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Charlas Iglesia ETP | Pastores Luis Salas y Jeannette Noguera, Iglesia ETP

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Valoracion
★★★★★
5
de
1 resenas
Este podcast tiene
554 episodios
Idioma
Spanish
Explicito
No
Fecha de creacion
2016/04/26
Ultimo episodio
2026/09/20
Duracion media
59 min.
Frecuencia de publicacion
7 dias

Descripcion

Charlas Pastores Luis Salas y Jeannette Noguera, Iglesia Cristiana ETP, En tu Presencia en Bogotá, Colombia. Iglesia ETP un nuevo comienzo, familias sanas.

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Incansable (Laura Salas)
2026/09/20
Romanos 5:17 (RVR1960): «Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.»Idea PrincipalLos errores, fracasos y tropiezos del pasado no determinan el final de la historia de una persona. Aunque las decisiones equivocadas traen dolor y consecuencias, la misericordia y el propósito divino son superiores a cualquier caída, porque Dios no se cansa; Él es incansable.Puntos Clave El peso de las equivocaciones y las etiquetas humanas:Existen faltas cotidianas fáciles de enmendar, pero también fallas que producen heridas profundas (palabras destructivas en el hogar, infidelidades, rupturas de confianza).La culpa lleva con frecuencia al ser humano a creer que su propia vida es un error o a cargar con etiquetas destructivas («fracasado», «inútil»).Frente a esa condena, la Escritura recuerda que tenemos un Abogado ante el Padre y que los errores no tienen la última palabra.El propósito divino supera el error (El ejemplo de Adán):Adán cometió la falta más costosa de la humanidad con pleno conocimiento, pero Dios no destruyó la creación para reiniciar desde cero.Adán vivió más de ocho siglos después de su caída (930 años en total), demostrando que hay vida y propósito después del error.La gracia no anula las consecuencias terrenales:La gracia no es una excusa para esconder la falta ni una licencia para pecar. Personajes bíblicos como Adán, Moisés, Sansón, David, Salomón y Pedro asumieron costos directos por sus desatinos.Sin embargo, la mano de Dios jamás nos abandona en medio del proceso (Proverbios 24:16, Salmos 37:24).¿Cómo actúa un Dios incansable?:Interviene para reparar lo que dañamos: Cristo entra en el caos humano para sanar y levantar lo que quebramos (Salmos 51:17). Mientras el mundo mira la versión caída, Jesús ve la versión que Su gracia restaurará.Por Su amor, sigue creyendo en nosotros: Su aceptación no depende de méritos humanos; es un regalo inmerecido (Efesios 2:8-9). Donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia (Romanos 5:20), alcanzando de manera especial a los corazones quebrantados (Salmos 34:18).La verdadera función de la gracia:La gracia comienza justo donde termina nuestra capacidad de pagar.Lejos de fomentar una vida descuidada (Romanos 6:1-2), la gracia es el poder que rescata, limpia y transforma para volver a empezar en rectitud.Llamado FinalNo rendirse con la familia, el matrimonio ni el propósito. Si Dios no se cansa de nosotros, nosotros tampoco debemos darnos por vencidos con los nuestros, descansando en la certeza de que Su fidelidad es incansable.
Conjeturas (Pastor Diego Ardila)
2026/09/13
El mensaje "Conjeturas" aborda cómo Dios transforma situaciones de pérdida y desesperanza en plataformas para sus milagros, desglosado en estos puntos fundamentales: La trampa de la conjetura: Cuando la vida nos golpea o las puertas se cierran, solemos torturarnos pensando "¿qué hubiera pasado si...?", exactamente como lo hizo Marta ante la tumba de Lázaro. Esta actitud nos aleja de la realidad y nos llena de dudas.Principio 1: Toda pérdida implica sufrimiento. El dolor es parte inevitable del proceso del creyente. Dios usa las lágrimas y los desiertos para enseñarnos a descartar caminos equivocados, quebrar nuestro orgullo y llevarnos a ganar batallas en la intimidad de la oración.Principio 2: Toda pérdida implica esperar. Dios no obedece a nuestro afán ni a la cultura del "¡ya!". Él usa la pausa de manera intencional para moldear nuestro carácter, probar la verdadera medida de nuestra fe y derrumbar nuestros planes humanos para establecer los suyos, que son mayores.Principio 3: Toda pérdida tiene un propósito. Ningún dolor en Cristo es en vano. Reconocer que hay un propósito divino detrás de una traición, una enfermedad o un fracaso es lo que permite que el desierto florezca. Cuando llega el propósito, llega el milagro.Declaración final (Salmo 71): Apoyado en la experiencia de David en su vejez, el mensaje culmina afirmando que el Dios que nos consoló en el pasado nos sostiene hoy. Cierra llevando a la iglesia a declarar en fe que, a pesar del sufrimiento y la espera, lo que creían muerto volverá a vivir.
Apretando las tuercas (Pastor Alejandro Roncancio)
2026/09/06
Apretando las tuercas La verdadera transformación espiritual no se detiene en la salvación inicial; requiere una renovación constante de la mente. Aunque Dios nos saca de nuestro "Egipto" (nuestra vida pasada de pecado), es nuestra responsabilidad, con la ayuda del Espíritu Santo, sacar a Egipto de nuestro corazón para poder disfrutar de la vida plena que Él nos promete.Puntos Clave de la Enseñanza El peligro del desierto espiritual: El desierto representa al creyente que ya fue liberado, pero cuya mente sigue anclada en su antigua vida. Es tener a Dios, pero seguir amando el mundo.La trampa de la nostalgia: Ante la primera dificultad, es fácil olvidar las cadenas del pasado e idealizar nuestra antigua manera de vivir. Nos quejamos del "maná" diario que Dios nos da, mientras añoramos los "ajos y cebollas" de nuestra esclavitud.El campo de batalla es la mente: El pecado no ocurre de repente; siempre comienza como un pensamiento tolerado que se convierte en deseo y luego en acción. Si no cambiamos nuestra manera de pensar, no cambiaremos nuestra manera de vivir.Filtrar los pensamientos de forma activa: No se trata de un simple pensamiento positivo, sino de evaluar, colar y desechar valientemente toda idea que no esté alineada con el diseño de Dios.El centro de adoración lo define todo: La raíz del cambio mental está en a quién adoramos. Si Dios no es el centro absoluto de nuestro corazón, terminaremos adorando cosas pasajeras que nos agotarán. Al poner a Dios en Su trono, Él ordena todas nuestras demás prioridades.Respaldos BíblicosPara tener siempre presente la Palabra en este proceso de transformación, aquí están las citas bíblicas fundamentales que sostienen la enseñanza: 1 Corintios 10:11 (RVR1960): "Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos."Éxodo 14:11-12 (RVR1960): "...Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir en el desierto."Números 11:4-6 (RVR1960): "...Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos."Oseas 8:11 (RVR1960): "Porque multiplicó Efraín altares para pecar, tuvieron altares para pecar."Colosenses 3:1-2 (RVR1960): "Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra."2 Corintios 10:4-5 (RVR1960): "porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo."Filipenses 4:8 (RVR1960): "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad."Deuteronomio 12:8-9 (RVR1960): "No haréis como todo lo que hacemos nosotros aquí ahora, cada uno lo que bien le parece, porque hasta ahora no habéis entrado al reposo y a la heredad que os da Jehová vuestro Dios."ConclusiónLa enseñanza nos llama a "apretar las tuercas" de nuestra mente. Nos invita a dejar de dar vueltas en el desierto, renunciar a los antojos del pasado, y rendir nuestra manera de pensar y nuestra adoración completamente a Dios para experimentar verdadera libertad.
Arena Movediza (Pastor Alejandro Prieto)
2026/08/30
Hay etapas en la vida donde todo es ascenso: creces, escalas, conquistas y sientes que pisas un terreno absolutamente firme. Pero, de repente, la vida da un giro inesperado y el suelo bajo tus pies cede. Es exactamente como caer en arena movediza. Al principio, la superficie parecía segura, pero de un momento a otro comienzas a ser tragado por las circunstancias. Lo más aterrador de la arena movediza no es el lodo en sí, sino que tu propio instinto de supervivencia te traiciona: intentas luchar, patalear y salir usando tus propias capacidades, pero descubres con desesperación que, entre más te mueves, más rápido te hundes. El pánico te roba la noción de seguridad, sientes que pierdes el control absoluto de tu vida y ves cómo se te escapan de las manos cosas inmensamente valiosas. Es en ese momento de asfixia y parálisis, cuando te das cuenta de que tus propios esfuerzos solo empeoran la situación, que el alma grita las preguntas más urgentes: "¿En qué me apoyo ahora? ¿De dónde me agarro? ¿De dónde me sostengo para no hundirme?". El Ejemplo: David La Biblia nos presenta a un hombre que experimentó esta misma sacudida. Un hombre que, antes de hundirse en el lodo, conoció la cima más alta: David. Su historia es el ejemplo perfecto para nosotros porque, después de derribar a Goliat, su vida fue un ascenso glorioso. Todo era victoria, todo era ganancia. De la noche a la mañana, pasó de ser un pastor de ovejas anónimo a convertirse en el héroe nacional indiscutible; se convirtió en el yerno del rey y en el músico más aclamado del palacio. Poco tiempo después, fue nombrado capitán de los ejércitos, y su ascenso no parecía tener techo. La Palabra de Dios describe este momento de gloria absoluta con una claridad impresionante: "Y salía David a dondequiera que Saúl le enviaba, y se portaba prudentemente. Y lo puso Saúl sobre gente de guerra, y era acepto a los ojos de todo el pueblo, y a los ojos de los siervos de Saúl" (1 Samuel 18:5, RVR1960). Todo lo que tocaba prosperaba. La vida le sonreía, gozaba del favor divino y de una popularidad arrolladora. De hecho, el impacto de su fama fue tan grande que el pueblo le compuso su propia canción: "Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, Y David a sus diez miles" (1 Samuel 18:7, RVR1960). A Saúl, el rey de Israel, lo menospreciaron. David estaba en la cumbre, Dios caminaba con él y el éxito era su sombra diaria, tal como lo confirma la Escritura: "Y David se conducía prudentemente en todos sus asuntos, y Jehová estaba con él" (1 Samuel 18:14, RVR1960). Estaba en la cima del mundo, seguro de su destino... hasta que se le movió el piso, hasta que llegó el giro inesperado. Y es que esta es la parte más difícil de la arena movediza: todo te sonríe y, de pronto, el terreno se hunde.  La Biblia relata cómo el rey comenzó a mirarlo de reojo, envenenado por los celos: "Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David" (1 Samuel 18:9, RVR1960). La envidia fue tan grande que Saúl intentó matarlo clavándole una lanza contra la pared, no una, sino dos veces. De la noche a la mañana, literalmente, David lo perdió todo. Perdió su lugar de privilegio en el palacio, perdió la cercanía con su esposa, Mical; De hecho, no sabemos realmente si alguna vez pudieron disfrutar de su matrimonio, porque Saúl usó esa relación como trampa, mandando guardias a su propia casa para asesinarlo. Si no hubiera sido porque ella se entera del complot y lo ayuda a escapar de madrugada, la historia de David habría terminado ahí: "Y Mical descolgó a David por una ventana; y él se fue y huyó, y escapó" (1 Samuel 19:12, RVR1960). En un abrir y cerrar de ojos, el que era un héroe nacional comenzó a ser un fugitivo, el que era admirado y celebrado en las calles, ahora era perseguido y acusado de conspirador, la persona que gozaba del favor del rey, ahora cargaba con sus celos y su odio mortal. David comenzó a huir, escapando de un lugar a otro, sin descanso, durante mucho tiempo. Todo apunta a que David cae en un valle oscuro, en una de esas transiciones de la vida tan difíciles en donde te tienes que preguntar: "¿Qué hago yo aquí? ¿Cómo llegué a este punto y de dónde me agarro para seguir adelante?". Porque el hundimiento no se detiene; la arena movediza sigue tragando sus puntos de apoyo. Pierde a su esposa, y luego con el corazón roto, David pierde la cercanía y el apoyo de Jonatán, pierde a su mejor amigo, el hijo del rey Saúl. Desesperado, David corrió a las montañas y se fue a buscar refugio en la aldea de su mentor, aquel que lo había ungido: el profeta Samuel. Samuel era la persona que tenía la mejor y más clara visión del propósito y destino de David, porque fue Dios mismo quien le reveló el futuro de ese joven pastor. La Biblia lo relata "Huyó, pues, David, y escapó, y vino a Samuel en Ramá, y le dijo todo lo que Saúl había hecho con él. Y él y Samuel se fueron y moraron en Naiot" (1 Samuel 19:18, RVR1960). Quizás en esos pocos días en que estuvieron juntos escondidos, Samuel le dio instrucciones, le infundió ánimo, le dio palabra de parte de Dios y le explicó cosas que, aunque no están registradas en la Escritura, fueron el salvavidas emocional que David necesitaba. Pero la arena movediza lo seguía tragando: inevitablemente, Saúl se enteró del lugar donde se escondían y David tuvo que salir corriendo de nuevo, dejando atrás la aldea. Esa fue la despedida. Nunca más volvió a ver a su mentor. Poco tiempo después, la Escritura sella esta dolorosa pérdida definitiva: "Murió Samuel, y se juntó todo Israel, y lo lloraron..." (1 Samuel 25:1, RVR1960). Aquí la arena movediza termina de tragar todo lo que lo sostenía: Pierde el privilegio y la comodidad del palacio, pierde a su esposa, pierde a su mejor amigo, y ahora, pierde a su mentor espiritual; Prácticamente lo pierde todo, pierde hasta la dignidad de ser un hombre amado y aclamado por su pueblo. Despojado, solo y fugitivo, llega a su punto más bajo y termina refugiándose en las sombras de la tierra: "Yéndose David de allí, huyó a la cueva de Adulam..." (1 Samuel 22:1, RVR1960). Ese fue el fondo del abismo en su historia. Y seamos honestos: una cueva húmeda, fría y oscura no es un lugar bonito para vivir. Piensa por un momento en lo que verdaderamente significa estar en una cueva. No es un refugio acogedor, es un encierro oscuro, frío y húmedo; un espacio hostil que huele a abandono, donde habitan las sombras y el eco del vacío. Ponte en los zapatos de David, trata de dimensionar el impacto de que, después de haber vivido rodeado de tanta gloria, comodidades y éxito rotundo, tu única casa, tu única salida, sea el fondo de una caverna. En esa cueva no había ventanas para ver la luz, estaba rodeado únicamente por paredes de piedra fría, obligado a enfrentarse al silencio, a solas consigo mismo y con sus propios pensamientos en medio de la nada. ¿Estás tú en una cueva hoy? ¿Has perdido cosas que considerabas invaluables? Tal vez una amistad entrañable, una relación vital, tu familia, o cierto prestigio y estatus que te daba seguridad. ¿Te sientes así en este momento? Es muy probable que muchos de los que están aquí sepan exactamente lo que es estar en lo más alto y, de un momento a otro, perderlo absolutamente todo. Algunos han perdido la estabilidad que alguna vez disfrutaron; otros perdieron ese trabajo que tanto cuidaban, de pronto, miras a tu alrededor y te das cuenta de que todas esas cosas y personas que te rodeaban, en las que te apoyabas ciegamente, simplemente ya no están. Y ahí te encuentras, buscando desesperadamente de...
Acuérdate de mi (Pastor Andrés Mejía)
2026/08/23
El texto aborda el "sentimiento de abandono" como un dolor emocional profundo que genera reacciones físicas reales, como un vacío en el estómago, opresión en el pecho y un nudo en la garganta. Este sentimiento nace en el momento del alumbramiento y se va arraigando a lo largo de la vida al acumular heridas por la ausencia de los seres queridos.La enseñanza detalla los siguientes puntos clave: El objetivo del enemigo: Satanás busca que las personas se sientan abandonadas para aislarlas y lograr que tomen decisiones que las alejen del plan de Dios.Manifestaciones negativas: Este dolor se evidencia a través del miedo a la soledad, la dependencia emocional, el autoabandono por buscar aprobación, el temor a sufrir nuevas pérdidas y un fuerte complejo de inutilidad.Bloqueos emocionales: El abandono actúa como un anestésico que drena el gozo, impidiendo disfrutar el presente, distorsionando la imagen de Dios, generando idolatría relacional y esclavizando a la persona al miedo, al control y a la complacencia.La solución espiritual: La verdadera sanidad llega cuando se decide dirigir todo el dolor hacia Dios a través de un diálogo de fe. El texto enfatiza que Jesús soportó el desamparo total en la cruz para que las personas ya no tengan que vivir como huérfanos espirituales.El clamor de fe: Se invita al lector a clamar a Dios diciendo "Acuérdate de mí", lo cual representa una petición directa para activar su favor, socorro y salvación, tal como lo hizo el hombre crucificado junto a Jesús.
Amigo de Dios (Pastor Juan Carlos Gama)
2026/08/17
El Poder de la Amistad y la Lealtad Un vínculo transformador ¿Alguna vez te has detenido a pensar en el tremendo impacto que tienen las personas que te rodean? Piénsalo por un momento: si tienes a tu lado a alguien que te inspira, que te empuja a ir hacia adelante, que te desafía a alcanzar tus sueños y a ir mucho más allá de lo que creías capaz de hacer, entonces has encontrado un tesoro invaluable. Has encontrado a un verdadero amigo. Mi oración es que, a través de lo que vamos a compartir hoy, descubras el secreto para convertirte tú mismo en ese tipo de amigo incondicional para alguien más. Esa clase de amistad profunda y verdadera está sostenida por un pilar innegociable. Si alguien me preguntara cuál es la lección más importante y transformadora que he aprendido en la vida, o cuál es esa lección en mi caminar de fe que me ha cambiado radicalmente, diría que es aprender a ser leal y aprender a escoger bien a quién ser leal. En buena parte de mi vida no sabía lo que era ese concepto.  Deseo que el Espíritu Santo lleve esto muy profundo en tu corazón: escoge bien a quién ser leal. La lealtad es como un pacto, una alianza inquebrantable basada en la fe y el amor que une dos corazones en un propósito común. Este es un concepto de lealtad bíblica y espiritual que produce una bendición mutua.  El ejemplo de servicio: De siervos a amigos Este nivel de relación se ve perfectamente reflejado en la última noche de Jesús en la tierra. Los capítulos 13, 14 y 15 del evangelio de Juan describen esas conversaciones íntimas. En medio de la cena, Jesús se levantó, tomó una toalla y les lavó los pies a los discípulos. Lo que hizo al realizar la tarea de un siervo no le quitó nada de su señorío; seguía siendo el Maestro, pero les enseñó que debían servirse y amarse de la misma manera. Esa noche, Jesús elevó la relación a otra dimensión: los promovió a otro nivel de confianza e intimidad. Pasaron de ser siervos a ser amigos. Juan 15:15 (RVR1960) «Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.» Jesús los amó hasta el fin, hasta lo sumo. Nos enseñó que amar no es quitar, no es manipular y no es buscar el interés propio. El amor verdadero y más puro es altruista; se entrega de manera sacrificial. Juan 15:12-14 (RVR1960) «Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.» La lealtad primaria: Hacia Dios Para que nuestras amistades y relaciones terrenales funcionen, debemos entender hacia quién Dios nos llama a ser leales en primer lugar: el número uno es Él. Abraham, el padre de la fe, fue probado en su lealtad hacia Dios en un momento de gran lucha, cuando entendió que se le pedía entregar a su único hijo. Aunque no entendía por qué Dios le pedía esto, la Escritura nos dice que nunca dudó en su corazón del buen propósito de Dios. La primera lealtad a la que Dios nos llama es una lealtad sin compromisos, inquebrantable hacia Él, porque Dios es digno de esa lealtad.  Resolviendo conflictos en nuestras lealtades Habrá momentos en la vida donde nuestras lealtades entrarán en conflicto: hacia la familia, los líderes, la compañía donde trabajamos o el equipo al que servimos. Lo que nos va a ayudar a resolver ese conflicto es precisamente tener claras cuáles son nuestras prioridades. Si entiendes que tu lealtad principal es hacia Dios, eso te ayudará a escoger lo correcto.  Sadrac, Mesac y Abed-nego se encontraron en un conflicto cuando el rey de Babilonia ordenó a todos adorar una estatua. Siendo empleados públicos y líderes, se sostuvieron de pie sabiendo que eso significaba una sentencia de muerte. Estuvieron dispuestos a ir al horno de fuego antes que quebrantar su lealtad hacia Dios.  Daniel 3:17-18 (RVR1960) «He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has erigido.» Cuando la lealtad hacia una autoridad o incluso hacia un cónyuge conflige con la lealtad hacia Dios, los creyentes tenemos que escoger a Dios primero. La lealtad hacia la cual votes puede llevarte a tu destino o detenerte en el proceso.  El matrimonio y tus amistades: Caminando hacia el destino Después de Dios, la segunda persona a la que Él nos llama a ser leales es hacia nuestra esposa (o esposo). Esa lealtad somos llamados a honrarla y a guardarla a toda costa.  Malaquías 2:14 (RVR1960) «Y dijisteis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.» De igual manera, tus verdaderos amigos van a acercarte a tu destino. Si quieres saber a dónde vas a llegar en diez años, revisa quiénes son tus amigos hoy. Un verdadero amigo va a sacar lo mejor de ti y va a enseñarte que hay tesoros adentro que a veces ni tú mismo ves.  Proverbios 17:17 (RVR1960) «En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.»  En tiempos de prueba: El buen consejo vs. La deslealtad El verdadero amigo se pone en la brecha por ti en los momentos difíciles. Sin embargo, no todos saben ser amigos en la prueba. A Job le pasó: perdió todo, y sus amigos de antaño, en lugar de consuelo, le trajeron acusaciones por una mala teología. Fue muy duro, pero Job nos enseña que la clave para avanzar es perdonar y bendecir a esos amigos que fallaron. Job 42:10 (RVR1960) «Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job.» Honorabilidad, trabajo y amistades destructivas Esto nos enseña cómo conducirnos en el entorno laboral o ministerial. Mientras estés en una compañía, necesitas ser honorable y leal, identificándote con los valores y con la visión de la persona que lo lidera. Cuando haya conflictos, resuélvelos de frente, con amor y respeto. Abstente de criticar por la espalda; criticar la mano que te da de comer es desleal.  Asimismo, cuida a quién le entregas tu amistad íntima. Hay personas que están en el piso porque quieren estar allí; es más fácil cultivar malos hábitos que llevar una carga. A veces queremos ser salvadores de personas que no quieren ser salvadas. Proverbios 22:24-25 (RVR1960) «No te entremetas con el iracundo, Ni te acompañes con el hombre de enojos, No sea que aprendas sus maneras, Y tomes lazo para tu alma.» Valora, en cambio, los consejos de los verdaderos amigos que te hacen ver tus puntos ciegos: Proverbios 27:9 (RVR1960) «El ungüento y el perfume alegran el corazón, Y el cordial consejo del amigo, al hombre.» Un pacto personal: Lealtad vs. Fidelidad Es vital entender que la lealtad no es lo mismo que la fidelidad: La fidelidad trata de cómo manejas lo que se te confía en las manos y cómo lo multiplicas:  Mateo 25:21 (RVR1960) «Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.» La lealtad, en cambio...
Chivo Expiatorio (Pastor Alejandro Roncancio)
2026/08/09
"Chivo Expiatorio" 1. Dejar de buscar culpables y asumir la responsabilidad personal La tendencia de culpar a otros: Es común culpar al gobierno, al entorno, a la iglesia o a Dios por nuestros problemas, una costumbre que viene desde el Edén (Génesis 3:12-13).Autoevaluación: Antes de señalar la paja en el ojo ajeno, la madurez espiritual nos exige sacar la viga de nuestro propio ojo (Mateo 7:3-5) y examinar nuestras propias obras (Gálatas 6:4-5).2. El deber intransferible de los padres en el hogar Instrucción y crianza: La formación espiritual y moral de los hijos es responsabilidad de los padres (Deuteronomio 6:6-7, Efesios 6:4), no del colegio, los abuelos ni la iglesia.Consagrar el hogar (Chanak): De acuerdo con Proverbios 22:6 (RVR1960), "instruir" significa dedicar y consagrar solemnemente el hogar a Dios a través del tiempo en familia, la oración y la lectura bíblica.El ejemplo activo: La enseñanza más impactante se da con el ejemplo diario en lo privado (1 Corintios 11:1, Santiago 1:22, Lucas 6:45).3. La ley inquebrantable de la siembra y la cosecha Lo que se siembra en casa es lo que se recoge: Según Gálatas 6:7-8 (RVR1960), no se puede sembrar maltrato, gritos o descuido y esperar paz o respeto de los hijos.Dios hace milagros, pero requiere nuestra parte: Las excusas no resuelven los problemas; Dios no hará lo que nos corresponde hacer a nosotros, como dedicarle tiempo de calidad a la familia.4. El rol complementario de la iglesia Apoyo, no sustituto: La iglesia apoya, potencia y enseña la Palabra, pero no reemplaza el gobierno espiritual ni la siembra diaria que debe hacerse dentro de la casa (Proverbios 14:1, Josué 1:8).Conclusion: Es momento de dejar las excusas, dejar de buscar un "chivo expiatorio" y asumir el liderazgo espiritual del hogar. Con fe, oración, ejemplo y la promesa de Hechos 16:31 (RVR1960) ("Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa"), la restauración familiar empieza por la decisión diaria de rendir el corazón ante Dios.
Del Caos al Orden (Pastor Diego Ardila)
2026/08/02
Cita clave:1 Timoteo 3:2 (RVR1960): «Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar;»1. El diagnóstico: ¿Cómo llegamos al caos? Pérdida de rumbo: El desorden aparece cuando permitimos que malas relaciones, falsas promesas, emociones descontroladas o malas amistades tomen la batuta de nuestra vida.El peligro de la autoconfianza: Pensar que con nuestro propio criterio podemos salir del lío solo nos hunden más. El cambio empieza al sujetar nuestra vida a la autoridad de Jesús.2. Madurez espiritual: Gobernar la propia vida Carácter sobre talento: Pablo no le pide a Timoteo dones espectaculares, le pide carácter, dominio propio y fidelidad. La verdadera espiritualidad no busca aplausos, validación ni protagonismo, busca transformación interna.Un mandato, no una sugerencia: La Palabra no dice "sería bueno", dice «es necesario».Liderar exige gobernarse: No podemos velar por nuestra familia, finanzas o comunidad si ni siquiera podemos controlar nuestras propias palabras, arranques de ira o impulsos.3. El llamado a ser irreprensibles (Intachables) Coherencia, no perfección inalcanzable: Ser irreprensible no significa ser perfecto, sino ser recto e íntegro. Que lo que hablas en público sea lo que vives en privado, incluso cuando nadie te ve.Fuerza ante la tentación: Es tener la convicción de rechazar el dinero fácil, las trampas morales o las pasiones desordenadas, manteniendo la transparencia en el matrimonio, la familia y el trabajo.4. Debilidad vs. Esclavitud La diferencia es el control:Debilidad: Es una lucha constante en la que, con la ayuda de Cristo, mantienes el control y buscas la victoria.Esclavitud: Es cuando la falta de dominio propio (pornografía, chisme, ira, mentira, avaricia) te gobierna y decide por ti.Decisión de cambio: El enemigo conoce los puntos débiles para desordenarnos, pero la victoria empieza al tomar la decisión firme de asumir el gobierno de nuestra vida bajo el poder de Dios.💡 Conclusión El orden de Dios no se compra, pero exige la decisión de madurar, dejar de ser "niños espirituales" y desarrollar un carácter firme. Si arreglas tu carácter en Cristo, tu hogar, tus finanzas y tus relaciones se van a ordenar por añadidura.
Familias de Cartón (Pastor Alejandro Roncancio)
2026/07/27
Gálatas 4:29 "Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora. "  Quiero invitarlos a analizar la historia y meternos en la intimidad de una de las familias más conocidas de la Biblia: La familia de Abraham y Sara: Dios les había dado una gran promesa, pero los años pasaban y nada que se cumplía. Así que, en medio del desespero, decidieron hacer lo que muchos de nosotros hacemos hoy en día: intentar "ayudarle" a Dios con una solución puramente humana. De esa decisión nace Ismael. Fue un hijo producto de la carne, del afán y de la lógica humana, no del diseño del Espíritu. Sara y Abraham armaron una solución que, por encima, parecía resolver el problema, pero que en el fondo era frágil y trajo mucho dolor tanto en la vida de Sara como también en la vida a Agar. Construyeron una solución "de cartón". Y las consecuencias de intentar forzar las cosas en sus propias fuerzas, en lugar de esperar la promesa de Dios, generaron conflictos familiares tan profundos que aún en el día de hoy podemos ver las consecuencias. Precisamente sobre este contraste entre lo que hacemos en nuestras fuerzas y lo que Dios hace a través de su Espíritu, es que el apóstol Pablo nos habla hoy en su carta a los Gálatas: "Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora." — Gálatas 4:29 (RVR1960) Es interesante ver los dos planos que el apóstol Pablo propone para llevar a los gálatas a reflexionar; los lleva a analizar cuándo algo proviene del Espíritu y cuándo algo proviene de la carne. Por eso, me centré en este pasaje para estudiar un poco a esta familia, ya que el apóstol Pablo la trae a colación. Vamos a revisar los peligros que amenazan a las familias, esos desafíos por los cuales todos atravesamos en estos tiempos. A menudo nos enseñan cómo construir una familia, cómo formarla y cómo convivir en ella, pero solemos perder de vista los errores que nosotros mismos generamos. A veces queremos que nuestras familias mejoren y sean transformadas, pero los cambios que proponemos son meramente humanos; y cuando son de origen humano, lastimosamente no son permanentes, sino pasajeros. Lo explico de esta manera: si intentas imponer reglas en tu hogar motivado por la ira, el resentimiento o el mal carácter, tal vez consigas resultados temporales, pero no lograrás un cambio real. Podrás infundir temor, pero nunca una verdadera transformación. Y cuando escudriñamos la Palabra para entender por qué sucede esto, descubrimos una gran verdad que hoy quiero compartir contigo y con todas las familias que me escuchan: la única forma de que un hogar sea verdaderamente transformado es a través del Espíritu Santo. Podemos acumular riquezas, alcanzar un alto nivel educativo, tener prestigio social o mucho reconocimiento, pero hoy vengo a decirte que la única manera de edificar una familia sólida es mediante el poder del Espíritu Santo. Si deseas tener una buena familia, necesitas a Cristo. Todo lo demás es bienvenido (los recursos económicos, que tus hijos estudien en un excelente colegio o en una gran universidad), pero absolutamente nada podrá reemplazar la presencia de Dios en un hogar. Cuando permites que la presencia de Dios reine en tu casa, tendrás una familia bendecida para Su gloria. Si Cristo está en la casa, la familia avanza. Cuando Cristo gobierna el hogar, este trasciende hacia el propósito que Dios ha trazado para él.  A la manera de Dios o a mi manera Ahora, ¿qué pasa cuando los cambios y la transformación en una familia no nacen del Espíritu? Entonces provienen de tus opiniones, provienen de tu crianza. Muchas veces decimos: "Es que así me criaron a mí". Entonces, como tu papá cogía un palo, tú ya también tienes un palo; y como tu mamá tenía una chancla, tú también andas por ahí armado con una chancla en la cintura porque así te criaron.  Hoy no vine a hablarte de tu crianza, hoy vine a hablarte del poder del Espíritu de Dios para que transforme a la familia. No vine a hablarte de lo que viviste en los tiempos de tus abuelos, vine a decirte que Dios está interesado en tu familia para traer una transformación a través del Espíritu, y no por métodos humanos. Cuando permites que Cristo intervenga en tu familia, entonces ya no serán tus opiniones ni tus emociones las que manden, porque actuar bajo nuestras emociones hace que, en lugar de arreglar las cosas, empeoren mucho más. Lo que nace de la carne se daña, pero lo que es del Espíritu permanece. Por eso te decía que esos cambios que hacemos en nuestra carne, si son normas, están muy bien, pero hay que ungirlas con el Espíritu Santo en oración, hay que pedir que Dios nos guíe y nos hable para que las cosas realmente puedan mejorar, porque cuando lo haces solo a tu manera, el hogar va por un camino en cierta temporada y por otro muy distinto en otra. Veo en la Biblia que el apóstol Pablo menciona a Isaac y a Ismael para hacer el paralelo entre cuando Dios mete la mano y cuando el hombre mete la mano. Si hemos traído al psicólogo para que nos ayude en casa, no está mal. Si hemos acudido al médico, no está mal; o al arquitecto... Hacemos tantas cosas por nuestra casa en lo físico, en la estructura, en lo mental y en lo emocional. Pero hoy vine a decirte: invita a Cristo a que viva en tu casa, no solo a que la visite. Cuando Cristo vive en la casa, a la casa le va bien, es bendecida, los hijos son bendecidos, el matrimonio es bendecido. No a tu manera, sino a la manera de Dios. Como un ejercicio pedagógico y para que lo recuerdes, quiero que lo pienses así: vamos a definir si en nuestra casa estamos haciendo las cosas a la manera de Dios o a tu manera. Tenemos la tendencia a querer hacerlo a nuestra manera, nos gusta, entonces nos imponemos y decimos cosas como: "¡Aquí se va a hacer así!". Ese tipo de actitudes demuestran que en esa casa se están haciendo las cosas a tu manera. Y hoy te estoy hablando de hacerlas a la manera de Dios.    El Gobierno del Espíritu en el Hogar Cuando estaba estudiando un poco la historia de Isaac e Ismael, yo decía: "Señor, ¿cómo es posible que estos dos nunca pudieron estar en paz?". Ismael venía de un actuar de la carne, y ese actuar siempre terminó persiguiendo a lo que venía del Espíritu. Cuando en una casa no se le entrega el gobierno a Dios para que el Espíritu de Dios la gobierne, entonces otras cosas comienzan a gobernar: no gobierna el Espíritu de Dios, gobierna tu temperamento; no gobierna el Espíritu de Dios, gobiernan tus ideas o lo que tú quieres. Hoy vengo a decirte que, cuando el Espíritu Santo está en tu vida, lo que va a gobernar no son tus deseos, sino los frutos del Espíritu Santo. Podrás tener amor por tus hijos, habrá gozo y paz en el entorno. Ve, estudia los frutos del Espíritu, y te darás cuenta de lo que es una verdadera familia y una verdadera casa. Porque cuando una familia se construye sin Dios, termina luchando contra lo que viene de Dios. A una familia que no está construida por el Señor no le gusta orar, porque eso viene del Espíritu. No le gusta hacer el devocional, porque eso viene del Espíritu. No le gustan las normas ni hacer lo correcto, porque eso viene del Espíritu. Entonces los hijos quieren entrar a la hora que les da la gana a la casa, porque eso no viene de Él, viene de cómo se está manejando nuestra casa según la carne. "Es que todos los amiguitos en el colegio...", para ahí. "Es que en la universidad se hace...", pero es que nuestra casa no puede estar ...
El Corazón de Abum (Pastor Alejandro Prieto)
2026/07/19
Lucas 15:11 en adelante La historia de un amor incomprensible La historia que estamos por leer es conocida para toda la iglesia, pero hoy quiero que conozcas más el corazón de Abum (término utilizado por Jesús en lengua Aramea cuando hablaba con Dios, término similar en Griego de Abba) y además enseñarte algunos aspectos de esta parábola que Jesús narró. Con esta parábola, Jesús quiso re enfocar la atención del mundo religioso de su época a la esencia del corazón de Dios. Lucas 15:11-13 (RVR1960) "También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada, y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente." La desfachatez de pedir la herencia Esta historia nos muestra el día a día de una familia: un padre, dos hijos, una finca, mucha abundancia y mucho trabajo. Pero, de un momento a otro, el hijo menor tiene la desfachatez y el atrevimiento de pedirle a su padre su parte de la herencia en vida. Al pedir esto, está comprometiendo incluso la economía de su padre, ya que al dividir la herencia, el anciano tiene que entregar una gran parte de su patrimonio. Pensemos por un momento en el dolor que le causó; el padre pensaba que su hijo estaba feliz trabajando a su lado, y de pronto recibe este golpe de exigirle lo suyo. Esto nos hace entender que, cuando el muchacho regresa, lo que queda en la finca es realmente la parte del hijo mayor. Las implicaciones son muy fuertes, en el fondo es decirle a su padre: "no me importa cómo sobrevivas en tu vejez, yo quiero mi mundo, mi vida, mis derechos, lo mío; no me importas tú".  El hijo menor hizo exactamente lo opuesto a este mandato: deshonró a su padre al máximo nivel, tratándolo como si ya no le importara su vida. Al romper ese mandamiento, automáticamente se desconectó de la promesa. Por eso la historia da un giro tan drástico: como no honró a su padre, no le fue bien. Perdió su dinero, perdió su dignidad y terminó en la ruina deseando comer lo que le daban a los cerdos. La iglesia tiene que entender que honrar a los padres y a Dios no es solo un tema de reglas o respeto, sino de protección y bendición para nuestro propio futuro.  ¿Cuántas veces hacemos nosotros lo mismo? Nos acercamos exigiendo nuestros derechos, buscando nuestras bendiciones y “nuestra parte”, pero olvidándonos por completo de cuidar nuestra relación con quien nos lo da todo. “Hoy en día la falta de honra a los padres está acabando con la vida de los hijos, llevándolos a brotes de maldición, enfermedad, ruina, dolor, sufrimiento; La Palabra dice en Efesios 6:2-3 “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.” La seducción de una ciudad lejana Cuando trato de averiguar qué pasó en el corazón de este muchacho, me lo imagino en sus años de juventud, trabajando duro de sol a sol, limpiando establos y recogiendo cultivos. Su padre pensaba que estaba formando a un heredero, pero no sabía que, en el fondo, alguien le había robado el corazón a su hijo. El plan estaba amañado; cuando pidió la herencia, ya sabía a dónde ir: a una ciudad distante, lo más lejos posible de su papá. Me lo imagino recostado en la cerca de la finca, viendo a la gente pasar y escuchando historias sobre la ciudad de la diversión, ese lugar donde la vida comienza justo cuando el sol se oculta. Al ver las luces de esa ciudad noche tras noche, comenzó a soñar. Poco a poco, su corazón se fue despegando de su padre, sin darse cuenta de que, al hacerlo, perdía su propia identidad. Creía que no tenía nada, pero en realidad lo tenía todo en el amor de su papá. La lejanía con el Padre no comienza con un viaje físico, sino con una mirada constante hacia lo que el mundo ofrece. Es la tragedia de olvidar quiénes somos y menospreciar el amor incondicional por culpa de un espejismo. El origen de nuestro valor y propósito Esta historia del hijo pródigo, en la cual él pierde la conexión con su padre, es nuestra propia historia. A veces, teniéndolo todo, te dejas engañar por la seducción del enemigo que te susurra: "No necesitas depender de tu Padre para llegar a alguna parte, puedes hacerlo por ti mismo". Al dejarte seducir y rebelarte, pierdes el vínculo y tu propia identidad. Tú vienes del aliento del padre, él fue el que sopló en nosotros y nos hizo seres humanos, y tenemos dignidad porque venimos de Dios, porque venimos de él. Él es tu fuente, él es el que te da propósito y te da identidad. Cuando tú estás conectado con él, recibes el sentido, propósito, fuerza y sueños de Dios que le dan sentido a tu vida. Pero cuando te rebelas contra él, pierdes el tesoro más grande. Y aunque el pródigo peleó por una cosa material porque lo material le había robado el corazón, en realidad perdió lo más valioso que era la amistad de él con su padre. La Palabra nos recuerda en Santiago 1:17 (RVR1960): "Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación." Todo lo bueno y perfecto desciende a ti de parte de Dios tu padre, quien creó todas las luces de los cielos, él nunca cambia ni varía como una sombra en movimiento. Él es perfecto, él es luz, él es tu fuente, él es tu defensa, él es tu abogado, él es tu Dios, él es tu padre, tu mejor amigo, él es tu refugio, él es tu casa, él es tu Señor. Y el pródigo nunca entendió que desligarse del Padre, lo perdió todo, porque el que tiene al padre lo tiene todo. Qué triste cuando peleas por cosas, porque quieres que el padre te dé cosas a costa de él, cuántas veces buscas bendiciones sin darte cuenta de que, el que tiene al dador de las bendiciones lo tiene todo. Si tú has probado cualquier cosa buena y edificante, probaste un regalo que sólo viene de Dios. El tener el amor de un padre, de una madre, lo inventó Dios. El poder tener el beso de una amada, lo inventó Dios. El besar a un hijo en la frente, lo regaló Dios. Tu salud la regala Dios, la bendición en los negocios lo regala Dios, el salir en la vida adelante es un regalo de tu Padre celestial. Cuenta tus bendiciones porque detrás de esas bendiciones está tu Padre celestial. La peor tragedia humana no es perder cosas materiales, sino perder nuestra identidad y nuestro propósito al desconectarnos de nuestra única fuente de vida: nuestro Padre celestial. El que tiene al Padre, lo tiene absolutamente todo. La ilusión del mundo y la verdadera miseria El hijo pródigo pensó que la vida era hacer lo que le daba la gana, lejos de la obediencia. Pero quien se desliga del amor del Padre, se somete a la esclavitud de sus propios deseos. Lucas 15:14-16 (RVR1960) "Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba." Regresa no como un noble, sino como un reo: sucio, rapado y maloliente. El mundo nos engaña haciéndonos creer que vivir alejados de Dios es libertad, pero nos encadena a la búsqueda de fama y de posesiones. Nos pone a competir con todos para demostrar que valemos ...
Desgraciados (Pastor Andrés Mejía)
2026/07/12
Introducción: El amor que se inclina Hace algunos años, alguien dijo: "El amor que se inclina es GRACIA". Me convertí al Señor conociendo la gracia como el favor inmerecido de Dios hacia nuestras vidas, y por mucho tiempo pensé que solo esa expresión lograba describir todo lo que significaba. Sin embargo, encuentro que, a lo largo de la historia de la iglesia, encasillar virtudes eternas en definiciones estrictas nos ha dejado cortos en el entendimiento y disfrute de la realidad de Dios. O, como bien dice un amigo: hemos puesto puntos finales en asuntos que realmente llevan una coma. "Gracia" es una de las palabras más frecuentes en la Biblia; aun así, en las Escrituras no aparece una definición exacta acerca de ella. Lo que sí podemos ver claramente es su impresionante obrar de amor y el testimonio de hombres que vivieron llenos de esta virtud. La multiforme gracia de Dios Pero lo peor que podríamos hacer es quedarnos en la orilla. Ante un mar inmenso como lo es la gracia, necesitamos urgentemente una experiencia más profunda con todo su contenido: con sus diversas expresiones, con su realidad, con su obra de justificación, con su poder transformador y con el privilegio de estar sentados en una mesa donde podemos comer de Cristo permanentemente. La gracia es como un diamante; si lo miras por encima, ves una sola gran pieza; pero si lo observas con detalle, podrás ver que está conformado por muchos lados. Esta es una maravillosa alegoría de lo que podemos encontrar en la Escritura: 1 Pedro 4:10 (RVR1960): "Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios." En su sentido más puro, la palabra multiforme significa: abundante, mucho, variado, grande, de múltiples tipos. Las expresiones de la gracia Miremos por un momento algunas descripciones que la Biblia nos muestra acerca de la gracia: Salvados por gracia: Efesios 2:4-5 (RVR1960): "Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)”.Justificados por gracia: Romanos 3:23-24 (RVR1960): "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”.Perfeccionados por su gracia: 1 Pedro 5:10 (RVR1960): "Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.”Gracia suficiente: 2 Corintios 12:9 (RVR1960): "Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.”Fortalecidos por la gracia: 2 Timoteo 2:1 (RVR1960): "Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús." Más que una puerta a la eternidad La gracia de Dios no simplemente nos abrió la puerta a la vida eterna, también nos hizo contenedores de plenitud. Nos colocó en Cristo, el lugar donde el pecado está muerto para nosotros, y nosotros para él. Nos sostiene y nos sustenta, se vuelve nuestra fortaleza y libertad, y hasta el último día de nuestras vidas, trabaja en lo profundo de nuestros corazones conformándonos a la gloriosa imagen del Hijo de Dios. Todo en la vida del espíritu es gracia. No hay llamado, avance, fruto, revelación o servicio que no sea para la alabanza de la gracia divina que opera en el corazón de los hijos de Dios. El estándar de la ley presentaba al corazón del hombre una posición inalcanzable, que dejaba en evidencia su incapacidad de salvarse a sí mismo de su naturaleza pecaminosa. Pero la gracia se entregó en una cruz, el lugar donde el corazón del Padre quedó satisfecho eternamente; y, por medio de ella, podemos vivir todo lo que es Cristo en nosotros. Cristo: La gracia en nosotros Si dejas de contemplar por un momento la gracia de Dios, solo verás las ruinas, miserias e incapacidades de un corazón endurecido que intenta producir buenos frutos para Dios por sus propias fuerzas. Pero qué asombroso e inexplicable es el amor de Cristo, quien es la gracia misma en nosotros; el único que cumple todo lo que el Padre espera. Cristo habita en nosotros y conquista todo nuestro interior. Se convierte en el fruto, la medida y la expresión de la verdadera adoración; esa obediencia que el Padre cosecha de su iglesia. La gracia salva, transforma, restaura, sostiene, corrige, enseña, bendice y abre puertas. Es una llave que cambia todo a tu favor; la gracia es una protección constante. Los enemigos de la gracia Todo lo que digamos de la gracia realmente se quedaría corto. Sin embargo, hay actitudes, mentalidades y conductas que muchas veces llegan a atropellarla o a convertirse en sus enemigas. Cuando hablo sobre los enemigos de la gracia, me refiero a todo aquello que endurece el corazón, daña lo que hemos recibido, apaga la sensibilidad espiritual, reemplaza la dependencia de Dios o convierte lo santo en algo común, destruyendo así lo que Dios ha depositado en nosotros. El orgulloEl primer enemigo de la gracia es el orgullo. Nace de un corazón que, aunque recibe, no se deja transformar. Muchas veces el problema no radica en lo que Dios nos da, sino en nuestra falta de transformación personal a pesar de haberlo recibido. Santiago 4:6 (RVR1960): "Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes." La actitud de tu corazón determina si el nivel de gracia en tu vida aumenta. Si recibes gracia pero hay orgullo en tu interior, esa gracia se estanca en ese nivel. En cambio, si respondes con humildad, Dios derrama aún más, porque sabe que esa abundancia no te hará daño ni se convertirá en un estorbo. La soberbia aparta al hombre de Dios. Aunque todos hemos recibido gracia, no todos tienen el mismo nivel de ella, porque en la gracia se crece de acuerdo a la medida de nuestra humildad. Mira al rey Saúl, comenzó dependiendo de Dios, pero al recibirlo todo, respondió con orgullo, creyendo que sus logros eran mérito propio. El orgullo te desvincula de la gracia porque te hace creer que ganas las cosas por tu propio esfuerzo o por los "precios" que has pagado. Ningún precio que tú pagues se puede comparar con el que pagó Cristo; todo lo que logras es puramente por la gracia de Dios. El orgullo te hace pensar que no tienes necesidad de nada, mientras que la gracia siempre te llevará a depender completamente del Señor. No se trata solo de las victorias que vives, sino de cómo responde tu corazón a la gloria que experimentas. A veces el fluir de Dios se detiene porque en lugar de humildad nace la soberbia, y el corazón no está listo para manejar lo que se ha derramado. El legalismoEl segundo enemigo es el legalismo, el cual intenta merecer por esfuerzo propio lo que solo se puede recibir por gracia. Lucas 18:9-14 (RVR1960) nos muestra un claro ejemplo: "A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templ...
Circulos de Destrucción (Pastor Juan Gama)
2026/07/06
Romanos 12:2 (RVR1960) "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta." Una de las mayores frustraciones que vivimos como creyentes es enfrentarnos a la dura realidad de que pasan los años, pero en el fondo, seguimos siendo los mismos. Hay quienes llevan años escuchando la Palabra, viviendo en la iglesia, llorando en el altar y profesando una fe, pero su realidad no cambia. No logran salir del pecado, del bache, del conflicto emocional, de la herida profunda o de la situación que los atormenta. Existen personas desgastadas de pelear la misma batalla una y otra vez, atrapadas en un círculo de destrucción. Pasan los años y sientes que no avanzas, que estás anclado en el mismo lugar. A esto solemos llamarlo estancamiento, pero en realidad, es la falta de transformación lo que te impide ir más allá. Es doloroso mirar atrás y reconocer: "Sigo siendo el mismo". El mismo airoso, el mismo criticón, el mismo peleonero. Si eres sincero contigo mismo, te das cuenta de que aprendes mucho, pero cambias poco. Mantienes los mismos problemas matrimoniales, las mismas crisis emocionales y la misma falta de paz al dormir. Te han dicho incontables veces que el Evangelio es transformación, pero no ves ese fruto en tu vida. A veces vivimos en una encrucijada. Recibimos profecías que aseguran que "todo está bien", pero la realidad nos grita lo contrario. Venimos a la iglesia, recibimos una inyección del Espíritu, y todo parece perfecto mientras dura el culto. Sin embargo, apenas te subes al carro, estalla una pelea por cualquier insignificancia: por qué te demoraste, qué hacías en el teléfono, o quién te estaba mirando. El ambiente se calienta, terminas discutiendo y te preguntas: "Si acabo de salir de tu gloria, si acabo de salir de tu casa, ¿por qué sigo igual?". En la iglesia cantamos y gritamos con alegría extrema, pero al llegar a casa te topas de frente con tu realidad. Necesitas medicarte para dormir, la depresión te persigue, el dolor físico o emocional es constante, y el sufrimiento no cede. Y entonces te cuestionas: "Estoy en el lugar correcto, en la atmósfera correcta, le he entregado mi vida a Dios... ¿Por qué no hay un cambio visible?". Si te has hecho esta pregunta, es momento de llegar a un punto de quiebre y declarar: "Lo que no he logrado en tantos años, necesito que suceda ya". Romanos 12:2 (RVR1960) "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta." La palabra transformación implica un cambio absoluto. "Trans" significa ir más allá de la forma. Quizás te molesta que te digan que te pareces a tu papá o a tu mamá. Tal vez rechazas ese parentesco físico porque, en el fondo, sabes que también heredaste su forma de ser: tu papá gritaba, tú gritas; tu papá se enojaba, tú te enojas; tu papá tenía adicciones, y tú sigues atado a las tuyas. Cuando te enfrentas a esa realidad, te das cuenta de que esa forma no te agrada. Sabes de dónde viene, pero la pregunta es: ¿cómo salir de ahí? Por eso la Biblia exige transformarnos. Es dejar atrás la herencia negativa y empezar a parecernos al Señor. Cinco llaves harán que tu vida cambie, cinco razones por las cuales no has logrado cambiar: 1. Tienes que morir Juan 12:24-25 (RVR1960) "De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará." ¿Sabes por qué no cambias? Porque no hay cambio sin muerte. Asumir esta transformación es una responsabilidad ineludible, especialmente porque hay una generación detrás de nosotros que necesita ver ese cambio. Quienes somos padres sabemos el daño irreparable que causamos cuando vivimos sin ser transformados. Nuestra naturaleza humana busca alivio, bendición y prosperidad. Sin embargo, el Espíritu de Dios exige que mueras a ciertas cosas; que renuncies a aquello que deforma tu vida. Queremos el cambio, pero nos negamos a morir a nuestro deseo de tener siempre la razón. Cuando discutes, te cuesta terminar el conflicto y admitir: "Tienes razón, perdóname, me equivoqué". Al contrario, buscas el problema porque esa genética del hogar en el que creciste —donde todos gritaban a la vez y los conflictos eran interminables— aún vive en ti. Hay áreas en tu vida a las que no les has dado muerte: a tu carácter explosivo, a tu lengua destructiva, al enojo que se apodera de ti por cualquier motivo. Para vivir una vida nueva, lo viejo tiene que morir. 2. Dios quiere tratarte 2 Reyes 5:10 (RVR1960) "Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio." La historia de Naamán nos muestra a un hombre leproso y necesitado que llegó ante el profeta Eliseo buscando sanidad. La instrucción fue simple: sumérgete siete veces en el río Jordán. ¿Su reacción? Empezó a quejarse. Tenía la lepra, tenía la necesidad, pero rechazó el tratamiento. ¿Por qué solemos rechazar el trato de Dios? Porque a nuestra naturaleza no le gusta la humillación. Para Naamán, meterse al río representaba descender, y a todos nos encanta ir de gloria en gloria, pero ignoramos que la verdadera sanidad comienza por descender. 2 Reyes 5:11 (RVR1960) "Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra." Naamán esperaba ser sanado de pie, con honores, pero el profeta lo mandó a humillarse. ¿Cuántas veces intentamos imponerle a Dios nuestro propio tratamiento? Decimos: "Esa persona tiene que venir a pedirme perdón", pero olvidamos a todos los que nosotros ofendimos y nunca buscamos para disculparnos. A nadie le gusta bajar la cabeza y decir "me equivoqué". Nos encanta escuchar que nos den la razón, pero el orgullo nos impide darla. 3. Así soy yo y que Juan 5:5-6 (RVR1960) "Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?" Este paralítico llevaba 38 años en la misma condición, y su postura reflejaba que ya se había acostumbrado a su enfermedad. ¿Cuántos años llevas hablando mal, alterándote y destruyendo con tus palabras? ¿Hasta cuándo justificarás tus errores diciendo "así soy yo", mientras exiges que toda tu familia cambie? Te acostumbraste tanto a tus defectos que crees que esa es tu identidad definitiva. Eres tú, sí, pero eres la versión que necesita desesperadamente ser transformada. La meta de un creyente es cambiar todos los días. Al mirar tu pasado, no deberías reconocer a la persona que fuiste. Pero si vives culpando a tu trabajo, a tu jefe, a tu ciudad o a tus padres, jamás avanzarás. David y José crecieron en familias llenas de conflictos, caos y rechazo, pero nunca usaron eso como excusa ni maldijeron a los suyos. ¿Hasta cuándo culparás a tus padres? Ellos te dieron lo que sabían y lo que tenían. En lugar de enojarte con el sistema, con tu jefe o con el mundo entero, enójate contigo mismo. Haz como el apóstol Pablo, que libraba una batalla interna constante porque se negaba a conformarse con sus propios errores. Párate frente al espejo y decide que ya no serás la misma persona. Tienes en...
Solo una cosa (Pastor Diego Ardila)
2026/06/29
Quiero que hoy pongamos toda la atención a un evento que ocurrió con Jesús y dos mujeres totalmente opuestas: María a los pies del Señor, Martha en medio de sus ocupaciones diarias, alejada totalmente del Señor, con una vida espiritual pobre y con un sin número de actividades. Dice Lucas 10:38-42 "38 Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. 39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. 40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. 42 Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.” Jesús interviene en esta escena y nos dice algo radical: hay una sola cosa por la que realmente debemos preocuparnos. No nos dice que hay diez, ni siete, ni cuatro. Solo una. A lo largo de los evangelios, vemos que a Jesús no le impresionan las actividades de los hombres; A Él le agradan las personas que saben establecer sus prioridades y no solo el hacer por hacer. Hoy te pregunto: ¿Cuáles son tus prioridades? ¿A qué le estás dando verdaderamente el primer lugar en tu vida? Algunos viven obsesionados con mantenerse activos, pero ese exceso de actividad —ese afán de querer cumplirle a todo el mundo— te está llevando a perder efectividad. Te metes en tantas cosas al mismo tiempo por no saber decir "no", que al final del día terminas dándote cuenta de que no haces bien ni lo uno ni lo otro. La cultura de hoy nos vende la mentira de que tener una agenda a reventar y vivir permanentemente ocupados es sinónimo de éxito. ¡Gran error! Nos hacen creer que si no nos queda ni un hueco en el día, si no tenemos tiempo para jugar con los hijos o para sentarnos a comer tranquilos, entonces somos personas eficaces. Pero la realidad es que una vida verdaderamente vacía es aquella que está llena de movimiento desde la mañana hasta la noche, corriendo de un lado a otro solo para mantener a los demás contentos. Si no tienes una mañana tranquila, si perdiste el espacio para preparar un buen café y sentarte a disfrutarlo en paz, o si ni siquiera te permites el lujo de aburrirte un ratico para dejar que la mente divague, has perdido la quietud. Y no lo olvides: los grandes descubrimientos y las mejores decisiones de la vida nacen de la quietud, no del ruido de las exigencias de la gente. Jesús lo dijo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar." (Mateo 11:28, RVR1960) Cristo tiene el poder de darte verdadero descanso, pero mientras sigas concentrado en cumplir las expectativas de los demás, tu vida no va a avanzar. Hay batallas que son buenas, pero tú no tienes que pelearlas todas. Sencillamente, no puedes decirle "sí" a todo el mundo. ¿Y sabes por qué nos cuesta aplicar este principio? Porque en el fondo, nuestro mayor problema es querer quedar bien. Ese afán de decirle que sí a todos y de estar metidos en todo nace de una profunda necesidad de aprobación. Parece que hoy en día somos especialistas en agradar a todos menos a Dios. Nos obsesiona tanto cumplir las expectativas y llenar las necesidades de la gente, que perdemos de vista a quién debemos rendirle cuentas de verdad... Quiero contarles un momento específico de lo que vivió un hombre que todos conocemos “Moisés” En Números 20:12 (RVR1960) "Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado." Esta fue una dura sentencia para quienes habían acompañado al pueblo casi 40 años; aguantando, caminando y ayudando. Pero, lastimosamente, en ese momento se perdió el foco, se perdió el enfoque y se perdieron los estribos. Intentar agradar a los hombres a costa de tu relación con Dios es el peor error que puedes cometer. Cuando cedes a la presión de quedar bien, de hacer lo que el mundo te exige y de decir solo lo que otros quieren escuchar, terminas alejándote de tu propósito. Te vas perdiendo hasta llegar a un punto ciego, a un punto de no retorno... tal como le ocurrió a Moisés. Las consecuencias de agradar al sistema El asunto es que cuando tratas de agradar a las personas por encima de a Dios, la historia no termina ahí: siempre hay graves consecuencias. Quien vive intentando agradar al sistema, al jefe, a los empleados o a la familia, termina cediendo en sus principios y acabas haciendo lo que no debes solo por encajar. Estás priorizando la opinión y la comodidad de los demás por encima de tu convicción. He visto a muchos fracasar por seguir el consejo equivocado, por vivir pendientes de lo que el otro dijo, pensó o señaló. Hoy vengo a confrontarte con estas preguntas: ¿Qué importa que la gente ya no quiera caminar contigo?¿Qué importa que a la gente le moleste la verdad que estás diciendo?¿Qué importa si te critican por estar siempre hablando del Señor?Es mil veces mejor agradar a Dios que a los hombres, es mejor agradar a Dios que ceder ante un sistema corrupto que va en decadencia. Hoy en día, por agradar al empleado, le permiten hacer lo que le da la gana; por agradar a los hijos, los hijos terminan gobernando la casa. ¡No! Vamos a tomar la Biblia y vamos a decidir agradar a Dios por encima de cualquiera. Grábate esto: cuando agradas a Dios, te va bien; cuando agradas a los hombres, siempre te pagan mal. Preocuparte por la aprobación de los demás silencia la voz de Dios en tu interior. Empiezas a escuchar tantas voces y opiniones —que si fulano dijo esto, que si mengano piensa aquello— que terminas haciendo una mescolanza en tu cabeza y perdiendo tu rumbo. Hoy vengo a decirle a la iglesia: vamos a tener carácter para que podamos escuchar la voz de Dios en el corazón. Caminar en la ruta de agradar a los demás termina haciéndole daño al propósito que Dios te ha dado. Deja de vivir del qué dirán. Deja de preocuparte por complacer a quienes te rodean. Tu única prioridad debe ser que tu vida le agrade a Dios; lo que piensen los demás no tiene por qué gobernar tus decisiones. Cuando te paras firme en tus convicciones y aprendes a decir "no", algunos se van a alejar. Hay quienes prefieren huir antes que recibir corrección, y terminan aparentando ser lo que no son. Entiende esto: hay muchos que hablan muy lindo, pero viven muy mal. El que brilla por fuera es porque tiene talento, pero el que brilla por dentro es el que tiene carácter. No impresiona una buena labia ni la apariencia externa; lo que verdaderamente sostiene tu vida es tener al Espíritu de Dios adentro. Un talento sin carácter te convierte en una persona dañina. Abundan los que tienen a Dios en la boca pero no en el corazón, aquellos que te hablan bonito pero te traicionan cuando ya no te necesitan; son sencillamente Judas disfrazados de Pedro. Hoy debes tomar una decisión radical: ¡Vas a agradar a Dios! Tu casa agradará a Dios. Tu familia, tu matrimonio y tus hijos agradarán a Dios por encima de la opinión de cualquier hombre.  La historia de Moises: El costo de agradar a la multitud Te voy a mostrar lo que le pasó a Moisés en Números 20. Esta es una de las historias más tristes del Antiguo Testamento. El gran líder, el que luchó, el que aguantó las constantes quejas del pueblo y lidió con ellos casi 40 años para llevarlos a la tierra prometida, lo perdió todo en ...
Corazón Duro (Pastor Alejandro Roncancio)
2026/06/22
Ezequiel 36:26 “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” Introducción: El peligro más silencioso Una de las cosas que más nos debe asustar, y a la que más debemos temerle, es que nuestro corazón se endurezca. El corazón es un misterio; la Biblia dice que es engañoso, pero también nos enseña que de él mana la vida y que es el tesoro que determina lo que somos. Por eso la Escritura nos advierte de forma categórica: Proverbios 4:23 (RVR1960) "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida." Pero, ¿qué pasa cuando el corazón se endurece? Hoy nos enfrentamos a una generación indolente e insensible, que ha sido entrenada para endurecerse. Tú puedes ser muy cristiano, hablar en lenguas y tener años en la iglesia, pero si tu corazón está duro, le vas a hacer daño a todos los que están a tu alrededor. Dios quiere cambiar tu corazón de piedra por uno de carne, y para eso vamos a desenmascarar este enemigo a través de sus síntomas. 1. El síntoma de la discusión y el "Todavía" de Dios El primer síntoma claro de un corazón duro es la discusión constante y la tendencia a tomarse todo de forma personal. En los evangelios vemos un ejemplo tremendo con los propios discípulos: Marcos 8:14-17 (RVR1960) "14 Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca. 15 Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes. 16 Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan. 17 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?" El Maestro estaba ahí advirtiéndoles sobre cosas espirituales, y ellos discutiendo por un pan. El corazón duro tiende a hacerlo todo personal: "Esa indirecta fue para mí", "Esa mirada fue por mí". Puedes caminar al lado de Jesús, estar en su misma barca, y aun así tener el corazón endurecido. Por eso Jesús les dice: "¿Aún?". Esto significa: "¿Todavía?". Cuando nos acercamos a Dios, es normal traer dureza, pero llegará un momento en el que Él te va a decir: "¿Todavía con ese enojo? ¿Todavía con esa maña? ¿Todavía discutes por cualquier tontería?". Alármate cuando de todo sales ofendido, porque es el síntoma claro de la dureza. Esa misma insensibilidad es la que vemos en el Antiguo Testamento. Cuando Israel le pide a Edom (sus parientes lejanos) que los deje pasar por su territorio sin tomar nada prestado, Edom simplemente se cierra a las razones. Números 20:18 (RVR1960) "Edom le respondió: No pasarás por mi país; de otra manera, saldré contra ti armado." Cuando la gente tiene el corazón duro, no importa cómo le hables o cuántas razones tengas. El insensible no presta atención a los argumentos; su especialidad es pelear. Te transformas en alguien al que no se le puede decir nada. 2. El corazón de diamante, la terquedad y la soberanía El segundo problema de un corazón duro es la terquedad de cerrarse a escuchar: Zacarías 7:11-12 (RVR1960) "11 Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; 12 y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba..." El diamante es excesivamente difícil de cortar; no lo trabaja cualquier joyero. Si se corta mal, explota. Así es el corazón duro: cierra sus oídos a la lógica. La dureza se nota cuando alguien no quiere escuchar consejos y dice: "No necesito que nadie me diga nada…". ¡Cuidado! Que tu dureza nunca te impida recibir un buen consejo. Esta terquedad nos lleva a un punto muy peligroso: querer ocupar el lugar de Dios. Jeremías 18:12 (RVR1960) "Y dijeron: Es en vano; porque en pos de nuestros ídolos iremos, y haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón." La dureza te hace terco. Le pides consejo a alguien, te dicen "no lo hagas", y vas y lo haces de todos modos. La dureza te lleva a vivir como te da la gana. Y cuando vives exclusivamente siguiendo tu propia opinión y tus propios planes, estás intentando destronar a Dios para ser tú la máxima autoridad de tu vida. 3. La destrucción del diseño: Divorcios físicos y espirituales Esta insensibilidad y terquedad destruyen lo más sagrado. Hoy vemos un problema crónico donde la gente cree que el matrimonio es desechable: Mateo 19:7-8 (RVR1960) "7 Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? 8 Él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; más al principio no fue así." Jesús es tajante: el divorcio (fuera de las cláusulas graves que da la Biblia) no es el diseño original, es el resultado de un corazón endurecido. Es el fruto de decir "ya no nos entendemos" en lugar de tener la humildad para ceder. El ego se siente bien cuando logra manipular o poner al otro contra las cuerdas, pero a la larga, destruye la familia. Y ojo, porque la dureza también causa divorcios espirituales. Hay quienes dicen: "Ya no voy a congregarme, en mi casa estoy más cómodo". Claro, en casa escoges lo que quieres oír, pero en comunidad tienes que tolerar. "Me voy porque hay mucha hipocresía", dicen otros. Quien busca excusar su ausencia señalando los errores de los demás, refleja un corazón de diamante. El evangelio no nos enseña a aislarnos a la primera ofensa, nos enseña a amar a pesar de las imperfecciones. 4. El antídoto: Ser "fáciles de amar" y el Espíritu Santo La fe tiene dos dimensiones: nuestra relación con Dios y nuestra relación con los demás. ¿Eres tú una persona amable? Ser amable no es solo saludar; ser amable significa ser "fácil de amar". Pregúntate: en tu hogar, ¿eres fácil de amar? ¿Tus hijos te honran solo porque es un mandamiento, o te has ganado su corazón con tu trato? Qué hermoso es cuando la gente te aprecia gratis, cuando relacionarse contigo no es pisar un campo minado. Si reconoces que has sido duro, no todo está perdido. Dios prometió la solución de raíz: Ezequiel 36:26-27 (RVR1960) "26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu..." Quizás digas: "Pastor, yo soy duro porque me crié sin amor, me han engañado y humillado, y me volví inflexible para que no me lastimen". A ti te digo hoy: son los corazones lastimados los que más lastiman a otros. No permitas que tu corazón se quede como una piedra. Deja que el Espíritu Santo te dé un corazón de carne. Rinde tu orgullo y llévate esta verdad: Para todo corazón herido y endurecido, el amor de Jesús sigue siendo la respuesta.
En La Raya (Pastor Andrés Mejía)
2026/06/14
Nuestra vida entera gira en torno a las relaciones. Cada decisión que tomamos en nuestro caminar nos lleva a conectar con alguien más. Nos unimos para formar familia, para emprender negocios o simplemente para desenvolvernos en nuestro trabajo diario. Al final, cada una de esas alianzas que hacemos busca un solo propósito: asegurar nuestro bienestar y que todo nos salga bien. Sin embargo, la historia bíblica nos presenta un contraste impactante. Pensemos en un hombre que vivió para agradar a Dios, un líder que se esforzó por hacer lo correcto: el rey Josafat de Judá. Crónicas relata cómo dedicó su reinado a limpiar la tierra de toda abominación y a guiar el corazón del pueblo de regreso a su Creador. La Escritura lo resume así en 2 Crónicas 19:4 (RVR1960): “Habitó, pues, Josafat en Jerusalén; pero daba vuelta y salía al pueblo, desde Beerseba hasta el monte de Efraín, y los conducía a Jehová el Dios de sus padres.” A causa de esa fidelidad, Dios afirmó su reino. Josafat es el ejemplo perfecto de que cuando pones al Señor en primer lugar y clamas en oración, Él pelea tus batallas. ¡Él sabía que con Dios al frente, la victoria estaba asegurada frente a cualquier ejército! Pero, atención a esto: este mismo hombre recto tuvo un punto ciego, un error terrible que repitió más de una vez... no supo elegir sus alianzas, no supo con quién relacionarse. Primera alianza peligrosa: El parentesco con la maldad Aquí es donde comienza el verdadero peligro: cuando bajamos la guardia en nuestro círculo más íntimo. La Escritura nos muestra una alerta roja en 2 Crónicas 18:1 (RVR1960): “Tenía, pues, Josafat riquezas y gloria en abundancia; y contrajo parentesco con Acab.” El rey que caminaba en bendición, que tenía riquezas y gloria dadas por Dios, termina emparentado con Acab. ¿Y quién era Acab? El hombre que había cerrado el corazón de Israel al Dios verdadero, un rey totalmente influenciado por Jezabel, una mujer que desató la idolatría demoníaca y persiguió a los profetas del Señor. Josafat, el hombre de oración, bajó la guardia y abrió la puerta de su casa al enemigo. La alianza política y militar se selló trágicamente a través del matrimonio de sus hijos: Joram (hijo de Josafat y heredero al trono de Judá) y Atalía (hija de Acab y de la reina Jezabel). Ese matrimonio fue la puerta de entrada para que la idolatría, la manipulación y la maldad de la casa de Acab y Jezabel se infiltraran directamente en la descendencia de Josafat y en la corte de Judá, cobrando un precio altísimo en las siguientes generaciones. ¿Qué es exactamente una alianza? Es un pacto, un convenio, un acuerdo profundo de cooperación. Puede ser un matrimonio o una sociedad mercantil; es, en esencia, unir dos fuerzas hacia un mismo destino. ¡Pero cuidado! Hay bendiciones enormes que Dios ya decretó para tu vida, pero si te relacionas con la persona equivocada, se te pueden escapar de las manos o perder por completo. Si alguna vez tomaste la decisión de caminar con la persona incorrecta, tú más que nadie sabes el precio que se paga. Y no hablo solo del área sentimental; hablo de tus finanzas, de tus proyectos. ¿Cuántos se han asociado con la persona equivocada y perdieron dinero? ¿Cuántos le abrieron la puerta a quien no debían y perdieron años valiosos de su tiempo? Escucha bien esto iglesia:  Aliarse con alguien que está fuera de la voluntad de Dios siempre producirá algún tipo de pérdida. No existe la mentira de “yo me meto en este negocio o en esta relación y no pasa nada.” ¡Siempre pasa algo!.No pasó mucho tiempo después de firmar esa alianza, cuando el rey Acab invitó a Josafat a pelear en una guerra contra Ramot de Galaad: Unirte a lo incorrecto siempre te va a arrastrar a batallas y problemas que no son tuyos.Josafat, queriendo sonar espiritual en medio de una relación tóxica y equivocada, le dijo a Acab: “Te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová”. Acab mandó a llamar a sus cuatrocientos profetas falsos y les preguntó: “¿Iremos a la guerra?”. Y claro, esos mentirosos le dijeron exactamente lo que él quería escuchar: “¡Ve!”. Pero Josafat en su espíritu no estaba tranquilo e insistió: “¿No hay aquí todavía algún profeta de Jehová a quien podamos consultar?”. Y miren la respuesta de Acab: “Sí, hay uno, pero lo aborrezco, porque nunca me profetiza nada bueno, solo desgracias”. A regañadientes llamaron al profeta Micaías, y la Biblia registra su inmensa valentía en 2 Crónicas 18:13 (RVR1960):“Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que mi Dios me dijere, eso hablaré.” Al final, en medio de esa mala junta, se desató un espíritu de mentira y engaño.  El fruto de las malas alianzas es que terminas envuelto en un ambiente donde reina el engaño, la mentira, la ruina, la enfermedad y la muerte.A pesar de ser un hombre que buscaba a Dios, Josafat tomó una pésima decisión que casi le cuesta la vida. ¡Casi muere masacrado en el campo de batalla simplemente por ponerse las ropas de un rey reprobado por Dios!  Cuántas veces nosotros, como hijos de Dios, nos metemos en relaciones, amistades o negocios equivocados, y no pensamos en cómo va a terminar la historia. Nos dejamos llevar por el momento, olvidando esa gran y solemne advertencia de Deuteronomio 32:29 (RVR1960): “¡Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, Y se dieran cuenta del fin que les espera!” El confrontamiento de Dios: Una palabra dura para una generación complaciente Cuando Josafat regresa de esa guerra fallida, Dios no se queda callado. La conclusión de este primer error se sella con una reprensión tajante que el profeta Jehú le hace al rey, una palabra que hoy es necesario que la iglesia escuche y responda. Se encuentra en 2 Crónicas 19:1-3 (RVR1960): “Josafat rey de Judá volvió en paz a su casa en Jerusalén. Y le salió al encuentro el vidente Jehú hijo de Hanani, y dijo al rey Josafat: ¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Pues ha salido de la presencia de Jehová ira contra ti por esto. Pero se han hallado en ti buenas cosas, por cuanto has quitado de la tierra las imágenes de Asera, y has dispuesto tu corazón para buscar a Dios.” Tal vez esta confrontación directa del profeta Jehú caiga hoy como piedra en el zapato para muchos cristianos ya que en estos tiempos finales, Dios está necesitando una iglesia que tome decisiones firmes: gente valiente, aguerrida y ejercitada para la batalla; creyentes audaces, astutos, perseverantes, decididos y armados de valor. Tristemente, lo que vemos hoy es una generación complaciente, que no se deja exhortar ni corregir, una generación donde, si alzas la voz, ya sienten que los estás maltratando; al punto de que hoy casi vas preso por disciplinar a tus propios hijos, a los alumnos o a los miembros de la comunidad, gente sin disciplina y sin corrección, que exige que todo el universo gire al compás de sus emociones, personas que, movidas por la envidia, destruyen lo que a otros les ha costado edificar, simplemente porque lo único que buscan es reconocimiento y adulación. Quieren que les laven los pies y buscan desesperadamente ser aprobados por el mundo, en lugar de ganarse el respeto y la admiración cumpliendo los preceptos de Dios. ¿Dónde quedó la línea de separación? ¿Dónde debes trazar la raya con tus parientes, con tus relaciones, con tus amistades y con tus negocios? ¿En qué momento cruzas esa frontera, comprometiendo tu testimonio, arriesgando tu vida con Dios y haciendo una burla de tu Salvador? ¿Dónde trazas la ...

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