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ZARAGOZA TE HABLA

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Categorias
Pais
United States
Este podcast tiene
101 episodios
Idioma
Spanish
Explicito
No
Fecha de creacion
2017/05/03
Ultimo episodio
2022/06/15
Duracion media
10 min.
Frecuencia de publicacion
34 dias

Descripcion

Zaragoza te habla” es una nueva sección del magacín cultural transmedia "Siéntelo con Oído" que publicamos todos los jueves en nuestro blog https://www.sienteloconoido.es. José María Ballestín Miguel, historiador y responsable, junto con Antonio Tausiet, del Gran Archivo Zaragoza Antigua (GAZA), partiendo de imágenes de ese archivo, nos irá relatando la historia de lugares, calles, edificios o parajes de nuestra ciudad… Apasionante. Zaragoza te habla, no dejes de escucharla.

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Zaragoza te habla - La Plaza de España
2022/06/15
En el programa de hoy, noveno y último de la presente temporada, vamos a centrarnos en una breve aproximación a la historia de la actual plaza de España. Para los habituales del programa, seguro que os acordáis que hace un par de temporadas dedicamos un programa a las dos plazas de España que llegó a tener casi al mismo tiempo Zaragoza en 1937 y cómo se solucionó esa duplicidad. En esta ocasión, vamos a recordar la no muy larga pero intensa vida de este singular y moderno espacio ciudadano, tan cambiante como la historia de la que ha sido testigo desde hace poco más de doscientos años. Desde la Edad Media y hasta 1808 el espacio de la plaza era muchísimo más reducido, pues desde mediados del siglo XV estaba constreñida por el enorme hospital de Gracia y desde finales del siglo XIII por la iglesia y huerta del gran convento de San Francisco, que precisamente le daba nombre al pequeño espacio comprendido entre el Coso de Carabaceros y el de los Pelliceros, junto a la Puerta Cineja. En esta diminuta plaza de San Francisco destacaba al este y desde el siglo XV el monumento votivo denominado “Cruz del Coso”, que fue reedificado en 1632 y remodelado en su ornato en 1761. La plaza se abría hacia el sur a la estrecha calleja de Santa Engracia, que conducía a ese monasterio y a la puerta del mismo nombre, que por la escasa anchura y categoría de la citada calleja no era entrada principal a la ciudad desde el suroeste, en beneficio de la Puerta del Carmen. Todo cambió con los asedios franceses de principios del siglo XIX, que transformaron radicalmente esta zona de la ciudad por el impacto destructivo tanto en el hospital de Gracia como en el convento de San Francisco, de tal forma que la nueva administración ocupante proyectó aquí el primer ensanche contemporáneo mediante un nuevo paseo Imperial que abría la ciudad hacia el sur entre las ruinas de la antigua plaza de San Francisco y el monasterio de Santa Engracia. Desde entonces la ligazón de la plaza con el nuevo paseo fue absoluta, convirtiéndose desde entonces y de esta forma en el nuevo centro urbano. La salida francesa de la ciudad en 1813 supuso que la plaza conoció el primer cambio de nombre, al recibir el del “Deseado” monarca absoluto Fernando VII. La época isabelina le otorgó el nombre con el que desde 1837 sería conocida durante una centuria: plaza de la Constitución, y además conoció el lento despeje de las ruinas de la guerra y la progresiva urbanización de la nueva plaza, con algunos de sus referentes visuales que desde entonces la caracterizarían, destacando entre ellos la Fuente de la Princesa desde 1845, el palacio de la Diputación Provincial desde 1858 y el Gran Hotel de Europa desde 1861. El creciente prestigio social de la plaza fue creciendo en paralelo a la ubicación en ella y en sus aledaños de algunos de los mejores comercios y hoteles de la ciudad, amén de algunos de los más importantes cafés como el Suizo, el Gambrinus, la Perla, el Oriental y el Royalty. Esta plaza fue además epicentro de las líneas de tranvías que desde 1885 y con tracción a sangre vertebraron el transporte urbano: Bajo Aragón, Torrero, Arrabal, Madrid y Circunvalación. Desde 1902 los modernos tranvías eléctricos continuaron este hecho. La llegada del siglo XX trajo la primera gran transformación de la plaza, cuando la Fuente de la Princesa fue desmantelada en 1902 y sustituida por el monumento a los Mártires de la Religión y la Patria, de la misma forma que el monumento a Pignatelli era removido de la plaza de Aragón y sustituido por el del Justiciazgo. Este cambio se llevó por delante los tradicionales aguadores de la plaza e incluyó también la primera de las numerosas reformas de la isleta central que la rodeaba primero la fuente y luego el monumento, desde entonces cada vez más supeditada al creciente tráfico rodado conforme avanzaban las décadas del siglo. En los años veinte tuvo lugar otra reforma de la isleta ce
Zaragoza te habla - Teatros desaparecidos
2022/05/11
En el programa de hoy, octavo ya de la presente temporada, os invito a dar un breve repaso a algunos de los teatros que tuvo la ciudad de Zaragoza a lo largo de su historia. En unos días en que la vida institucional del país, al menos esa que nos imponen las empresas de comunicación ligadas al mantenimiento del statu quo de siempre, parece trufada de espionajes varios, cloacas y sus oscuros moradores, además de los aprovechados comisionistas de rigor y los primos políticos, de una forma que no desmerecería el guión más alocado de una terrible a la par que burlesca representación escénica, vamos a regresar por unos minutos a aquellas artísticas tablas en las que la realidad se evadía o superaba mediante una ficción casi inimaginable, y no al contrario. La historia de los teatros desaparecidos de Zaragoza es también la historia misma de la ciudad, de cómo sus costumbres, gustos y preferencias artísticas dominantes han ido configurado sus espacios de ocios a lo largo de la historia. De esta forma, y si de recintos estables de teatro hablamos, nos tenemos que remontar al siglo I, al teatro romano construido en época de Tiberio y Claudio, con 6.000 espectadores de capacidad En el siglo III cesó en sus actividades y fue abandonado, sus materiales poco a poco reutilizados y su estructura progresivamente reaprovechada para acoger viviendas, de forma que en la época medieval su entorno aparecía urbanizado y sin apenas rastro de que hubiera habido un gran teatro en esa zona hasta su casual redescubrimiento en 1972 cuando una entidad de ahorros local pretendió construir allí su nueva gran sede central. Tras décadas de incertidumbre, sus restos fueron felizmente preservados y museizados para disfrute público. Durante la etapa medieval de Zaragoza tras su conquista cristiana en 1180 las representaciones teatrales fueron de clara preponderancia religiosa y se realizaban sobre todo al aire libre, en la plaza de la Seo, el entorno de la puerta Cineja y su inmediato tramo del Coso hasta la plaza de San Francisco, y la gran plaza del Mercado. La Edad Moderna conoció la fundación de los primeros teatros estables, como una “Casa de Farsas” en la actual calle de Alcober, la municipal “Casa de Comedias” en el Coso, y su vecino “Teatro del Hospital de Gracia” que financiaba el gran hospital del mismo nombre. Este teatro, tras el cierre de la Casa de Comedias se convirtió en el principal teatro de la ciudad, gestionado de forma mixta por el hospital y el concejo. Tras una gran renovación en 1768, en 1778 un incendio lo devastó y dejó a la ciudad se quedó sin teatros estables hasta que en 1799 fue inaugurada la nueva “Casa de Comedias de la Ciudad” en el Coso. El siglo XIX llegó a Zaragoza con los escenarios teatrales de la referida Casa de Comedias, y las plazas del Mercado y de La Seo al aire libre. La Casa de Comedias cambió de nombre en 1830, de forma que desde entonces es el Teatro Principal, y durante la segunda mitad del siglo se produjo una importante fundación de nuevos escenarios. Así, en 1853 se habilitó el Teatro Variedades en la actual calle de Espoz y Mina, donde estuviera el antiguo colegio de las Vírgenes del siglo XVI, que durante veinte años fue el segundo teatro más importante de la ciudad, para luego convertirse en un “espacio para todo” incluyendo mítines y reuniones políticas durante la Primera República. Tras su clausura en 1873 tuvo diversos usos, hasta que en 1946 fue derribado y sustituido por un bloque de viviendas. El actual paseo de la Independencia se fue configurando como el principal espacio donde se concentraba el ocio teatral de la Zaragoza de la segunda mitad del siglo XIX, como el Teatro Novedades, abierto en 1864 en la esquina con la calle del Marqués de Casa Jiménez, donde antes estuvieron los Baños de Zacarías. Fue también salón de baile, escenario de comedias de magia, zarzuelas, atracciones circenses, espiritismo, e incluso el fonógrafo de
Zaragoza te habla - Cuarteles
2022/04/13
En el programa de hoy, séptimo de la presente temporada y cuando se cumple la séptima semana desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, os propongo hacer un recordatorio de cuando la guerra (como esta guerra, terrible e injustificable tal todas las otras guerras terribles e injustificables que siguen activas a lo largo y ancho de este mundo) decía de cuando la guerra no era televisada, y Zaragoza fue una plaza militar con sus murallas y sus cuarteles para la tropa y oficialidad. Hoy haremos, de esta forma, un breve repaso de diversos acuartelamientos que ha tenido la ciudad de Zaragoza, algunos incrustados en el mismo corazón de su casco urbano. Zaragoza contaba desde su fundación romana con un recinto amurallado de piedra de función militar defensiva que circunvalaba el actual Casco Histórico delimitado entre el Coso y el paseo de Echegaray y Caballero. La robusta fábrica de esta muralla hizo fracasar, entre otros, el famoso asedio merovingio en 542. Tras la conquista musulmana en 714 la ciudad fue prosperando y consolidando nuevas zonas urbanas extramuros hacia el este, el sur y el oeste que fueron protegidas por un nuevo recinto amurallado, en este caso de adobe y ladrillo, que desde las Tenerías llegaba hasta la actual plaza de Europa. Otro famoso asedio, el franco de 778, fracasó también ante las murallas de Saraqusta. En 1118 los cristianos conquistaron la ciudad, que vería pasar casi seiscientos años hasta verse afectada directamente por otra guerra. Fue a principios del siglo XVIII, cuando la disputa por la sucesión española al trono, que Zaragoza comenzó a poblarse de cuarteles. Aunque contaba con un “castillo” o “fuerte” (la Aljafería) su deplorable estado lo hacía impracticable como cuartel, y ante la ausencia de otras dependencias estables de infantería y caballería, la tropa y oficialidad se instaló en edificios civiles circunstancialmente reconvertidos como estancias cuarteleras. Así, la casa-palacio de los Urriés en la calle de los Predicadores, una cercana casa de la calle de la Hilarza, el mesón del Milagro y una casa inmediata en la calle de Predicadores hicieron las veces de cuarteles de infantería, y los mesones de San Ildefonso y de San Vicente, ambos en la calle del Carmen, fueron utilizados como cuarteles de caballería. Esta situación se prolongó durante casi medio siglo, incluyendo otras ubicaciones en casas alquiladas en la Puerta Quemada, el Coso, las plazas de la Magdalena y de Santa Marta, la Tripería, el Arrabal, los mesones de San Juan y de Santa Fe, etc. En la primavera de 1766, durante el denominado “motín de los broqueleros”, la carencia de cuarteles estables de caballería fue solventada con el habitual recurso al alojamiento improvisado, si bien pocos años después esta situación tomó un nuevo rumbo, cuando un cuartel de caballería permanente y de nueva planta fue diseñado y construido en la plaza del Portillo, y tras décadas de planes y proyectos sin concretar, luego de una destacada remodelación, la Aljafería fue convertida en cuartel permanente de infantería. Durante los terribles asedios franceses de 1808-1809 la ciudad fue militarizada y su cinturón de conventos reconvertido en fuertes armados: San Lázaro, Jesús, San Agustín, San José, Santa Engracia, Capuchinos, Carmen, Agustinos del Portillo..., como también lo fue el céntrico convento de San Francisco, siendo esa reconversión militarista la que hizo que resultaran destruidos o gravemente afectados por los combates. Fue precisamente ese temporal uso militar de los conventos el que, tras los procesos de exclaustramiento o desamortización a principios del siglo XIX, llevó a que varios de ellos encontraran desde entonces un definitivo acomodo castrense, al hilo de las varias guerras civiles o carlistas que en 1838 afectaron a Zaragoza directamente con el famoso episodio del cinco de marzo de 1838. De esta forma, tomaron carta de naturaleza los nuevos cuarteles de San L
Zaragoza te habla - Zaragoza y sus necrópolis
2022/03/10
En el programa de hoy, sexto ya de la temporada, y cuando según el Ministerio de Sanidad ya se han superado los 100.000 fallecimientos por el COVID-19 en España, os propongo hacer un breve repaso de los diferentes lugares de enterramiento que ha tenido Zaragoza desde su fundación romana hace 2.037 años, que son bastantes, y alguno ciertamente sorprendente. Cuando en el año 15 antes de Nuestra Era tuvo lugar la fundación de la Colonia de Caesaraugusta, en Roma ya estaba asentada hacía tiempo la prohibición de enterrar cadáveres dentro del perímetro de la ciudad por razones de higiene y seguridad. Por ello, los enterramientos se realizaban a ambos lados de los principales caminos de acceso a la urbe. Así, en la Zaragoza romana hubo una necrópolis en la parte oriental de la periferia que, una vez cruzado el río Huerva, se extendía a ambos lados de la calzada que llevaba a la actual Gelsa, en lo que hoy es el barrio de Las Fuentes hasta la altura de la calle del Monasterio de Nuestra Señora del Pueyo. Otra necrópolis se extendía en la zona occidental de la ciudad, junto a la calzada que prolongaba el decumano máximo en dirección a la actual ciudad de Astorga, siguiendo la actual calle de los Predicadores. Se supone que había otra necrópolis junto a la calzada que salía de la ciudad hacia el sur, en lo que hoy sería el paseo de la Independencia y la plaza de Aragón, aunque en este caso y a diferencia de los dos anteriores, no se han encontrado restos arqueológicos que lo confirmen, como tampoco ha sucedido en el camino de salida hacia el norte por el Arrabal. Los primeros enterramientos cristianos continuaron la costumbre de realizarlos donde ya lo hacían los romanos, aportando algunos espacios propios, como el actual paseo de Echegaray y Caballero y el entorno de la plaza de Santa Engracia, donde encontraron descanso eterno los famosos dieciocho “Innumerables Mártires”. En la etapa visigoda comienza a generalizarse la práctica de enterrar en las iglesias parroquiales, si bien sólo en el caso de los sacerdotes y algunos seglares “virtuosos y meritorios”. Durante el dominio musulmán de Saraqusta, los muertos se enterraban en tres “almecoras” fuera de la ciudad, pero no muy lejos de las puertas de acceso. Las dos primeras, al oeste y al sur, se correspondían con las preexistentes zonas de enterramiento de romanos (calle de los Predicadores) y cristianos (plaza de santa Engracia), y la del este se extendía por el arrabal luego ocupado por el convento, primero de San Francisco y luego de San Agustín. La conquista cristiana de 1118 generó un espacio denominado “Barranco de la Muerte” en el monte de Torrero, donde supuestamente habría habido un encuentro armado y gran cantidad de moros habrían allí muerto. Ese año supuso también una auténtica revolución en lo que a las necrópolis se refiere, ya que se abandonó el enterramiento en la periferia de la ciudad para practicarlo bien junto a las iglesias intramuros, en una zona anexa a la iglesia denominada fosal o fosar, o bien en el interior mismo de los templos, como ya se empezó a practicar en tiempos de los visigodos. De esta forma, apareció una miríada de espacios de enterramiento, que incluía tanto las parroquias (nueve mayores: La Seo del Salvador, Santa María la Mayor, San Gil, Santiago o San Jaime, Santa María Magdalena, San Felipe, Santa Cruz, San Pablo y San Juan del Puente; seis menores: San Nicolás, San Lorenzo, San Andrés, San Pedro, San Juan el Viejo y San Miguel de los Navarros; y una dependiente de la diócesis de Huesca: Santa Engracia), los conventos mendicantes (el ya referido de los Franciscanos y luego Agustinos, Predicadores de Santo Domingo, Predicadoras de Santa Inés, frailes menores de Franciscanos, Santa Catalina, Jerusalén, Carmelitas), las órdenes militares (El Temple, San Juan, Santo Sepulcro), y también los espacios segregados de las religiones minoritarias (Fosal de los Moros y Fosal de la
Zaragoza te habla - La Zaragoza de Skogler
2022/02/10
En el programa de hoy, quinto ya de esta temporada y segundo del presente año 2022 que ya comienza su mes segundo, os propongo un recordatorio de las más que interesantes fotografías realizadas en Zaragoza por Ángel Cortés Gracia, alias Skogler, durante la Guerra Civil, todo un muestrario de la Zaragoza azul que se impuso por la fuerza de las armas un 19 de julio para darle la vuelta a lo que las urnas, por “error”, habían determinado en febrero de 1936 que tenía que ser de otra forma. A mediados del pasado año 2021, y con el impulso de la Diputación Provincial de Huesca, pudimos disfrutar del visionado de un buen puñado de fotografías inéditas de Zaragoza en la segunda mitad de los años 30, aunque para eso hubiera que desplazarse a ver su exposición… hasta Huesca. Con el título “Skogler-Ángel Cortés. El visor falangista de la Guerra Civil y la posguerra (1936-1948)”, se pudieron contemplar allí y de esta forma decenas de fotografías realizadas por el fotógrafo zaragozano Ángel Cortés Gracia, que fuera operario del gabinete fotográfico de Carlos Skogler Fredikson y que desde 1933 pasó a regentar su estudio ubicado en el nº 31 del Coso, ante la plaza de la Constitución, conservando la marca “Skogler” por el prestigio asociado a ella. Por su condición de “Camisa Vieja” es decir, afiliado a la Falange antes de la sublevación militar de julio de 1936 y sobre todo por su trabajo en el nuevo diario “Amanecer. Diario Nacional Sindicalista”, que comenzó a publicarse el 11 de agosto de 1936 donde hasta entonces estuvo el incautado “Diario de Aragón”, “Skogler” cubrió preferentemente desde entonces y hasta el final de la guerra numerosos actos protagonizados por la Falange en Zaragoza. De esta forma, el “fondo Skogler” ofreció una extensa galería de imágenes que desde el mes de julio de 1936 y hasta el año 1939 ilustran el panorama de la “nueva” Zaragoza impuesta a sangre y fuego. En su inmensa mayoría se trata de imágenes relacionadas directa o indirectamente con la guerra iniciada ante la fuerte resistencia de la República democrática. Así, por ejemplo, el cuartel de los Castillejos en Torrero se nos muestra como uno de los epicentros de la organización militar de los sublevados, incluyendo las visitas de altos mandos militares, como el general Millán Astray. De este cuartel parten numerosos desfiles hasta el centro de la ciudad que discurren por el paseo de Sagasta (luego del General Mola). El previsto colegio de San Agustín en el camino de los Torres fue durante esos años reconvertido en hospital y en cuartel de Falange, como testifican varias interesantes fotografías. Las prácticas de tiro protagonizan también varias fotos en escenarios de San Gregorio y otros cuarteles urbanos. El exitoso devenir de la guerra para los sublevados aporta la celebración callejera de cada una de las victorias militares, como por ejemplo, la toma de Bilbao, y la captura de material de guerra a los milicianos primero y al Ejército Popular después, conlleva su exhibición en la calle o en las inmediaciones del Pilar. Los desfiles militares inundan la ciudad, bien por parte de las fuerzas de la guarnición, o de las diferentes tropas de paso por la ciudad de camino o regreso de los frentes de guerra, como por ejemplo muestra la espectacular serie de fotos de la llegada de los defensores del Santuario del Pueyo. También de carácter militar son las numerosas conmemoraciones del nuevo régimen: aniversario de la fundación de Falange; aniversario del Decreto de Unificación de FET y JONS, con presencia del “caudillo” Francisco Franco en el impresionante marco escénico del “Campo de la Victoria”; los grandes homenajes al “Ausente” José Antonio Primo de Rivera en el parque de Buenavista y en la plaza de La Seo; una magna marcha nocturna con antorchas para conmemorar el aniversario del “Glorioso Alzamiento Nacional”; la celebración por todo lo alto de
Zaragoza te habla - Zaragoza en el cine
2022/01/12
En el programa de hoy, cuarto de esta temporada y primero del presente año 2022, os propongo una aproximación a algunas de las producciones audiovisuales que desde los primeros tiempos del cine han tenido a Zaragoza como telón de fondo o escenario (real o figurado) de la trama. En esta relación incluiremos películas, cortometrajes, documentales, dibujos animados y hasta vídeos musicales, ordenados cronológicamente según su fecha de producción, que nos ofrecen de esta forma una interesante galería de imágenes de la ciudad desde la Edad Media y hasta nuestros días. Comenzamos el viaje... y como no podía ser de otra forma, arrancamos con la “Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza”, de Eduardo Jimeno, considerada la génesis del cine español, si bien con dudas respecto a su datación entre 1896 y 1899, aunque en 1996 y con toda la pompa y boato se celebró en Zaragoza la gala “100 años de cine español”. De 1907 y rodadas por Ignacio Coyne se conservan algunas “Escenas callejeras”, y desde mediados de los años 10 y hasta mediados los años 20 su socio Antonio Tramullas rodó varios reportajes de actualidad, como el primer tractor de la Granja Agrícola, la inauguración del grupo escultórico de la fosa común del cementerio, la visita de unos operadores de la cinematográfica Fox a Zaragoza, escenas de navegación por el Canal Imperial, y terminando con la visita del rey Alfonso XIII en 1925. Además, Tramullas dirigió en 1921 una obra de ficción titulada "El diablo está en Zaragoza", rodada en el Petit Park, y lamentablemente perdida. De 1925 son los rodajes de las castizas películas mudas “Nobleza Baturra”, de Juan Vilá Vilamala y Joaquín Dicenta Badillo, y “Gigantes y Cabezudos”, de Florián Rey. En 1932 se rodó la película documental sensacionalista “¡El Pilar se hunde!”, y de 1933 se conserva un reportaje italiano centrado en la comparsa de Gigantes y Cabezudos en las fiestas del Pilar. De los años de la Guerra Civil y primera posguerra se conservan algunos noticiarios fascistas italianos, con reportajes sobre prisioneros de guerra republicanos en el campo de concentración de la Academia General Militar (1938); la visita de Franco durante las fiestas del Pilar (1939); y la inauguración de la estatua de César Augusto regalada por Mussolini (1940). El Noticiario Cinematográfico Español, NO-DO, merecería por sí solo un monográfico, ya que nos ha dejado una buena colección de reportajes que de forma cristalina muestran diferentes aspectos de la monolítica Zaragoza oficial del franquismo, como las obras de embellecimiento de la plaza del Pilar (1944); la visita de Eva Perón (1947); las obras de ampliación para dar cabida a la Base Aérea norteamericana (1955); la entrega de despachos a una nueva promoción de alféreces en la AGM (1957); el traslado de los restos del general Palafox al Pilar (1958); una visita de Franco (1959); un vuelo sobre el río Ebro (1960); el Vº Congreso Eucarístico Nacional (1961); el I Congreso Diocesano de Hombres Católicos (1966); el certamen de la Maja Internacional y los cuarenta y cinco minutos motonáuticos (1969); Franco en Zaragoza (1970); la inauguración de Mercazaragoza (1972); y la ofrenda de flores de 1973. Regresamos a los años 40 para referirnos a película “Il trovatore” (Carmine Gallone, 1949), basada en la ópera homónima de Giuseppe Verdi, en la que el palacio de La Aljafería y su torre llamada del Trovador son parte central de la trama. Por cierto que los Hermanos Marx ya incluyeron en 1935 esta obra en su genial “Una noche en la ópera”. Llegamos a los años cincuenta, cuando en dos producciones españolas de 1950 aparece Zaragoza como escenario visual: ocasionalmente, en “Brigada criminal” (Ignacio F. Iquino), y de lleno en la mítica “Agustina de Aragón” (Juan de Orduña) y su recreación de la Zaragoza de principios del siglo XIX. Un documental norteamericano de 1951 titulado “This is C
Zaragoza te habla - Los años 'pardos'
2021/12/08
En el programa de hoy, tercero de esta temporada, me voy a introducir en los años “pardos” de Zaragoza, esa etapa que desde 1933, con el ascenso al poder de Adolf Hitler en Alemania, la ciudad conoció una creciente actividad del nacionalsocialismo, de forma muy especial tras el 18 de julio de 1936 y hasta la completa derrota militar de Alemania en 1945 que afortunadamente extirpó al nazismo, al menos durante unas décadas. Hace unos años cayó en mis manos una publicación editada en 2006 con motivo del aniversario 50 del Colegio Alemán de Zaragoza. En él se explica que este centro fue inaugurado para dar escolarización a los niños alemanes establecidos en la ciudad cuando aquí llegó en 1917 un contingente de los alemanes del Camerún derrotados en la Gran Guerra. Esto fue así, dice el libro, hasta que “la Segunda Guerra Mundial lo condujo a su cierre”. Por ello, la apertura de un nuevo colegio alemán en 1956 explicaría la fecha de ese aniversario 50 en 2006. Pero, ¿qué sucedió para que la Segunda Guerra Mundial ocasionara su cierre? Este blanco en la memoria reciente del Colegio Alemán de Zaragoza tiene que ver, evidentemente, con que este centro y la colonia alemana residente en la ciudad fueron entre 1933 y 1945 un puntal nazi que resulta muy incómodo de gestionar en la construcción de la memoria reciente de Zaragoza, por lo que este episodio, esta etapa, generalmente suele obviarse, como es el caso. De esta forma, estos años “pardos”, así llamados por el color de la camisa identificativa del régimen nazi, suelen quedarse en blanco, que no es lo mismo que blanqueados. Vamos a tratar, por ello, de apuntar algunas pinceladas sobre este óleo albino. El colegio alemán surgió con un cometido esencialmente educativo y también social, ya que era un importante escaparate de la Alemania de la época en Zaragoza: al igual que los festejos y actividades impulsadas por la colonia alemana, las fiestas y celebraciones del colegio se publicitaban en los medios como auténticos actos sociales, destacando por ejemplo la decembrina Fiesta del Árbol de Navidad (“Tannem Baum Fest”), bien en el Hotel Universo, bien en el Gran Hotel, o las fiestas de final de curso con excursión a la Quinta Julieta. A partir de 1933, cuando Hitler se convirtió en canciller alemán, el nacionalsocialismo se fue filtrando en todas y cada una de las actividades promovidas por el colegio, en parte por ser dependiente de fondos públicos provenientes de Alemania, en parte por la “natural” adopción de esa ideología como la mayoritaria de la colonia alemana… A modo de ejemplo, el director del colegio era, a la vez, el jefe local del partido nazi.... De esta forma, a las tradicionales celebraciones del curso académico, se fueron sumando otras nuevas de carácter abiertamente ideológico, como el aniversario de la toma del poder por el partido nazi (30 de enero); la celebración de la victoria en el plebiscito del Sarre que en enero de1935 devolvió este enclave a Alemania; la fiesta por el cumpleaños de Hitler (20 de abril); la Fiesta del Trabajo, denominación nazi del 1º de mayo… La primacía de símbolos nazis que aparecen en las fotos de algunas de estas celebraciones son más que evidentes a este respecto, y la implicación del colegio, incluyendo a los niños y niñas, algunos de ellos significados como representantes de las juventudes hitlerianas locales, era o bien directa, o bien como escenario de actividades de un carácter más “adulto”. Tras el 18 de julio de 1936 la simbiosis de la colonia y el colegio alemán de Zaragoza en el esfuerzo de guerra de quienes se sublevaron contra la democracia republicana, fue total. De esta forma, era habitual su participación e implicación en los actos públicos organizados de reafirmación, homenaje o exaltación del nuevo régimen impuesto en la ciudad por la fuerza de las armas. En estos actos a la presencia alemana se sumó la italiana e incluso la portu
Zaragoza te habla - Santo Dominguito
2021/11/10
En el programa de hoy, segundo de esta temporada, y en estas fechas todavía cercanas al día de los muertos, me voy a referir al caso del niño Domingo de Val, más conocido como Santo Dominguito de Val, personaje cuya aberrante leyenda puede hacer sonrojar a quien se acerque al trasfondo de esta oscura e inquietante parte de nuestra historia cuya versión más difundida es bastante más reciente de lo que pueda parecer. Este santo, con tradicional presencia en el nomenclátor callejero, fue mitificado por la religión cristiana más retro, vivió un renacimiento durante el nacionalcatolicismo al comienzo de los años 50 del pasado siglo, y aún hoy tienen seguidores entre los grupos católicos más ultras. La historia de este personaje está absolutamente corrompida por la leyenda construida alrededor de él, de forma que resulta difícil discernir entre lo real y lo inventado. Lo que sí parece claro es que la leyenda que ha llegado a nuestros días está preñada del feroz antisemitismo que recorrió Europa en las últimas décadas del siglo XIX, y que todavía algunos reproducen si el más mínimo rubor. Este relato, de esta forma, se centra en las desventuras de un niño zaragozano de diez años llamado Dominguito que, siendo infantico de la catedral de la Seo, un aciago día del año de 1250 regresaba a su casa pasando por la calle del Talmud de la judería cuando fue raptado por unos malvados judíos que, encabezados por el rabino Mossé Albayucet, lo apresaron para que renegara de la “verdadera fe”. Ante su firme determinación de no hacerlo, lo clavaron en una pequeña cruz a cuyos pies instalaron una copa para recoger su sangre y beberla luego durante la llamada “Pascua de Sangre”. De esta forma, según una retorcida creencia este habría sido un ejemplo de los secuestros rituales de niños cristianos realizados por judíos para luego asesinarlos y beber su sangre y celebrar de esta enfermiza forma “la liberación del pueblo judío de la esclavitud a la que fue sometido durante su estancia en el antiguo Egipto”. Finalmente, y tras amputarle la cabeza y miembros, estos malvados judíos lo metieron en un saco y lo echaron al río Huerva con alevosía y nocturnidad un poco antes de su desembocadura en el Ebro, donde al día siguiente una “aureola resplandeciente” llamó la atención de los guardas del cercano puente de Tablas, que recuperaron el cadáver. Tuvieron que pasar casi cuatrocientos años para que esta atrocidad se convirtiera en la “tradicional devoción” del niño-mártir practicada en todo el mundo católico. Así, en 1671 se edificó una capilla en la Seo donde se depositaron sus huesos, y años antes ya la antigua calle del Talmud donde tuvo lugar su martirio recibió el nombre de Santo Dominguito de Val para recordar de forma perenne esta barbaridad. El 31 de agosto se convirtió en la festividad en que se conmemoraba esta rocambolesca y truculenta historieta que acabamos de reproducir, bien poco amable, que no era sino la zaragozana y decimonónica adaptación de una leyenda inglesa inventada cien años antes y orientada a la incitación fanática al odio racial y religioso de los no cristianos, en este caso, los judíos. La desaparecida gran casa de los Sora o Salabert, que supuestamente fuera domicilio de Dominguito, contó en su fachada, hasta su derribo en los años 30, con una destacable hornacina que representaba la imagen de este niño-mártir. En1949 el Rosario de Cristal de Zaragoza incorporó un nuevo farol dedicado a Santo Dominguito de Val donde entre otras imágenes se reproduce la escena idealizada del niño crucificado, a cuyos pies aparecen los instrumentos de su martirio (cruz de espinas, clavos, martillo…), tal como dicen que padeciera nuestro señor Jesucristo. Un par de años después y a iniciativa del Ayuntamiento de la época, se erigió un monumento a Santo Dominguito en la glorieta de San Lázaro, donde estuvo hasta que gracias a una remodelación de la
Zaragoza te habla - 1710: La Batalla de Zaragoza
2021/10/13
Es posible que usted que ahora nos escucha haya paseado, ocasional o habitualmente, por esa gran superficie comercial que se localiza al sureste de la ciudad, limitando con la Z-40, y haya llegado a una plaza donde se encuentra una placa que recuerda que en el año de 1710 por esos andurriales tuvo lugar la denominada “batalla de Zaragoza”. Si no tuvo tiempo de leer la leyenda de esta placa, no se preocupe, que ahora me voy a referir a ella. El 20 de agosto de 1710 y en el contexto de la Guerra de Sucesión española dos ejércitos se enfrentaron en los montes de Torrero para disputarse el control de Zaragoza: las tropas del rey Felipe V y las del archiduque Carlos de Austria. ¿Qué había pasado para llegar a esto? Nueve años antes, en mayo de 1701, el duque de Anjou había sido coronado rey de España como Felipe V en cumplimiento del testamento del fallecido rey Carlos II, y en septiembre vino a Zaragoza a jurar en la Seo los fueros y privilegios del reino, partiendo luego hacia Cataluña para cumplir el mismo ceremonial. En paralelo a esta normalidad institucional supuso el relevo de la Casa de Austria por la de los Borbones, se había formado una alianza entre Austria, Inglaterra y Holanda que declaró la guerra a las aliadas Francia y España. Múltiples intereses políticos y estratégicos motivaron que esta alianza promoviera al archiduque Carlos de Austria al trono español, aunque llamativamente esta Guerra de Sucesión española comenzó a disputarse… en las plazas españolas de Flandes e Italia, y en 1702 el archiduque Carlos fue coronado rey de España… en Viena. Este Carlos “III” desembarcó en Barcelona en 1705, donde estableció su corte. Este hecho, y sobre todo, la presencia del ejército anglo-austríaco-holandés que le acompañaba, desencadenó la guerra abierta en la península y con ella la toma de partido de las elites locales a favor de uno u otro bando, originando lo que Melchor Macanaz calificó de guerra supercivil. Como respuesta a la venida en carne mortal del pretendiente austríaco, en 1706 Felipe V y su ejército fueron a Barcelona para enfrentarlo. El fracaso en esta empresa hizo tambalearse la fidelidad borbónica de Zaragoza, sobre todo cuando el ejército archiducal se aproximó a ella. En junio la ciudad mudó su lealtad hacia el austria. En abril de 1707 y tras la derrota en la batalla de Almansa la causa archiducal se desplomó: tras la retirada de su ejército las ganancias territoriales se desvanecieron como lágrimas en la lluvia, y Zaragoza fue nuevamente borbónica. Como tras cada mudanza de fidelidad, sucedieron episodios de represión sobre las cabezas visibles de uno u otro bando, aunque en esta ocasión aconteció una novedad en forma de real decreto que implantó la Nueva Planta, aboliendo los fueros, privilegios y la tradicional planta política y administrativa del reino, en un proceso ralentizado por la guerra. En 1710 desembarcó en Barcelona un nuevo ejército archiducal, que tras derrotar en julio al ejército borbónico cerca de Lérida cruzó el río Ebro por Osera y se ubicó a dos tiros de cañón de Zaragoza. Entre este ejército y la ciudad se situaron las tropas borbónicas para dar la batalla, que comenzó la mañana del 20 de agosto en una amplia zona del sur de Zaragoza que al este se extendía desde el camino del Puente del Virrey hasta las inmediaciones del río Ebro, y que al oeste llegaba hasta los Pinares de Venecia y el trazado más sureño de la actual autovía Z-40. Ambos ejércitos sumaban unos 45.000 soldados, y entre ambos el Barranco de la Muerte delimitó el campo de batalla, por lo que ésta también suele denominarse de esa forma. El combate fue rápido y desastroso para Felipe V, que a duras penas escapó por el camino de Alagón hacia Madrid, mientras el archiduque entró por segunda vez en Zaragoza. Tras la batalla, unos 6.000 muertos escenificaron el carácter internacional del conflicto: alemanes, austríacos, españoles,
Zaragoza te habla - Presentación 'Los inquietos años 20'
2021/09/30
José María Ballestín y Antonio Tausiet presentaron el pasado día 14 'Los Inquietos Años 20', novena entrega de su 'Memoria Visual de Zaragoza', editada por El Periódico de Aragón. Con ella continua y casi completa este interesante y atractivo recorrido visual a nuestra ciudad a lo largo de todo el siglo pasado. El libro saldrá la venta el próximo viernes, día 17 de septiembre. Nuestra felicitación y deseo de que continúen teniendo el éxito que su magnifico trabajo merece.
Zaragoza te habla - Vaquerías urbanas
2021/06/16
Con esta de hoy cerramos la participación de “Zaragoza te habla” en la presente temporada radiofónica de “Siéntelo con Oído”, y para ello os propongo un último ejercicio de recuerdo sobre la antigua ciudad de Zaragoza poniendo el foco en un asunto del que seguro que más de uno y una conserva algún recuerdo: las desaparecidas vaquerías urbanas o de barrio. La primera “vaquería modelo” contemporánea de la ciudad fue establecida a mediados del s.XIX en la calle del Cinco de Marzo, cuando esta era una calle recién abierta, en principio como prolongación de la calle de San Miguel. A ella le siguieron otras muchas, de forma que en las primeras décadas del pasado s.XX el sector lácteo en Zaragoza estaba configurado por una densa red de vaquerías urbanas y semiurbanas, la mayor parte de ellas de tamaño pequeño, aunque también alguna más grande e industrial, como la Vaquería El Pilar sita en el camino del Puente del Gállego. El camino de las Torres destacaba por el número de estas instalaciones: la Vaquería Modelo o Moderna, vaquería de Martín Bel, de Luis Gavasa, de Juan Ramos Gracia, de Andrés Lausín Marín… Todas ellas, pequeñas o grandes, estaban supervisadas por un jefe inspector de vaquerías, y dos cooperativas distribuían parte de la producción: La Social Lechera, S.C., con 16 despachos o sucursales, y la cooperativa de la Casa de Ganaderos, con dos. En el antiguo barrio de Monforte, en el nº 15 de la calle de Vicente Monforte, tenemos testimonio gráfico de la vaquería de Carmelo Baile, que además nos da pie para describir mínimamente este tipo de establecimientos: una estancia de vacas, un almacén de pasto y forraje, la vivienda del vaquero y ocasionalmente un local para despacho de leche y sus derivados. La leche se expendía fresca, recién ordeñada, sin esterilizar, era leche natural, cruda, de producción adaptada al consumo local y de cercanía, orientada a la parroquia de las calles del entorno. Como decíamos al principio, seguro que hay personas que recuerdan alguna vaquería de su barrio. Mi recuerdo personal está asociado a una que se situaba en la calle del Privilegio de la Unión por donde volvía a casa tras salir de una “academia de repaso”. La impronta de sus olores, sonidos y cuando la puerta estaba abierta, el espectáculo de ver las vacas y la gente trajinando con sus lecheras metálicas, perdura desde entonces en mi memoria con claridad meridiana. Bastante antes de estos recuerdos, en Zaragoza tuvo lugar un hecho importante, como fue la creación en 1956 de Cluzasa-Centrales Lecheras Unidas de Zaragoza S.A., mediante la unión de la Cooperativa de Ganaderos, la Granja Victoria y la Granja El Pilar, debido a la entrada en vigor de una ley que regulaba la higienización y venta de leche pasteurizada y esterilizada en los municipios de más de 100.000 habitantes. Establecida en la calle del Molino de las Armas de la barriada de la Jota, llegó a ser la tercera empresa del sector lácteo de España, en una época en la que ese producto era repartido a domicilio desde las distintas factorías de origen. Cluzasa cesó su actividad en 1986, y sus instalaciones en el barrio de la Jota fueron luego derribadas para dar paso al Segundo Cinturón de ronda. Durante esos treinta años, la evolución del sector fue muy destacada, como ilustra el sucesivo cambio de los recipientes del blanco producto: de la tradicional botella de cristal reciclable, pasando por la frágil bolsa de plástico, hasta llegar a la práctica botella de plástico y finalmente el funcional tetra brick a principios de los años 80. En paralelo, fueron desapareciendo las vaquerías de barrio y también los antiguos “despachos de pan y leche”, para convertirse en un producto más, normalizado y apilado en los supermercados y grandes superficies comerciales junto a otras decenas de mercaderías. Tal vez por eso la memoria de las antiguas vaquerías, lecherías y despachos de leche de barrio
Zaragoza te habla - Presentación 'Memoria Visual de Zaragoza. Industria y Cio. en el SXX'
2021/06/09
Queremos hacer reseña especial de la presentación del nuevo libro, de la serie “Memoria Visual de Zaragoza. Industria y Comercio en el Siglo XX”. Sus autores, José María Ballestín y Antonio Tausiet, amigos y colaboradores de este programa, junto con El Periódico de Aragón, su editor, lo han presentado en la Cámara de Comercio de Zaragoza. Se trata de una aproximación a la historia de la industria y el comercio en Zaragoza a lo largo del siglo XX, ilustrada con numerosas imágenes de instalaciones fabriles y establecimientos comerciales, acompañadas de comentarios redactados para la ocasión. Desde las pioneras harineras que impulsaron el progreso industrial en el pasado siglo, hasta las grandes superficies de consumo masivo que fueron surgiendo en su última década. Es el octavo volumen de la colección, tras Los grises años 50, Los prodigiosos años 60, Los convulsos años 70, Los flamantes años 80, Los sombríos años 40, Los cruciales años 30 y Los pródigos años 90. Felicitamos a sus autores por este gran trabajo, que no os debéis perder, al que deseamos mucho éxito de ventas.

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