predicación de Juan el Bautista antes del bautismo en agua de Jesús (Mt 3:7-12; Mr 1:7-8; Lc 3:7-18). El evangelio de Juan se caracteriza por complementar los evangelios sinópticos incluyendo pasajes o información relevante de Jesús. Juan el Bautista da testimonio que él no era el Cristo. La respuesta de Juan no fue suficiente para los judíos, de modo que siguieron con el interrogatorio para descubrir quién era. No podían dejar de conocer la identidad de quien habían iniciado un ministerio llamando al pueblo al arrepentimiento y a la confesión. “Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy.” Le preguntan si era Elías para validar lo que había anunciado el profeta Malaquías 3:1; 4:5. En los sinópticos se relaciona al Bautista con Elías (Mt 11:14); Jesús dice: "A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas. Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron" (Mt 17:11-12). Los judíos esperaban la venida de Elías antes de la manifestación del Mesías. De nuevo preguntan ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.” De manera que si no era el Mesías, ni Elías, entonces bien podría ser el profeta. Moisés había anunciado que vendría a la nación un profeta como él (Dt 18:15, 18; Hch 3:22; 7:37). Los fariseos para finalizar la tanda de preguntas “Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?” Juan el Bautista respondió citando al profeta Isaías. “Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.” (Is 40:3). Segundo día, segundo grupo, segundo énfasis (Jn 1:29-34). “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo. Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua.” Juan el Bautista da su segundo testimonio de Jesús con el título “el Cordero de Dios” anticipando el sacrificio de Jesús en la cruz “por el pecado del mundo.” Jesús estaba regresando de sus 40 días de ayuno en el desierto (Mt 4:1-11; Lc 4:1-13).
1438 - Juan. Respuesta a la palabra encarnada. Jn 1:12
2026/10/12
1438 – Jn 1:12 – Respuesta a la palabra encarnada. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;   Juan luego de haber establecido la deidad de Jesucristo en los primeros cinco versículos del prólogo, ahora pasa a considerar las dos únicas posibles respuestas a dicha realidad: creer o no creer. Los Evangelios registran a algunos de los que creyeron: Pedro (Mt 16:16), Natanael (Jn 1:48-50), los discípulos (Mt 14:33), la mujer samaritana (Jn 4:28-29) y otros aldeanos (Jn 4:42), un hombre ciego a quien sanó Jesús (Jn 9:35-38), las mujeres que visitaron la tumba vacía (Mt 28:9) y Tomás, el escéptico (Jn 20:28). Hechos 1:14 dice que los hermanos de nuestro Señor creyeron después de la resurrección (Jn 7:5). Pero la gran mayoría de judíos y lideres religioso rechazaron al verbo encarnado, a Jesús y su mensaje. El testimonio de Juan el Bautista (Jn 1:6-8). “Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.” El apóstol Juan no registra el nacimiento de Juan el Bautista ni el de Jesús. Pasa directo al inicio del ministerio de ambos. Juan el Bautista fue enviado por Dios para preparar los corazones de su pueblo para el Mesías; por lo tanto, confrontaba el pecado con osadía y llamaba al arrepentimiento: “En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mt 3:1). La misión del Bautista era también ser heraldo de la llegada del Mesías: Predicaba, diciendo: “Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado. Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo” (Mr 1:7-8). Jesús dijo que Juan fue el último y el más grande de los profetas, la ley y los profetas eran hasta Juan, desde entonces el reino de Dios es anunciado (Lc 16:16). La misión de Juan no era exaltarse sino ser un testigo del Mesías, dar testimonio de la luz. Él es el primero de ocho testigos que aparecen en el Evangelio de Juan; los otros son: el Padre (Jn 5:37), las palabras de Jesús (Jn 8:18), las obras de Jesús (Jn 5:36; 10:25), las Escrituras del AT (Jn 5:39), algunas personas que lo conocieron (Jn 4:29), los discípulos (Jn 15:27; 19:35; 21:24) y el Espíritu Santo (Jn 15:26). A Juan se le llama apropiadamente “el Bautista” porque Dios lo envió a bautizar a los pecadores arrepentidos, en preparación para la venida del Mesías (Jn 1:31). Pero el propósito era ser testigo de Jesús para que todos creyesen por él (Jn 1:15, 23, 29, 32, 34, 36; 5:33, 36). Para quitar cualquier exaltación falsa de Juan el Bautista, el apóstol Juan escribió que él no era la luz, pero vino a dar testimonio de la luz. Rechazo al verbo encarnado (Jn 1:9-11). “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.  El apóstol Juan pasa a la respuesta de los incrédulos, los que rechazan el verbo encarnado. Los incrédulos son ciegos espirituales porque, como les escribió Pablo a los corintios, “el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2Co 4:4; Is 61:1-2; Lc 4:17-18). Jesús alumbra a todo hombre por medio de su venida a este mundo (Jn 8:12; Is 49:6). Pero las personas incrédulas de este mundo rechazan voluntariamente a Dios. Por esa razón "esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas" (Jn 3:19). Juan al decir que la luz verdadera “venía a este mundo” se refiere a la encarnación de Jesús y Él Creador del mundo, de la humanidad, fue rechazado, no le conoció.
1437 - Juan. La palabra divina. Jn 1:1-2
2026/10/09
1437 – Jn 1:1-2 – La palabra divina. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Juan en su evangelio presenta de inicio a fin, de manera sencilla pero profunda, los argumentos teológicos que evidencian la deidad y humanidad de Jesucristo. Ya en sus primeros cinco versículos del prólogo del evangelio hay evidencias de los atributos de la deidad de Jesucristo, el Verbo encarnado: Su eternidad, Su poder creador, Vida y Luz para salvación. Por lo cual, el evangelio de Juan es esencial para el estudio de la Cristología, la parte de la teología que estudia la Persona y la obra de Jesucristo. Juan es preciso en hacer apreciar que, si Jesús es Dios, también es hombre. Es sumamente difícil encontrar tal precisión semejante y con una economía de palabras, en los demás escritos bíblicos del NT. Pero, aun con la profundidad teológica, es comprensible a todo lector y las verdades son nutritivas para todo aquel que depende del mejor maestro y guía a toda la verdad, el Espíritu Santo, porque el propósito final es "que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Jn 20:31). La eternidad del Verbo (Jn 1:1-2). “En el principio era el Verbo”. Juan inicia el Evangelio, con una afirmación de alto nivel teológico sobre la identidad del logos, la Palabra, el Verbo encarnado, para demostrar los atributos de la deidad del Verbo: Su preexistencia, Su coexistencia y Su auto existencia. Inicia diciendo: “En el principio”, tomando la referencia al tiempo del principio de todo cuanto existe. No se está refiriendo a Génesis 1:1, sino a la eternidad del Verbo. Antes de todo lo creado “era el Verbo” demostrando con un existir eterno, la preexistencia del Verbo, Jesucristo. Continúa “y el Verbo era con Dios,” que afirma la coexistencia, la comunión, la misma esencia con Dios Padre. Además, enseña la distinción en la unidad vinculante y segunda persona de la Trinidad. Finaliza la conjunción de la frase afirmando “y el Verbo era Dios.” Demostrando el atributo de la auto existencia del Verbo, la eternidad, llamada en teología aseidad, existencia propia de Dios (Ex 3:14). Jesús expresará esa unidad esencial en Jn 10:30. Juan resume y resalta los tres atributos afirmando “Este era en el principio con Dios.” (Jn 1:2). El poder creador del Verbo (Jn 1:3). “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” Juan demuestra la operatividad del Verbo preencarnado con la creación de todas las cosas del universo y luego pasará a la vida humana (Jn 1:4-5). Lo creado se desgasta y perece, pero el Verbo creador es eterno (He 13:8). Todas las cosas fueron creadas por Él, en Él, y para Él que sustenta lo creado, lo hace realidad, y es el medio creador. Pablo enseña que todo lo creado tuvo existencia por medio de Él, y además es destinatario de todo lo creado, ya que es para Él (Col 1:16-17; Ro 11:36). Cristo es presentado en el NT como primogénito de toda creación. (Col 1:15). Afirmando que Cristo es el principal, el supremo en la creación. Pablo enseña que: Cristo es el Creador, Hacedor y Sustentador del universo y de todo lo que contiene. Enseña que es el principal de todo el universo para corregir una herejía, que había en la iglesia de Laodicea y Colosas, diciendo que Cristo era un ser creado (Jn 1:3; 5:25; 10:10; 1Co 8:6; Col 1:15-16; 2:10; He 1:1-3; Ap 3:14). Por tanto, el Verbo engendrado eternamente por el Padre, existe antes de toda creación y es anterior a toda criatura. El verbo tiene la misma esencia creadora del Padre. Juan atribuye al Verbo lo que en el AT se atribuye a Dios como Creador de todo (Sal 146:5,6; Is 40:12-31). La unidad de esencia divina, exige que la Deidad, pertenece tanto al Padre como al Verbo, Jesucristo. El Verbo, vida y luz para salvación (Jn 1:4-5). “En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.” Afirma la aseidad, la existencia propia del Verbo.
1436 - Juan. Resumen del evangelio de Juan. Jn 1:1
2026/10/08
1436 – Jn 1:1 – Resumen del evangelio de Juan. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.   Luego de estudiar los evangelios sinópticos con la armonía de los evangelios acompáñenos a estudiar el evangelio de Juan. El apóstol Juan es el escritor del cuarto evangelio. Su vida apostólica cubrió unos setenta años del primer siglo. Primo de Jesús, y criado en Capernaum, pasó sus últimos años en Éfeso. En cuanto a Juan el autor del evangelio se afirma en Juan 13:23; 19:26; 21:7, 24. En el año 180 d.C. escribía el padre apostólico Ireneo: “Juan, el discípulo del Señor, el mismo que se recostó sobre Su pecho, publicó también su Evangelio cuando vivía en Éfeso.” La fecha más probable en que se escribió el cuarto Evangelio es entre el 85 y el 90 d.C. Jesús el Mesías y el Hijo de Dios, se encarnó para convertirse en ser humano y ministrar entre los hombres a fin de que todos los que creyeran en Él fueran salvos. Desde el inicio el tema de Juan está claramente indicado en su prólogo, la deidad y humanidad de Cristo (Jn 1:1-18) y su objetivo o motivo está expresado con toda claridad en sus palabras finales en Juan 20:31 (Jn 21 es un apéndice). No usa la palabra fe sino creer. El evangelio de Juan fue escrito para mostrar que Jesús es Dios y motivar la fe de los lectores, a fin de creer y que puedan recibir la vida eterna. Esto es registrado en uno de los versículos más conocido y usado: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Jn 3:16). Bosquejo de Juan. A. La preparación de Jesús, el Hijo de Dios (Jn 1:1–2:11). B. EL mensaje y ministerio de Jesús, el Hijo de Dios (Jn 2:12–12:50). 1. Jesús enfrenta fe e incredulidad en la gente. 2. Jesús enfrenta conflictos con los líderes religiosos. 3. Jesús enfrenta acontecimientos cruciales en Jerusalén. C. Muerte y resurrección de Jesús, el Hijo de Dios (Jn 13:1–21:25). 1. Jesús enseña a sus discípulos. 2. Jesús termina su misión. Palabra clave: Deidad. Versículos clave: Juan 1:1-18; 3:16; 20:30-31. La importancia del evangelio de Juan se centra en que es diferente a los otros tres, ya que registra muchas cosas que no se encuentran en los demás, hace énfasis en la Divinidad de Cristo en cada evento, testimonio y milagros. Características especiales del evangelio de Juan. Este evangelio no es la narración de la vida de Jesús, es un argumento poderoso en cuanto a la encarnación y deidad de Jesús. Es una demostración concluyente de que Jesús fue y es el Hijo de Dios enviado del cielo y la única fuente de vida eterna. Juan revela en cada capítulo la deidad de Cristo. Y subraya la verdadera identidad de Jesús mediante los títulos que utiliza: Verbo, Hijo unigénito, Cordero de Dios, Hijo de Dios, Pan de vida, la vid, la resurrección y la vida. Juan expone la identidad, la deidad de Cristo, desde sus primeras palabras “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Jn 1:1). Demostrando Su pre-existencia (desde la eternidad con Dios), Su co-existencia (La comunión con Dios) y Su auto-existencia (Eternidad) divina. En el resto del libro continúa afirmando la deidad de Cristo para rechazar la falsa doctrina que Dios no se había encarnado y que Jesús no era Dios. Registra a Jesús usando el nombre original de Dios dado a Moisés en Ex 3:14, diciendo: “Yo soy”, afirmando su preexistencia y deidad eterna. “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”. (Jn 8:58). Solo Juan registra los siete “Yo Soy” de Jesús que afirman: “Yo soy el pan de vida” (Jn 6:35), “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8:12; 9:5); “Yo soy la puerta” (Jn 10:7); “Yo soy el buen pastor” (Jn 10:11, 14); “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11:25); “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Jn 14:6) y “Yo soy la vid verdadera” (Jn 15:1).
1435 - Evangelios. Hacer discípulos a todas las naciones. Mt 28:19
2026/10/07
1435 – Mt 28:19 – Hacer discípulos a todas las naciones. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; Mateo concluye su evangelio con la misión central de la iglesia que es el hacer discípulos a todas las naciones. Misión que muchos cristianos a veces no entienden y no asumen el compromiso para cumplir el mandamiento del Señor para la iglesia. La voluntad de Dios es que ninguno de los seres humanos “perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2Pe 3:9). Él “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1Ti 2:4). El corazón de Dios siempre ha anhelado atraer hacia sí a seres humanos pecadores y rebeldes con el fin de darles vida nueva, justa y eterna por medio de su Hijo Jesucristo. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16). Solo hay una razón para que el Señor permita que su Iglesia permanezca en la tierra: buscar y salvar a los perdidos, así como la única razón de Cristo para venir al mundo fue buscar y salvar a los perdidos, pues declaró: “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Jn 20:21). Por tanto, un creyente que no está comprometido en ganar a los perdidos para Jesucristo debería examinar su relación con el Señor y sin duda su motivo divino de existir. Mateo registra en su conclusión cinco elementos necesarios para poder cumplir el mandato de la gran comisión. Disponibilidad (Mt 28:16). Los once discípulos se dispusieron para estar con el Señor después de su resurrección: “Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.” El primer elemento para cumplir la gran comisión tiene que ver con la actitud del cristiano. Es la disponibilidad del cristiano para primero ser discípulo de Jesús y luego formar a nuevos discípulos. El discípulo fiel siempre está disponible para Dios, dejando a un lado todo anhelo personal, toda reserva y todo prejuicio. Pablo hacia a un lado su anhelo personal para seguir haciendo discípulos: “Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.” (Fil 1:23-24). Los cristianos debemos limpiarnos de todo lo que obstaculiza servir a Dios. “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.” (2Ti 2:21). Adoración (Mt 28:17). Los once discípulos “cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban.” La auténtica actitud de adoración al Señor es necesaria como segundo elemento para cumplir la gran comisión. Cuando a Dios no se le adora en forma verdadera, no se le puede servir en forma verdadera, por talentosos, dotados o buenas intenciones que puedan tener sus siervos. Mateo registra que algunos de los presentes todavía dudaban. Pero cualquiera que fuera la duda cuando el Señor se les acercó toda la adoración se centró en Él. Adoramos al Señor porque solo “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.” (Ap 5:12). Sumisión (Mt 28:18). “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” La actitud implícita de la sumisión de los discípulos es el tercer elemento necesario para cumplir la gran comisión de la iglesia. Es reconocer que la potestad soberana dada a Jesús por su Padre celestial es absoluta y universal. (Mt 11:27; Jn 3:35). El Padre “todo el juicio dio al Hijo” (Jn 5:22), y que “le ha hecho Señor y Cristo” (Hch. 2:36) y lo “exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Fil 2:9-11). El verdadero discípulo se somete y cumple la ley de Cristo (Jn 13:34-35; Gá 6:2).
1434 - Evangelios. La mentira que demuestra la resurrección de Jesús. Mt 28:12-13
2026/10/06
1434 – Mt 28:12-13 – La mentira que demuestra la resurrección de Jesús. Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. La resurrección es, junto con la muerte, las dos grandes bases sobre la cual descansa la única obra de redención del ser humano. Cristo murió por nuestros pecados, pero resucitó para nuestra justificación (Ro 4:25). La Biblia enseña que negar la resurrección va contra la tendencia misma del corazón y el alma de los seres humanos. Salomón escribió que Dios “ha puesto eternidad en el corazón de ellos” (Ec 3:11). De manera instintiva el ser humano se extiende hacia la inmortalidad, hacia una vida que continuará después de la muerte. La evidencia de la resurrección era tan real que los enemigos del Señor tenían que hacer algo que desacreditase y contrarrestase esa verdad. Solo una mentira puede oponerse a una verdad. Pero recuerda siempre la verdad triunfa, aunque te dejen solo los cobardes, los falsos y los mentirosos. La notificación (Mt 28:11). “Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.” Mateo hace de nuevo referencia a los soldados romanos que presenciaron cuando los ángeles abrieron la tumba vacía, llenándose de asombro y miedo corrieron a la ciudad a dar aviso a los lideres religiosos. La conspiración (Mt 28:12-14). La situación requirió una reunión de emergencia. “Y reunidos con los ancianos, y habido consejo,” No dice la Biblia si el sanedrín creyó o no en la resurrección del Señor solo que buscaban su seguridad y que el pueblo no creyera. El pueblo dejaría de seguirlos a ellos y todos seguirían a Jesús. Esto fue lo que expresaron durante todo el ministerio de Jesús (Jn 12:19). Su ceguera espiritual los llevo a tomar medidas que terminan de llenar la copa de iniquidad de los perversos jueces. La primera medida fue sobornar a los soldados para que mintiesen. Por lo cual, “dieron mucho dinero a los soldados. El dinero que tenía que darle era mucho porque la responsabilidad de los soldados que habían cuidado la tumba era grande. Estos hacedores de maldad nunca tuvieron dificultad para encontrar lo que fuera necesario para sus propios intereses. La tesorería del templo recibía gran cantidad de dinero, sobre todo durante las fiestas solemnes como la de la pascua. Por lo tanto, el dinero estaba disponible en la medida necesaria para sobornar a los guardias, o si prefiere mejor, para seguir comprando testigos falsos. Los religiosos conocían la Palabra de Dios que advierte: “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.” (Pr 6:16-19). Lo más infame era que los propios jueces, los sacerdotes y los fariseos al servicio del Señor seguían añadiendo pecado sobre pecado que atraería la ira de Dios. Como segunda medida acuerdan una mentira que explicaría, de alguna manera, la tumba vacía “Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.” Pero esto comprometía a los guardias romanos que tenía una norma que, si se dejaban escapar al prisionero por quedarse dormidos, en este caso dejar hurtar el cuerpo de Jesús, tenían que pagar con su vida. Por lo cual, la sentencia para un guardia romano que se dormía en el puesto de servicio era pena capital. La tercera medida que toman es la defensa de los soldados sobornado. “Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo.” Toda esta mentira sirve como testimonio fiel de que la resurrección fue real, plena, por cuanto fue dada por los enemigos de Jesús. La soberanía de Dios prevalece.
1433 - Evangelios. La resurrección de Jesús. Mt 28:5-6
2026/10/05
1433 – Mt 28:5-6 – La resurrección de Jesús. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. La resurrección del Señor Jesucristo es el acontecimiento más importante de toda la historia, central en el plan redentor de Dios, fundamento del evangelio, la verdad, y esperanza esencial para el cristianismo. Pablo enseña que “Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.” (1Co 15:17). Jesucristo murió y fue sepultado. Por Juan sabemos que: “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.” (Jn 19:30). Otra evidencia que da Juan de que murió es que “uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.” (Jn 19:34). Marcos registra que el centurión por su experiencia garantizó que Jesús murió y fue sepultado por José de Arimatea y Nicodemo (Mt 27:57-61; Mr 15:42-47; Lc 23:50-56; Jn 19:38-42). La tumba vacía. Los primeros testigos de la resurrección de Cristo y su tumba vacía, fueron las mujeres que habían sido sus seguidoras. (Mt 28:1-10; Mr 16:1-8; Lc 24:1-10; Jn 20:1, 11-18). Mateo informa que “Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.” (Mt 28:1-6). Lucas dice que: “Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado.” (Lc 24:5-6). Isaías profetizó: “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.” (Is 53:10). Las tumbas de Confucio, Buda y Mahoma siguen ocupadas. La tumba de Jesús está y seguirá vacía. Los discípulos incrédulos. Las mujeres fueron y dieron el informe a los apóstoles de la tumba vacía y resurrección de Jesucristo, pero no les creyeron. Lucas dice que: “Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.” (Lc 24:11-12). Jesús aparece a sus discípulos. Mateo solo informa, que mientras María Magdalena y la otra María iban a dar las nuevas a los discípulos, “he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.” (Mt 28:8-10). Lucas registra que dos de los discípulos van camino de Emaús desanimados por la muerte de Jesús y el Señor Jesucristo se les aparece y recuerda todo lo que debía padecer el Mesías desde Moisés pasando por los profetas. Jesús aparece luego a los diez discípulos, muestra las pruebas de su crucifixión y come con ellos: “mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero Él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo
1432 - Evangelios. La sepultura de Jesús. Mt 27:59-60
2026/10/02
1432 – Mt 27:59-60 – La sepultura de Jesús. Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. ¿Quién sepultaría a Jesús? ¿Sería sepultado en una fosa común como se acostumbraba para que las aves de rapiña consumieran su cuerpo? Aprendemos que después de la tempestad viene la calma que permite apreciar mejor lo que permanece. La muerte de Jesús empezó a generar evidencias de como el temor emocional se convierte en temor reverencial y espiritual. Observamos también la lealtad compasiva de los seguidores y discípulos de Jesús. Los discípulos que estaban visibles al público durante el ministerio de Jesús estarán escondidos cuando más los necesita y los que eran seguidores en lo secreto son los que dan evidencia de la verdadera fe. Mateo hace posible que la sepultura de Jesús no sea algo obvio. Antesala a la sepultura de Jesús. (Mt 27:54-56). Mateo lo describe diciendo “El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.” (Mt 27:54). El temor de los soldados da testimonio de su conciencia de pecado, y su asombro reverencial ofrece testimonio de haber sido confrontados por la santidad y justicia de Dios. Por Lucas sabemos que solamente el Espíritu de Dios pudo haber inspirado la confesión del centurión y sus hombres para que le dieran la gloria a Dios. “Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.” (Lc 23:47). También observamos que la lealtad compasiva es una de las características más hermosas y distintivas de las mujeres piadosas, siendo por lo general más evidente en ellas que en los hombres piadosos. Mateo registra que “Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.” (Mt 27:56). Mujeres que habían seguido y servido a Jesús durante su ministerio publico seguían firmes, leales dando la cara en público antes, durante y después del sacrificio de Jesús. A excepción de Juan, los doce brillan por su ausencia en la escena junto a la cruz. Judas se había suicidado, y los otros diez estaban escondidos por temor a perder sus vidas. Durante el momento de mayor necesidad del Señor, ellos habían fallado temporalmente al principio básico del discipulado exigido por Jesús: “El que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí” (Mt 10:38). Discípulos secretos (Mt 27:57-58). El hombre falla a sus compromisos en los momentos más apremiantes, pero la soberanía de Dios permanece para siempre para que se cumpla lo que está establecido en la eterna Palabra de Dios. Mateo registra que: “Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo.” Por la soberana voluntad de Dios, un discípulo secretamente de Jesús, es movido de manera valiente y osada a exponerse para dar la cara por el Señor. José no solo era un hombre rico, cumpliendo así la profecía de Isaías (Is 53:9), sino que era “miembro noble del concilio”, el sanedrín, que “esperaba el reino de Dios” (Mr 15:43). Sin embargo, al contrario de los otros miembros, él era un “varón bueno y justo” que “no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos” de condenar y ejecutar a Jesús (Lc 23:50-51). Juan dice que José de Arimatea también “era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos” (Jn 19:38). Juan informa que Nicodemo, un importante fariseo, otro discípulo secreto de Jesús (Jn 3:1), se unió a José de Arimatea en el sepulcro, “trayendo un compuesto de mirra y de áloes,

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