1143473145
Construye tu Físico

Publicidad en podcasts en: Construye tu Físico

Este podcast tiene
164 episodios
Idioma
Spanish
Explicito
No
Fecha de creacion
2016/08/12
Ultimo episodio
2026/10/21
Duracion media
25 min.
Frecuencia de publicacion
54 dias

Descripcion

Entrenamientos simples para vidas complejas. No hay que vivir para entrenar, sino entrenar para vivir. Yo soy Patricio en este podcast y en la web construyetufisico.com tienes rutinas de entrenamiento y todo lo que necesites para ser una tía cañón o un tío petado. Y todo eso porque tengo la sana intención de dominar el mundo con mi ejército de tíos petadísimos y tías to cañón.

Desbloquea Construye tu Físico datos de contacto por email del podcast,
oyentes y detalles de audiencia

Informacion de contacto por email

Datos de contacto directos del podcast

Oyentes

Numeros de audiencia e informacion de engagement

Detalles de audiencia

Insights del podcast

Episodios del podcast

Consulta los ultimos episodios del podcast Construye tu Físico


No es la edad: tu barriga a los 50 la infla el estrés
2026/10/21
https://construyetufisico.com/club/ El entrenamiento a los 50 años requiere un cambio de enfoque: menos épica y más estrategia. Si te sientes hinchado, duermes mal y tu barriga no baja pese a tus esfuerzos, es probable que estés alimentando un fuego que deberías estar apagando. Analizamos cómo el cortisol y la insulina trabajan juntos para boicotear tu progreso y qué pasos dar para revertir la situación. En este episodio aprenderás: - Cómo medir tu progreso real más allá de la báscula: cintura, fuerza y energía. - El peligro de las sesiones de entrenamiento demasiado largas y cómo dosificarlas. - Por qué la proteína es tu mejor contraataque contra la demolición muscular. - La importancia de la descarga programada para evitar el estancamiento. Recuerda: entrenar para vivir, no vivir para entrenar. Si buscas un plan estructurado que tenga en cuenta tu recuperación, tienes todo el sistema en https://construyetufisico.com/club/
A los 50 no necesitas 5 días de gimnasio. Te cuento cuanto necesitas de verdad.
2026/10/07
https://construyetufisico.com/body-wellness-club/ El problema real: no te falta voluntad, te falta una cifra honesta Hay una frase que mata más intentos que cualquier lesión. La escucho casi todas las semanas. «Es que no tengo cinco días para entrenar». La dice gente de 50 años con trabajo, hijos y una hipoteca. Y tienen razón: no los tienen. El problema no es ese. El problema es quién les dijo que necesitaban cinco. Porque nadie se planta. Nadie pregunta cuál es el mínimo. La Organización Mundial de la Salud pide 150 minutos semanales de actividad moderada más dos días de fuerza. Eso son dos horas y media, más el gimnasio. Suena a segundo empleo. Y cuando algo suena a segundo empleo, no se empieza. Se aplaza. Hasta septiembre. Hasta enero. Hasta nunca. El resultado está medido. Casi un tercio de los adultos del planeta no llega ni a ese mínimo oficial. Un 31%, según los últimos datos globales de la OMS. No es que sean vagos. Es que les han vendido un plan diseñado para otra vida. Una vida sin reuniones a las seis, sin cenar a las diez, sin un crío con fiebre. Y luego está la trampa peor. La llamo la trampa del todo o nada. Funciona así. Te convences de que hay que entrenar cuatro días. El lunes vas. El miércoles vas. El viernes hay cena de empresa. Ya has fallado. Como el plan era de cuatro días y solo has hecho dos, tu cabeza registra la semana como un fracaso. La siguiente empiezas con menos ganas. A la tercera semana te bajas. Y te dices que no eres constante. Mentira. Eras constante. Lo que fallaba era la vara de medir. He visto ese ciclo docenas de veces. Siempre el mismo perfil: alguien que podía sostener dos días y le pidieron cuatro. Se cayó por exceso de plan, no por falta de carácter. Nadie abandona un plan que puede cumplir. Ahora cambiemos de lado. Porque a los 50 el reloj sí corre, y eso también es un dato. A partir de los 40 pierdes masa muscular cada año sin enterarte. La fuerza cae aún más rápido que el tamaño del músculo. Eso es sarcopenia, y va silenciosa. No te avisa con dolor. Te avisa el día que te cuesta levantarte del sofá con el nieto en brazos. Para entonces llevas quince años de pérdida acumulada. Por eso la excusa del tiempo es cara. No pagas el precio hoy. Lo pagas a los 70. Aquí está la contradicción que a mí me tuvo años dando vueltas. Por un lado, el cuerpo de 50 años necesita entrenar de verdad. Por otro, la vida de 50 años no da para cinco días. Dos verdades que chocan. Y toda la industria del fitness resuelve el choque gritando más fuerte. Más días. Más intensidad. Más disciplina. Más culpa. Nunca resuelve la pregunta que de verdad importa. ¿Cuál es el mínimo que funciona? Es una pregunta rara en este sector. Suena a pereza. A buscar el atajo. Y sin embargo es la única pregunta con respuesta científica clara. Porque la ciencia del ejercicio lleva quince años estudiando exactamente eso: la dosis mínima eficaz. Cuánto hace falta para bajar la mortalidad. Cuánto para ganar músculo. Cuánto para mantener lo ganado. Son tres cifras distintas, y ninguna es cinco días. Te adelanto una, para que veas el tamaño del engaño. Un metaanálisis de 2023 con datos de cientos de miles de personas encontró que 75 minutos semanales de actividad moderada ya reducían un 17% el riesgo cardiovascular. Setenta y cinco minutos. La mitad del mínimo oficial. Once minutos al día andando rápido. Once minutos. El tiempo que tardas en decidir qué ver en Netflix. Ojo, que no te estoy vendiendo humo. Once minutos no te van a poner musculado. Para eso hacen falta otras cifras, y las verás luego. Pero la distancia entre «no tengo tiempo» y «tengo once minutos» es toda la diferencia entre empezar y no empezar. Y empezar es la variable que más pesa. Un plan mediocre que haces gana siempre a un plan perfecto que abandonas. Lo que viene ahora te va a molestar un poco si llevas años repitiendo lo de los cinco días. A mí me molestó. Resulta que casi todo lo que damos por sabido sobre frecuencia de entrenamiento se cae cuando miras los datos. No hace falta entrenar a diario. Ni siquiera hace falta repartir el ejercicio por la semana. Y hay un estudio con acelerómetros que lo demuestra de una forma bastante incómoda. Por qué la sabiduría popular se equivoca: el mito de los cinco días El estudio se publicó en JAMA en 2023 y tiene un detalle que lo hace difícil de discutir. No preguntaron a nadie cuánto se movía. Les pusieron un acelerómetro en la muñeca. Casi 90.000 personas del Biobanco de Reino Unido. Medición objetiva, sin memoria selectiva ni ganas de quedar bien. Luego los dividieron en tres grupos. Los que no llegaban al mínimo recomendado. Los que lo cumplían repartido en tres o más días. Y los «guerreros de fin de semana»: los que metían todo el ejercicio en una o dos sesiones. Gente que se pasa la semana sentada y el sábado sale tres horas en bici. El resultado fue el mismo para los dos grupos activos. Idéntica reducción del riesgo cardiovascular. Concentrar el ejercicio en dos días no penalizaba nada. Lo que contaba era el total semanal, no cómo lo repartías. Y no es un hallazgo suelto. Un análisis anterior con más de 350.000 adultos encontró lo mismo para mortalidad por cualquier causa, cardiovascular y por cáncer. Una o dos sesiones semanales bastaban para reducir el riesgo de forma clara. Repito: una o dos. Los patrones de fin de semana funcionaban aunque ni siquiera se alcanzara la recomendación oficial. Entonces, ¿de dónde salió lo de los cinco días? De una confusión que arrastramos décadas. Las recomendaciones de salud pública se escriben pensando en poblaciones, no en personas. Cuando la OMS dice «reparte la actividad en la mayoría de los días», no está diciendo que menos días no funcione. Está diciendo que a un país entero le resulta más fácil crear el hábito diario. Es un consejo de logística, no de fisiología. Pero llegó al gimnasio convertido en ley. Y de ahí pasó a Instagram convertido en sermón. El segundo mito es aún más caro. Dice que el músculo necesita estímulo cada 48 horas o empieza a perderse. Suena lógico. Es falso a esta escala. Aquí entra el trabajo de Momma y su equipo, publicado en 2022 en el British Journal of Sports Medicine. Reunieron dieciséis estudios de cohortes prospectivas. Miraron cuánta fuerza hacía falta para mover la aguja de la mortalidad. La respuesta les sorprendió a ellos mismos. Entre 30 y 60 minutos semanales de entrenamiento de fuerza. Eso bastaba para un 10-17% menos de riesgo de muerte prematura, enfermedad cardiovascular, diabetes y cáncer total. Media hora. A la semana. Una sesión decente de pesas y ya estás dentro. Pero el detalle bueno viene ahora. La curva que encontraron tenía forma de J. Los beneficios subían rápido hasta los 60 minutos semanales y ahí se aplanaban. Más de una hora de fuerza a la semana no reducía más el riesgo de morirte. En algunos análisis incluso empeoraba ligeramente. Léelo otra vez, porque va contra todo lo que te han contado. Para el objetivo «no morirme antes de tiempo», entrenar cinco días no es mejor que entrenar dos. Es igual. Y el que entrena cinco días paga cinco veces el peaje de tiempo por el mismo billete. Lo mismo pasa con el cardio. El metaanálisis de Garcia publicado en 2023 juntó datos de más de treinta millones de personas-año. Encontró la mayor parte del beneficio en la primera mitad de la dosis recomendada. Los primeros 75 minutos semanales hacían el trabajo pesado. De ahí en adelante, la curva se iba aplanando. Cada minuto extra valía menos que el anterior. Esto tiene un nombre viejo en fisiología: rendimientos decrecientes. Y es la razón por la que el planteamiento habitual está roto. Piensa en el ejercicio como en el primer café de la mañana. El primero te cambia el día. El segundo ayuda. El cuarto te pone nervioso y no te despierta más. Nadie se toma seis cafés para estar seis veces más despierto. Pues con el entrenamiento hacemos exactamente eso y nos parece virtud. Aquí va el matiz honesto, que si no me lo reclamas tú con razón. Estos estudios miden salud y mortalidad, no músculo en el espejo. Para construir masa muscular a los 50 hacen falta más series que para no morirte antes de tiempo. Son objetivos distintos con dosis distintas. Meterlos en el mismo saco es el error que cometen los dos bandos: el que dice que con andar basta y el que dice que sin cinco días no hay nada. Ninguno de los dos ha mirado los números de cerca. Porque cuando entras en el músculo, aparece una variable que casi nadie del gimnasio sabe manejar. No son los días. Es otra cosa. Y explica por qué dos personas con el mismo calendario acaban con resultados opuestos. La explicación científica: mandan las series, no los días La variable se llama volumen semanal. Y es la que decide casi todo. Volumen es el número de series duras que le haces a un músculo en siete días. No importa si las metes en un día o en cuatro. El músculo no lleva calendario. Lleva contabilidad. Si tu pecho recibe diez series duras a la semana, le da igual el reparto. Esa es la idea que cuesta tragar y es la que lo cambia todo. Hay un metaanálisis de Grgic y su equipo, de 2018, que lo dejó bastante claro. Revisaron los estudios de frecuencia con el volumen igualado. Cuando el total semanal era el mismo, entrenar uno, dos o tres días daba las mismas ganancias de fuerza. Y en el subgrupo de mayores de 55 años tampoco aparecieron diferencias. Uno, dos o tres. Igual. Schoenfeld llegó a lo mismo mirando el tamaño del músculo. Juntó veinticinco estudios con volumen igualado. La frecuencia no movía la hipertrofia de forma significativa. Su conclusión práctica fue casi provocadora: elige la frecuencia que puedas sostener. Esa es la mejor. No hay premio por sufrir más días. Entonces la pregunta correcta no es cuántos días. Es cuá
Entrenar más no es la solución: cómo perder grasa sin pelearte con tu biología
2026/09/24
¿Sabías que, de media, el cuerpo recupera casi un 30% de las calorías que quemas haciendo ejercicio? Esta compensación metabólica es la razón por la que muchos planes de entrenamiento fracasan a la hora de reducir el porcentaje de grasa. En este episodio analizo por qué el ejercicio por sí solo rara vez adelgaza y cómo tu cerebro ajusta el hambre y el movimiento inconsciente para boicotear tu déficit calórico. En este capítulo descubrirás: - La verdad sobre el "modo quema grasa" y por qué el sudor no mide la pérdida de tejido adiposo. - El papel crucial del NEAT: por qué moverte fuera del gimnasio es más importante que la hora de cinta. - Por qué el entrenamiento de fuerza es tu mejor aliado para preservar el motor metabólico mientras pierdes grasa. - El protocolo de 4 pasos para dejar de culpar a la báscula y empezar a medir tu progreso real con la cinta y el espejo. Deja de intentar vaciar la bañera con el grifo abierto. Aprende a cerrar la llave de la comida y a usar el entrenamiento donde realmente aporta valor. 👉 Si quieres entrenar y cuidarte con cabeza a partir de los 45, tienes todo el sistema en construyetufisico.com.
A los 40 tu metabolismo no es lento, solo ha olvidado quemar grasa. Te digo cómo reactivarlo
2026/09/09
https://construyetufisico.com/body-wellness-club/ ¿Llevas encima miles de calorías almacenadas en forma de grasa y, aun así, necesitas comer cada tres horas para no tener un bajón de energía? No tienes un problema de fuerza de voluntad ni la edad ha "frenado" tu motor; lo que ocurre es que tu cuerpo ha perdido su flexibilidad metabólica. En este episodio desarmamos los mitos más comunes sobre el metabolismo a partir de los 45-50 años y analizamos la ciencia real detrás de por qué tu cuerpo ha dejado de usar la grasa como combustible. En este capítulo descubrirás: La trampa del «metabolismo lento»: Lo que la ciencia (y el estudio de Pontzer) dice realmente sobre el gasto energético y la edad. El ciclo de Randle y la grasa intramuscular: Por qué la glucosa y la grasa compiten dentro de tu célula y cómo la falta de flexibilidad arruina tu señal de insulina. Los 4 mitos que te están frenando: La zona "fat burn", el entrenamiento en ayunas y el error de simplemente "comer menos". El protocolo de 4 pasos: Rutinas concretas (caminatas, fuerza, tiempos de comida y logística posprandial) para reeducar a tu cuerpo y volver a oxidar grasa en un plazo de 2 a 12 semanas. Si quieres dejar de depender del azúcar a media tarde y empezar a vaciar el depósito correcto, dale al play. ¿Te ha servido este episodio? Suscríbete al podcast para no perderte las próximas entregas, deja tu me gusta o comentario para apoyar el programa y compártelo con alguien a quien le pueda ayudar a recuperar su energía.
¿Agua o bebida deportiva? Cuándo necesitas carbohidratos y electrolitos en el entreno (y cuándo tiras el dinero)
2026/08/26
https://construyetufisico.com/club-wellness/ ¿Cuántas veces has agitado ese bote de polvo de colores entre series sin saber si de verdad sirve para algo? En este episodio desmontamos uno de los mitos más caros del fitness: que necesitas carbohidratos y electrolitos en cada entrenamiento. Sin humo y con datos, vas a entender cuándo el agua basta de sobra y cuándo se queda corta. Hablamos de: — Por qué tu depósito de glucógeno es mucho más grande de lo que crees, y por qué no lo vacías en una hora de pesas. — El límite real de tu intestino: qué son el SGLT1 y el GLUT5, y por qué no puedes absorber azúcar por encima de cierto techo. — El truco de mezclar glucosa y fructosa para pasar de 60 a 90 gramos por hora. — Por qué las bebidas ultraconcentradas te sientan mal (y qué tiene que ver un embudo con tu estómago). — Cuándo los polvos caros de ciclodextrina merecen la pena… y cuándo son dinero tirado. — El truco del enjuague bucal que engaña a tu cerebro sin llenarte el estómago. — La verdad sobre los electrolitos y el riesgo real que casi nadie menciona: la hiponatremia. Al final te doy un mapa mental clarísimo para que sepas exactamente qué llevar en la botella según cuánto dura y cuánto aprieta tu sesión: desde una sesión de fuerza de 45 minutos hasta un rodaje de tres horas. Si alguna vez has comprado un suplemento "por si acaso", este episodio te va a ahorrar dinero y molestias de estómago. Si quieres entrenar y cuidarte con cabeza a partir de los 45, tienes todo el sistema en construyetufisico.com.
A los 50 NO es tarde para ganar músculo (lo dice la ciencia)
2026/08/12
https://construyetufisico.com/body-wellness-club/ Tienes más de 50, entrenas como siempre y aun así el espejo cuenta otra historia. No es tu imaginación: a partir de los 50 se pierde entre un 1% y un 2% de masa muscular al año, y la fuerza cae todavía más rápido. Se llama sarcopenia. Y la buena noticia es que no estás luchando contra tu voluntad, sino contra un reloj biológico que SÍ se puede frenar. En este episodio desmontamos el mito más caro del vestuario —ese de "a nuestra edad ya solo toca mantener"— y te doy un plan concreto para empezar el lunes. QUÉ VAS A ESCUCHAR: - Por qué pierdes primero las fibras rápidas (las que dan fuerza y volumen) - Qué es la resistencia anabólica y por qué tu músculo se ha vuelto "sordo" a la proteína - El umbral de leucina que necesitas superar en CADA comida pasados los 50 - Por qué el peso ligero te está robando resultados - Cuánta proteína necesitas de verdad (y por qué el desayuno es tu punto débil) - Los 2 únicos suplementos con evidencia sólida a esta edad - El plan completo: intensidad, frecuencia, volumen y descanso Estudios con personas de 70, 80 y hasta 90 años muestran ganancias reales de músculo con pesas. Si crecen a los 80, tú a los 52 vas sobrado. La edad frena, no cancela. Empieza el lunes, con la libreta en la mano. --- Soy Patricio Granero, de Construye Tu Físico. Ayudo a personas de más de 45 años a recuperar fuerza, músculo y autonomía con entrenamiento basado en evidencia. Más recursos: https://construyetufisico.com
Dieta cetogénica después de los 40: qué pasa de verdad en tu cuerpo
2026/07/29
https://construyetufisico.com/body-wellness-club/ La dieta cetogénica funciona. Pero no por lo que te han contado, y casi nadie te explica cómo aplicarla si tienes más de 40 años, trabajo, familia y una vida social que no gira alrededor de tu tupper. En este episodio te explico la fisiología real de la cetosis (sin adornos y sin humo de gurú de Instagram), por qué la mayoría abandona entre el día 7 y el 14, y el protocolo concreto para aplicarla sin perder músculo. Lo que vas a escuchar: - Por qué la keto flu es un problema de electrolitos, no de cetosis, y cómo evitarla desde el día 1. - La verdad sobre los 2-3 kilos de la primera semana (spoiler: es agua). - Qué pasa de verdad en tu cuerpo: cetogénesis, beta-hidroxibutirato, lipólisis y por qué el cerebro puede funcionar al 70% con cetonas. - Grelina: por qué en cetosis dejas de pensar en comida. - El error que destruye tu músculo después de los 40: la proteína. Cuánta necesitas de verdad (pista: más de la que crees). - Keto cíclica: el protocolo para los que tienen vida social y entrenan fuerte. - Cuándo la keto NO es para ti. Sin rodeos. - El protocolo semana a semana y las 4 únicas métricas que importan. La adaptación completa tarda entre 3 y 8 semanas. Si esperas resultados en dos, no es la keto lo que falla. --- Puedes hacer el seguimiento de tu peso, cintura y rendimiento con gráficas en el Body Wellness Club, gratis, en construyetufisico.com Artículo completo con las referencias científicas: [URL del post] Método EMA: Entrenamiento Metabólico Adaptativo.
Por qué estás siempre cansado a los 50 (y cómo recuperar tu energía)
2026/07/15
https://construyetufisico.com/body-wellness-club/ ¿Duermes ocho horas y te levantas cansado? La falta de energía después de los 50 rara vez es cuestión de edad. Es tu cuerpo apagando motores que llevas años sin encender. En este episodio te explico, con la pizarra delante, qué se apaga de verdad dentro de ti y cómo volver a encenderlo. Sin batidos milagrosos ni suplementos. Lo que vas a escuchar: - Por qué el consejo de "a tu edad, tómatelo con calma" te hunde más en el bucle de la fatiga. - Las tres piezas que caen a la vez a partir de los 50: mitocondrias, masa muscular (sarcopenia) y capacidad de transportar oxígeno (VO2 máx). - El interruptor maestro de la energía (PGC-1 alfa) y qué lo enciende. - Por qué hasta el 70% de la pérdida de capacidad aeróbica con la edad es evitable: no es destino, es desuso. - La paradoja de la energía: para tener más, tienes que gastar un poco. - El plan concreto para empezar el lunes: fuerza 2-3 días, caminata rápida (zona 2), una pizca de intensidad, 1,2 g de proteína por kilo, vitamina D y sueño. - Los atajos falsos (café, bebidas energéticas, azúcar) y por qué te dejan más plano que antes. Aviso: las dos primeras semanas estarás MÁS cansado, no menos. Es la obra en marcha. A partir de la tercera, notas el cambio. Hablo del cansancio sin causa médica, el del 90% de la gente. Si sospechas de tiroides, anemia o similar, eso lo mira tu médico con un análisis. --- Construye Tu Físico: entrenamiento, nutrición y energía real para mayores de 45. Método EMA. Más artículos y recursos: construyetufisico.com
Por qué evitar las sentadillas a los 40 te está envejeciendo
2026/07/01
Únete al club: construyetufisico.com/club https://construyetufisico.com/club "Con mis rodillas ya no estoy para sentadillas." Si has dicho esto alguna vez, este episodio es para ti. Te cuento por qué la regla de "la rodilla nunca debe pasar la punta del pie" viene de un estudio de 1959 con 128 personas, y por qué seguirla a rajatabla mete un 1.070% más de tensión en tu espalda baja. También te explico qué es la resistencia anabólica, por qué tu cartílago necesita moverse para alimentarse, y te dejo un plan concreto para empezar mañana mismo sin hacerte daño. Nada de rodillas destrozadas por la edad. Lo que destroza tus rodillas es la quietud. Si quieres unirte al club: construyetufisico.com/club
Te presento el Body Wellness Club y te hago un regalo
2026/06/30
Código 50% descuento Club Premium: PRIMERO Código 50% descuento Asesoría VIP: PRIMEROVIP Vuelvo. Y vuelvo con algo nuevo: el Body Wellness Club, la web app de entrenamiento de Construye Tu Físico. En este episodio de arranque te cuento qué pasó con el podcast, por qué tardé en volver y, sobre todo, qué es esto a partir de ahora. Te explico cómo funciona el Body Wellness Club: el sistema de tres ciclos de entrenamiento (Fuerza, General y Recomposición), qué encuentras dentro de la app, qué herramientas tienes disponibles y qué planeo añadir en los próximos meses. Sin postureo, sin IA, sin promesas imposibles. Entrenamiento real para gente real de más de 45 años que quiere ponerse en forma sin complicarse la vida. Si quieres unirte al club: construyetufisico.com/club
Caso de éxito de Carlos o como perder 3 kilos en 3 meses entrenando menos días por semana
2025/09/29
Caso de éxito de Carlos https://construyetufisico.com/casos-de-exito/caso-de-exito-de-carlos/ https://forms.gle/HQ2k9gxH7Qfh39ci9 Carlos se puso en contacto conmigo porque estaba cansado. Cansado de no reconocerse en el espejo, cansado de prometerse que iba a cambiar y cansado de no encontrar nunca el momento. Trabajo, familia, poco tiempo… y una media maratón que parecía más un castigo que un reto. Hoy te voy a hablar del cambio de Carlos en los primeros tres meses que estuvimos trabajando juntos, cómo se resolvieron los problemas iniciales y por qué a veces, menos es más aunque sea en realidad lo mismo. 1. Introducción: ¿Por qué este caso es interesante? Te presento a Carlos. Cuarenta tacos, ingeniero informático, padre de un peque de cinco años y con la típica agenda que parece diseñada por alguien que te odia: trabajo sentado diez horas al día, carreras al cole, reuniones, y al llegar a casa lo que menos le apetece es ponerse a hacer sentadillas. Para colmo, la rodilla ya le había dado guerra hace tiempo con una tendinitis. Vamos, que lo de entrenar le sonaba más a riesgo de lesión que a pasatiempo. El caso de Carlos es interesante porque es la vida real. Ni influencers del fitness que se pasan el día en el gimnasio, ni milagros de “pierde 10 kilos en un mes con este batido mágico”. No. Carlos es un tipo normal con barriga de oficina, con ganas de mejorar pero también con el tiempo contado. Quería perder grasa, ponerse en forma y, ojo, no quedar el último cuando corriera la media maratón con sus amigos. El problema: ni tenía tiempo para entrenar cinco días a la semana, ni motivación para seguir rutinas que le exigieran más disciplina que un monje tibetano. Y aquí es donde entra lo interesante: cómo convertir a alguien con todas las excusas del mundo (familia, trabajo, poco tiempo, rodilla delicada) en una persona que no solo adelgaza, sino que además se siente fuerte, corre más rápido y sobrevive tres meses de entrenamiento sin morir en el intento. Porque lo de perder peso puede hacerlo cualquiera… pero hacerlo sin amargarte la vida, esa ya es otra historia. 2. El punto de partida de Carlos Carlos llegó a mí con un currículum físico bastante claro: 86 kilos en la báscula, un 23% de grasa corporal (lo suficiente para que los vaqueros apretaran más de la cuenta) y una cintura de 97 centímetros que no mentía. Vamos, que si la tripa tuviera un botón de “reset”, él lo habría pulsado sin dudar. Su estado físico lo definía como “normal tirando a malo”, que es básicamente la forma educada de decir “me canso subiendo las escaleras, pero tampoco estoy para pedir oxígeno”. Tenía algo de experiencia corriendo —llevaba un par de años saliendo a trotar—, pero el gimnasio era otra historia: lo había probado, sí, pero lo había dejado porque se aburría y porque su rodilla derecha, con antecedentes de tendinitis, le recordaba que ya no tenía veinte años. El gran problema de Carlos no era que no quisiera entrenar, sino que no podía mantener la constancia. Semana que entrenaba, semana que se saltaba. Alguna vez iba al gimnasio, otra lo dejaba porque el trabajo lo absorbía, y en las semanas malas lo único que levantaba era el mando de la tele. Para colmo, cuando intentaba seguir un plan demasiado ambicioso, se frustraba rápido: sentía que fallaba, que no cumplía, y eso le generaba aún más estrés. Un bucle de manual. ¿Y qué quería conseguir? Pues lo que mucha gente: perder peso y grasa, recuperar un cuerpo con el que se sintiera a gusto en el espejo y, ya puestos, prepararse para la media maratón de diciembre. Su miedo: ser el amigo que se queda el último, ese que todos esperan en la meta con la cerveza caliente. Su objetivo: bajar hasta un 15% de grasa corporal, perder entre 8 y 10 kilos, y ser capaz de correr 10 kilómetros en menos de 55 minutos como paso previo a los 21. En resumen, un tipo ocupado, con barriga de oficina, una rodilla un poco puñetera y el tiempo justo. No es el perfil del “superhéroe de Instagram”, pero precisamente por eso es interesante: porque es el perfil de la mayoría de los que quieren entrenar de verdad. 3. La estrategia que seguimos juntos Con Carlos no hacía falta inventar la pólvora, sino pensar con cabeza. Su objetivo era triple: perder grasa, ganar fuerza y preparar una media maratón. Si hubiéramos atacado solo uno de esos frentes, habría salido mal: ¿qué sentido tiene correr 21 kilómetros con un cuerpo débil? ¿O ganar músculo pero seguir con la barriga y sin aguante para trotar más de media hora? Teníamos que hacerlo todo… pero sin volverlo loco. La estrategia fue sencilla en su planteamiento y realista en su ejecución: Entrenar fuerza para darle a su cuerpo lo que le faltaba: músculo. Ese músculo no solo mejora la forma física, también es la herramienta secreta para quemar más grasa incluso en reposo. Y de paso mejorar su fuerza que tampoco es que fuera nada espectacular. Meter sesiones metabólicas para que esos músculos aprendieran a trabajar en movimiento real, de forma rápida, funcional y con gasto calórico extra. Este paso era poner en práctica todo lo que se gana con el entreno más clásico de gimnasio y de paso mejora su VO2 máximo (que ya te hable en el episodio anterior) y su condición cardiovascular general. Mantener la carrera porque su meta no era solo estética. Tenía un reto concreto, la media maratón, y no podíamos dejarla de lado. Si vas a correr una media maratón vas a tener que meterle algunos kilómetros a las piernas. Eso es inevitable. Balance y equilibrio porque el papel lo aguanta todo pero nuestro cuerpo no siempre. Aquí lo j****o es balancear estas tres patas del entreno para sacar lo máximo sin que una fastidie la otra. Y todo esto bajo un paraguas: el EMA, Entrenamiento Metabólico Adaptativo. Lo que hace este método es unir fuerza y metabólico de forma progresiva, ajustando el plan a la persona. Carlos no necesitaba un programa militar ni tablas imposibles; necesitaba un sistema flexible, que se fundiera con sus semanas de curro y familia, pero que no se quemara. Y eso fue exactamente lo que hicimos: un plan adaptado a su vida, no su vida adaptada a un plan. La magia no estuvo en los ejercicios concretos, sino en el enfoque. Le dimos lo necesario para progresar, lo suficiente para no lesionarse y lo justo para que pudiera cumplir semana tras semana. Ni castigos, ni promesas irreales, ni obsesión. Solo constancia, adaptación y lógica. 4. Fase 1: Construir la base La primera fase con Carlos fue como construir los cimientos de una casa: nada de decorar la terraza con luces LED si antes no tienes paredes sólidas. Así que trabajamos lo básico: fuerza general y un poco de metabólico al final de cada sesión para que sudara lo justo y empezara a recordar que el cuerpo está hecho para moverse, no solo para sentarse en una silla diez horas seguidas. Le metimos lo clásico pero bien hecho: sentadillas, peso muerto, press de banca, jalones, presses militares… movimientos grandes, de los que reclutan músculo a lo bestia y hacen que el cuerpo empiece a despertar. Al principio los hacía con cara de “esto me va a matar”, pero en cuanto pilló la técnica, las barras dejaron de parecer instrumentos de tortura medieval y empezaron a ser un reto divertido. Como hacía tiempo que no entrenaba, y menos tan seguido, se compró unos guantes para el gimnasio en Amazon. Recuerdo cuando me lo dijo y me envió una foto para ver que me parecían. Me parecían feos, se lo tuve que decir. Eran negros con unas líneas azules que… Que a mi no me gustaban. No se lo dije el primer día, él estaba ilusionado y eso le dio motivación extra y no era plan de quitarsela por que a mi no me guste el color de los guantes. A ver, se lo comenté ya casi al final del trimestre cuando ya había confianza después de tanto hablar. A su mujer creo que tampoco le gustaban mucho. En fín… Desde el principio ya le dije que tuviera especial cuidado con las sentadillas y ejercicios de pierna en general y de flexión de rodilla en particular. Era preferible subir de peso más despacio que tener una lesión, que por pequeña que fuera, lo retrasaría todo muchos días, o incluso semanas. El bloque metabólico fue la guinda. Nada de estar una hora en la cinta mirando el móvil. Hablo de circuitos cortos: burpees, snatches, saltos. Intensos, rápidos, de esos que en diez minutos te hacen sentir que te han pasado por encima un camión… pero luego te dejan con una sonrisa rara, mezcla de dolor y orgullo. Para no aburrir recitando una retahíla de ejercicios, series, repeticiones, tempos y descansos te diré que se programó un entrenamiento semanal de 4 días. Que al principio la prioridad fueron los entrenos clásicos para tener base con un enfoque de tirón/empujón a días alternos (tirón, empujón, tirón, empujón). Con metabólicos simples a modo de complemento al final los días que no iba a correr y el salir a correr que era el objetivo. Así ya sabía que quitar si iba corto de tiempo o algo pasaba en su semana. ¿Resultados a las 6 semanas? Bajó un par de kilos, de 86 a 84. Redujo la cintura unos tres centímetros. Sumó 10 kilos a la banca y 15 a la sentadilla. Y lo mejor: pudo entrenar sin que la rodilla se quejara demasiado. Pero más allá de los números, lo importante fueron sus aprendizajes: Constancia: descubrió que podía entrenar 4 días… aunque algunas semanas fueran un Tetris imposible. Te comento esto más adelante. Técnica: dejó de mover las pesas como si fueran maletas en el aeropuerto y empezó a levantar con control y seguridad. Confianza: se vio progresando y que iba mucho mejor a nivel de energía, de movilidad y de fuerza. Si bien pasar a mover 10 kilos en más en banca en 6 semanas en Instagram es una mierda, el mundo real, en el mundo de Carlos es una barbaridad. Es ver que se puede, que merece la
Dieta de arroz y pollo para culturismo: ¿funciona de verdad?
2025/09/18
https://construyetufisico.com/nutricion-deportiva/dieta-de-arroz-y-pollo-para-culturismo/ Dieta de arroz y pollo para culturismo Si alguna vez te has preguntado por qué los culturistas de los 80 y 90 vivían atrapados entre un tupper de arroz blanco y una pechuga de pollo reseca, este podcast es para ti. Te voy a contar por qué esa dieta se hizo famosa, qué buscaban realmente con ella y, sobre todo, qué funcionaba… y qué no. Si quieres entender de verdad si esa dieta merece tu tiempo —o si es solo un mito que ha sobrevivido porque suena hardcore— quédate aquí para que decidas por ti mismo si seguir el camino del pollo con arroz o buscar algo más inteligente. ¿Qué es la dieta de arroz y pollo? Si te digo que la dieta de arroz y pollo viene de los años 80 y 90, puede que te imagines a tipos en mallas fluorescentes, pelo engominado hacia atrás y un walkman colgado del cinturón. Y no irías tan desencaminado. Por aquel entonces, el culturismo era casi religión: había que ser grande, muy grande, y cuanto más simple y duro fuera el método, mejor. Los culturistas de la época no tenían tantas apps de seguimiento, ni tantas tablas de macros colgando en la nevera. Tenían algo mucho más “efectivo”: arroz blanco a paladas y pechuga de pollo seca que ni el perro quería. ¿Por qué? Porque buscaban controlar las calorías sin volverse locos, obtener proteína magra y carbohidratos rápidos para entrenar y recuperarse, y, de paso, no pensar demasiado en qué comer. Comer era gasolina, no placer. Y la gasolina barata siempre gana. Además, en esa época todavía había cierta veneración por la dieta “limpia”. Cuanto más aburrido, más puro. Si no sabías a cartón húmedo, era sospechoso. ¿En qué consiste la dieta de pollo y arroz? La receta maestra era tan sencilla como desesperante: arroz blanco (normalmente hervido sin más) y pechuga de pollo a la plancha o cocida. ¿Cantidades? Las que cupieran en un tupper que luego podías recalentar en el microondas hasta que la tapa explotara. Desayuno, comida, cena… y entre medias, si te sentías rebelde, lo mismo pero con menos arroz. Sin salsas, sin aceite apenas, sin sal en exceso porque “retiene líquidos” (ya sabes, ese mantra que parece tatuado en la frente de medio gimnasio). Ni rastro de verduras, frutas o grasas saludables. Porque en la mente culturista de entonces, esas cosas eran “ruido”: calorías inútiles que te alejaban de la definición máxima. ¿Era cómodo? Depende de lo que llames cómodo. ¿Era efectivo? Para lo que buscaban, más o menos sí: una dieta hipercalórica para volumen o hipocalórica para definición, simplemente cambiando la cantidad de arroz. ¿Era sostenible? Solo si tu idea de vida social es cenar solo mientras tus amigos se zampaban una pizza. Beneficios de la dieta arroz y pollo para ganar músculo Proteínas magras y carbohidratos simples Aquí viene la parte bonita del asunto, porque no todo era sufrimiento digno de cárcel turca. Si algo tenía el arroz con pollo es que cumplía con la lista de la compra del músculo: proteína magra y carbohidratos fáciles de digerir. La pechuga de pollo es básicamente proteína con patas. Apenas tiene grasa, y la poca que lleva ni se mete contigo, es como ese vecino que nunca hace ruido. Esto era perfecto para los culturistas, porque cada gramo de proteína contaba, y aquí podían meter unos cuantos sin que el cuerpo se distrajera almacenando grasa. Luego está el arroz blanco, ese primo soso del mundo de los cereales. ¿Es el más sabroso? No. ¿Es el más nutritivo? Tampoco. Pero es rápido de digerir, no da problemas de estómago y, sobre todo, permite cargar los depósitos de glucógeno como si fueran un camión cisterna. Y si entrenas duro, necesitas ese glucógeno para levantar la barra, hacer repeticiones imposibles y seguir sonriendo como si no te dolieran hasta las pestañas. Juntos hacían un dúo que no molestaba a nadie. Sin salsas, sin condimentos exóticos, sin dramas. El cuerpo lo asimilaba rápido, y eso, para la mentalidad de la época, era oro molido. Facilidad para controlar calorías Aquí es donde la dieta se convertía en la calculadora Casio de los culturistas: fácil, directa y sin margen para hacer el tonto. No tenías que andar sumando calorías de mil alimentos, ni descifrando etiquetas que parecen contratos hipotecarios. Solo tenías que ajustar las cantidades: más arroz si querías subir de peso, menos si ibas a definir. El pollo, ese sí que casi nunca se tocaba, porque era la base sólida, la roca. Esto tenía una ventaja colateral: te quitaba la excusa de “no sé qué comer”. Sabías lo que había, lo cocinabas de golpe para tres días y a tirar millas. Y, claro, eso ayudaba a mantener la adherencia, aunque fuera a base de aburrimiento crónico. No era una dieta para ser feliz, era una dieta para tener el control. Y en el culturismo, controlar es casi un fetiche: control del peso, del espejo, de la báscula, del centímetro que rodea tu brazo. Pollo y arroz, El arma precompetición Junta todo lo que te acabo de decir, proteínas limpias hidratos simples Fácil de contar calorías Barato Cocinas una vez para varios día Te lo pones en un tupper y puedes hasta comerlo frío en cualquier lado No da problemas intestinales Y esto último es la gran clave de porque los culturistas lo usaban en precompetición. Llevas todo el año preparando una competición, entrenando como un mulo arando un campo, pasando más hambre que un perro atado en una isla desierta y todo se va a la mierda porque a 5 días de competir comes algo que te sienta mal. Simplemente no se lo podían permitir. De hecho algo parecido le ha pasado a Joan Pradell en una competición que tuvo en china este verano. Incluso viajó con su propia comida para varias semanas porque no se fiaba de lo que pudiera encontrar por ahí. Y no es porque fuera a China, da igual donde vayas, cuando tienes que controlar tanto lo que comes, cuando lo comes y cómo lo comes, llevar tu propia comida es una opción muy buena. Pues algo le pasó con la comida envasada que llevaba, algo le sentó mal y adiós competición. Desventajas y riesgos de comer solo arroz y pollo Carencias de vitaminas, fibra y grasas saludables Aquí viene la letra pequeña que nadie te lee cuando decides vivir a base de tupper de pollo y arroz: tu cuerpo no funciona solo con proteína y carbohidratos, por mucho que lo repitan los foros del 2003. Si reduces tu mundo culinario a pollo y arroz, básicamente estás invitando a que te falten vitaminas, minerales y fibra como quien deja la puerta abierta de casa y se va de vacaciones. ¿Vitamina C? Ni la hueles. ¿Hierro de verdad, del que se absorbe bien? Tampoco. ¿Ácidos grasos esenciales, esos que mantienen tus hormonas funcionando y tus articulaciones engrasadas? Ni en pintura. Y la fibra… pobre fibra, relegada al banquillo mientras tu intestino se pregunta por qué lo has condenado a una vida de estreñimiento épico. Esto a corto plazo puede parecer una molestia menor: “Bah, ya me comeré una naranja la semana que viene”. Pero dale tiempo y empiezas a notar cansancio tonto, piel más seca que el primer chiste de política de tu cuñado en nochebuena y digestiones que se ralentizan como internet en los noventa. Y no, no es magia negra: es déficit nutricional de manual. Es más. En una charla que fuí del gran Paco Mula, un famoso culturista español le pregunté cómo lo hacía con las grasas, y me dijo que todo eso iba en forma de suplementación. Por la mañana el multivitamínico, en cada comida 1 o 2 cápsulas de omega-3 y la fibra según necesitara. En el artículo puedes ver una foto mía con Paco Mula allá por el 2009, ya ha llovido desde entonces. Por si quieres cotillear un poco. A lo que íbamos que me lío Luego está el tema de la adherencia, que suena técnico pero significa básicamente: ¿cuánto vas a durar comiendo lo mismo día tras día sin mandar la dieta a la mierda? La respuesta suele estar entre “hasta el viernes” y “cuando mi pareja me eche de casa por oler a pollo hervido”. Porque comer no es solo meter gasolina, también es socializar, disfrutar, sentarte a cenar sin sentir que estás protagonizando un documental sobre la supervivencia en prisión. Intenta ir a una barbacoa con tu tupper de arroz blanco y pechuga reseca. Serás el alma de la fiesta, sí, pero en la misma categoría que el tío que habla de hacer burpees a las 5 de la mañana mientras se ducha con agua helada. La dieta puede que funcione un tiempo, pero a costa de aislarte, de convertir la comida en castigo y de recordarte cada día que la vida es más que ese cuerpo soñado. Porque, sorpresa: la fuerza de voluntad no se regenera mágicamente mientras comes arroz. Se gasta. Y cuando se gasta, vuelves a comer normal, pero con una relación con la comida más retorcida que antes. ¿Sirve para perder grasa o definir músculos? Mitos sobre la “comida limpia” Aquí es donde la cosa se pone interesante, porque durante años nos han vendido la moto de que comer “limpio” era sinónimo de estar definido como una estatua griega. Y limpio, en ese diccionario de gimnasio, significaba básicamente: pollo que parece haber pasado por la plancha sin saludar al aceite y arroz blanco tan insípido que podías usarlo de relleno para un cojín. La idea era que, si comías solo esos alimentos “puros”, mágicamente tu grasa se derretiría como un helado en agosto. Como si el cuerpo tuviera un detector moral de alimentos: “¿Pizza? Al michelín. ¿Arroz y pollo? Directo al bíceps”. Pues no. El cuerpo no tiene un policía de la pureza rondando tu estómago, tiene un balance energético: lo que entra frente a lo que gastas. Si comes arroz y pollo, pero en exceso, engordarás igual. Y encima estarás mal nutrido. Si comes pizza pero en déficit calórico, pierdes peso. Y también estarás mal nutrido. No es brujería, es la ley de la termodiná
3 señales silenciosas que predicen tu calidad de vida futura. La fórmula real para vivir más y mejor.
2025/09/08
https://construyetufisico.com/fisiologia-ejercicio/se-puede-predecir-tu-salud-futura-estos-3-indicadores-tienen-la-respuesta/ ¿Se puede predecir tu salud futura? Estos 3 indicadores tienen la respuesta Lo que nadie te cuenta sobre envejecer bien Te voy a traer hoy unos indicadores que van a ayudarte a saber si vas a tener buena salud en un futuro. Y si te tienes que preocupar o tienes que preocuparte mucho. Si me sigues desde hace algún tiempo ya sabrás lo que te voy a decir. Y si aún no me seguías que sepas que has estado desperdiciando tu vida hasta ahora, pero allá tú. A lo que iba antes de que me interrumpieras, ya deberías saber que yo estoy más preocupado por tener salud y no lesionarme que de levantar un kilo más o verme un poco mejor. Me gusta romper records y verme bien, pero desde que tengo una edad valoro más otras cosas. ¿Vas al gimnasio o construyes salud? Yo sé que tú sabes que hay que cuidarse y por eso vas al gimnasio, haces algo en casa o como poco estás pensando en hacer algo por tu salud. Pero te voy a decir una cosa, no solo basta con “ir” al gimnasio, ni siquiera con “hacer ejercicio”, hay que entrenar. Tenemos que buscar una mejora en nuestra salud, que pasa por tener una mejora a nivel de fuerza, cardio, niveles de grasa, que todo eso nos llevará a una mejora estética. Y en este caso el orden es muy importante. La ciencia ya no mira sólo el peso en la báscula A estas alturas de la película hay mucha evidencia que dice que la cosa no solo está en estar delgadito y verse bien en la playa. Hay más indicadores que pueden predecir de una forma bastante precisa tu salud futura. Yo te voy a hablar de 3: la fuerza de agarre o la fuerza de tus antebrazos El consumo de oxígeno o tu CO2 máximo Tu perímetro de cintura en relación a tu altura o la grasa abdominal La fuerza de tu agarre: más importante de lo que crees Resulta que este humilde trozo de carne entre tu codo y tu mano puede decir más sobre tu futuro que tu horóscopo, tu carta astral y el test de intolerancias alimentarias juntos. Te lo explico fácil: cuando hablamos de fuerza de agarre, nos referimos a qué tan fuerte puedes cerrar la mano. Agarrar algo. Apretar. No es un concurso de pulsos ni una prueba de Hulk wannabe. Es una señal. Porque tu capacidad de apretar fuerte una mano se correlaciona con todo lo demás: tu salud muscular general, tu capacidad funcional y, lo más bestia de todo… con cuántos años vas a vivir y cómo de bien los vas a vivir. Y no lo digo yo. Lo dice la ciencia. Y cuando la ciencia habla, uno se calla y escucha. Qué dice la ciencia sobre la fuerza de prensión manual Atención que aquí viene lo jugoso. Desde hace años, varios estudios longitudinales (de esos que siguen a personas durante décadas) han encontrado una conexión directa entre una menor fuerza de agarre y un mayor riesgo de: Enfermedades cardiovasculares Pérdida de autonomía Hospitalizaciones frecuentes Y, sí, también muerte prematura. Uno de los estudios más conocidos es el PURE Study (Prospective Urban Rural Epidemiology), que analizó a más de 140.000 personas en 17 países. ¿El hallazgo estrella? Cada reducción de 5 kg en la fuerza de prensión se asociaba con un 16% más de riesgo de muerte por cualquier causa. Casi nada. Y aquí es donde muchos me preguntan: "Pero Patricio, ¿por qué el agarre y no el press de banca?" Buena pregunta, querido amigo preocupado de su salud pero con mucho ego de gimnasio. La fuerza de agarre es un proxy, una especie de “termómetro muscular” que no solo mide fuerza bruta, sino también la calidad del sistema nervioso, el nivel de actividad diaria, el envejecimiento del músculo (sarcopenia) y tu funcionalidad general. Es simple de medir, barato, y, sobre todo, predictivo. En serio, los médicos geriátricos lo usan más que el estetoscopio últimamente. Cómo mejorarla sin convertirte en escalador profesional Ahora que sabes que tener un agarre debil no es solo un problema en las cenas familiares cuando te piden abrir un bote de pepinillos, te estarás preguntando cómo se mejora esto. Tranquilo. No hace falta que te apuntes a clases de escalada ni que te conviertas en el primo raro que lleva una bola de goma antiestrés a todas partes. Aquí tienes el plan de ataque: 1. Carga y transporta cosas. El clásico farmer’s walk (o paseo del granjero para los no sois políglotas como yo) es magia pura. Coge un par de mancuernas pesadas (o dos bolsas de la compra llenas de garrafas de agua) y camina, ya está. Aprieta fuerte. Siente cómo tus antebrazos arden. 2. Cuelgate. Sí, como un mono. Cuelgate de una barra, sin hacer nada más. 20-30 segundos al principio, o menos si no puedes. Con forme mejores ya estarás más. Este ejercicio mejora el agarre, descomprime la espalda y, de paso, te hace sentir un poco más salvaje. Win-win. 3. Ejercicios de agarre específico. Bolas, pinzas, agarres tipo toalla o fat grips si te quieres poner pro. No hacen falta gadgets caros. Hasta una toalla enrollada o una garrafa con asa sirven. Aquí lo que tienes que hacer es coger cosas con un agarre más grande que la típica barra de gimnasio de entre 25 a 29mm de diámetro. 4. Entrena con barra y peso libre. Lo siento, pero las máquinas no ayudan aquí. Las dominadas, el peso muerto y el remo con barra son tus nuevos aliados. Cosas que pesen mucho y que necesites de un agarre fuerte para poder hacer el ejercicio. 5. Evita los straps… al menos al principio. Ya sé que te ayudan a levantar más. Pero si quieres un agarre fuerte, dales un descanso. No uses muletas si aún puedes caminar. 2. Tu consumo de oxígeno: la batería que nunca debes dejar que se agote El VO₂ max es la cantidad máxima de oxígeno que tu cuerpo puede utilizar durante el ejercicio intenso. Es como el motor de tu coche: cuanto más grande y eficiente, más lejos llegas con menos esfuerzo. Si tu cuerpo fuera un smartphone, el VO₂ max sería la capacidad de la batería. No sólo indica cuánto puedes durar físicamente, sino también cómo de rápido puedes recargar y volver a la carga. Y aquí va lo bueno: cuanto más alto es tu VO₂ max, más difícil es que te pille el toro (o el infarto, o la fatiga crónica, o la sensación de “no puedo con mi alma” al subir una cuesta). ¿Por qué deberías preocuparte? Porque un VO₂ máx bajo no es solo cosa de vagos. Es un marcador de riesgo cardiovascular tan potente como la tensión arterial o el colesterol. Y encima, no duele, no se nota y no suena ninguna alarma. Simplemente, un día vas a correr detrás del autobús… y el autobús gana. En resumen: si no mides tu VO₂ max, estás jugando a las cartas con los ojos vendados. Spoiler: la casa siempre gana. Cuánto necesitas según tu edad y nivel Aquí va la tabla mágica. No es sagrada, pero se acerca. VO₂ max en ml/kg/min (mililitros de oxígeno por kilo de peso por minuto): Edad Muy bajo Regular Bueno Muy bueno Excelente 20-29 H/M 52 / >44 30-39 H/M 49 / >42 40-49 H/M 47 / >40 50-59 H/M 45 / >38 H: Hombres / M: Mujeres ¿Dónde estás tú? Yo, por ejemplo, cuando lo medí por primera vez pensaba que estaba “bastante bien” y resultó que estaba en “regular tirando a qué vergüenza”. Fue un baño de realidad y una patada al ego. Pero también un punto de partida. Formas reales (y sin dramas) de mejorarlo Aquí viene la parte buena. No hace falta que te conviertas en maratoniano ni que te pongas a hacer burpees en ayunas mientras recitamos mantras vikingos. Subir tu VO₂ max es posible. Pero hay que currárselo porque tiene un componente genético muy grande. 1. Entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) No te asustes con las siglas. Se trata de hacer breves explosiones de esfuerzo intenso, seguidas de descansos. Por ejemplo: 30 segundos de sprint + 90 segundos de trote o caminar. Repite 6-8 veces. Eso, dos veces por semana, y tu VO₂ max empieza a aplaudirte desde dentro. 2. Cardio continuo y moderado (el de toda la vida) Sí, correr, nadar, montar en bici, remar... Lo importante es que mantengas una intensidad constante durante al menos 30-45 minutos. No vale ir mirando escaparates. Hazlo 3 veces por semana, y empezarás a notar que ya no te falta el aire cuando hablas y caminas a la vez. 3. Más músculo, mejor motor No lo olvides: el músculo consume oxígeno. Cuanto más músculo funcional tengas, más capacidad tienes de usar ese oxígeno de forma eficiente. Así que sí, entrena fuerza. No solo para verte bien, sino para rendir más y envejecer mejor 3. Perímetro de cintura vs. altura: el ratio que no engaña Durante años —décadas, incluso— nos han vendido la moto de que el peso corporal es el rey. “Cuanto menos peses, mejor estás”. Pues no. Falso. C**a. Porque te puedes pesar 70 kilos y estar más inflado de grasa visceral que un donut de crema. O pesar 90 y estar más fuerte que el café de los lunes. Lo diré claro: la báscula no distingue entre grasa, músculo, agua o si acabas de comerte un cocido. Solo da un número, y a veces ese número no dice absolutamente nada útil. ¿Quieres una mejor forma de saber si estás en forma o en apuros? Mídete la cintura. Así, sin anestesia. Porque el perímetro abdominal no miente. Es el chivato número uno de si llevas encima una bomba de relojería en forma de grasa visceral. Esa que no se ve, que se mete entre tus órganos, y que convierte tu abdomen en un centro logístico del caos metabólico. El ratio mágico: cómo calcularlo y qué significa Aquí viene la fórmula mágica. Nada de derivadas ni álgebra de secundaria. Solo necesitas dos cosas: Una cinta métrica. (No, no vale la del IKEA, y por favor que no esté dada de sí.) Tu altura y tu perímetro de cintura (medido justo por encima del ombligo, relajado, sin meter barriga como si estuvieras en la playa). Y ahora sí, la fórmula: Perímetro de cintura (en cm) ÷ Altura (en cm) = tu ratio Por ejemplo: Si mid
Mejor entrenamiento de pectoral: La guía definitiva para un pecho de acero
2024/10/04
https://construyetufisico.com/ Entrenamiento EMA: https://construyetufisico.com/descarg... ¿Quieres mejorar tus pectorales y no sabes por dónde empezar? En este vídeo te explico los mejores ejercicios para entrenar el pectoral de manera efectiva, desde el press de banca hasta los fondos en paralelas. Con mi experiencia como entrenador personal, te enseñaré cómo maximizar tu entrenamiento y obtener resultados increíbles. Si buscas una rutina personalizada y consejos prácticos, ¡este vídeo es para ti! ¿Te has preguntado alguna vez si es mejor entrenar online o tener a un entrenador personal que te grite al oído cada vez que no completas una serie? Yo también. Y como entrenador personal, te voy a contar la verdad, con todos sus matices. Porque aquí no estamos para andar con rodeos, sino para decidir qué es lo que mejor se adapta a ti. Vamos a explorar los entrenamientos online y presenciales desde mi experiencia en este mundillo del fitness. Spoiler: No hay una respuesta perfecta. Pero te prometo que después de escuchar esto, tendrás una mejor idea de qué modalidad te viene mejor. Empezamos por lo que a muchos les encanta de los entrenamientos online: la libertad. A ver, seamos realistas. Vivimos en un mundo donde el tiempo es más escaso que una buena serie en Netflix, y encontrar espacio para ir al gimnasio o quedar con tu entrenador a veces es una misión imposible. Por eso, los entrenamientos online son una bendición para quienes tienen la agenda más apretada que los pantalones después de las vacaciones de Navidad. Lo bueno de entrenar online es que puedes hacerlo cuando te venga bien. Literalmente, puedes estar en pijama, con la cena al fuego y entrenar en la sala de tu casa. No tienes que estar en un sitio concreto, a una hora concreta. Esto es ideal para los que vivimos con horarios locos, o simplemente no queremos estar pendientes del reloj. Como siempre digo: "yo hago entrenamientos simples para vidas complicadas". Y es que a veces, la simplicidad es lo más efectivo. Ah, y lo que muchos preguntan: ¿es más barato? Pues sí, la mayoría de las veces. Si no te metes a contratar al último influencer de moda que te cobra lo que le da la gana solo porque sale mucho en Instagram, puedes ahorrarte una buena pasta. No vas a tener que hipotecar la casa para poder pagar tus entrenos. Pero ojo, que ahí también te puedes encontrar con algún "gurú del fitness" que te vacía la cuenta bancaria en un abrir y cerrar de ojos. Así que, ¡cuidado con los famosos precios "premium" sin justificación! Ahora bien, no todo es color de rosa con los entrenamientos online. Una de las grandes desventajas es la falta de feedback inmediato. Y créeme, eso puede marcar la diferencia. ¿Cuántas veces te ha pasado que estás haciendo una sentadilla pensando que eres un crack, cuando en realidad parece que estás bailando breakdance con las rodillas? Lo sé, a mí también me pasó alguna vez. Con los entrenamientos presenciales, tienes a un entrenador que te corrige en el momento, que te dice: “¡Ey, endereza esa espalda!” o “¡Cuidado con las rodillas!” Y ahí es donde se produce la verdadera magia. Tener a alguien que te corrige al instante, que ajusta tu postura y que no deja que te rompas en mil pedazos, es un gran punto a favor. Yo, como entrenador, siempre estoy ahí para mis clientes, ajustando no solo los movimientos, sino también el entrenamiento en sí, en función de cómo veo que se desenvuelven en cada sesión. Además, en una sesión presencial se da algo muy interesante: la interacción humana real. Puede sonar un poco cursi, pero la conexión que se forma entre el entrenador y el alumno es algo que no se consigue tan fácilmente online. Es más que un “corrige eso”, es conocer realmente a la persona, entender sus límites y sus motivaciones. Ahí es cuando puedes ajustar el entrenamiento a un nivel mucho más personalizado, casi a medida, que es difícil de replicar a distancia. Y sin más me despido hasta la proxima, un saludo y ¡felices agujetas!
Entrenamientos Online vs. Presenciales: ¿Cuál es Realmente el Mejor para Alcanzar tus Metas?
2024/09/27
https://construyetufisico.com Hola, qué tal estás. Espero que estés bien. Yo soy Patricio y en mi web construye tu físico punto com tienes entrenamientos simples para vidas complicadas. Que hay que entrenar para vivir y no vivir para entrenar. ¿Te has preguntado alguna vez si es mejor entrenar online o tener a un entrenador personal que te grite al oído cada vez que no completas una serie? Yo también. Y como entrenador personal, te voy a contar la verdad, con todos sus matices. Porque aquí no estamos para andar con rodeos, sino para decidir qué es lo que mejor se adapta a ti. Vamos a explorar los entrenamientos online y presenciales desde mi experiencia en este mundillo del fitness. Spoiler: No hay una respuesta perfecta. Pero te prometo que después de escuchar esto, tendrás una mejor idea de qué modalidad te viene mejor. Empezamos por lo que a muchos les encanta de los entrenamientos online: la libertad. A ver, seamos realistas. Vivimos en un mundo donde el tiempo es más escaso que una buena serie en Netflix, y encontrar espacio para ir al gimnasio o quedar con tu entrenador a veces es una misión imposible. Por eso, los entrenamientos online son una bendición para quienes tienen la agenda más apretada que los pantalones después de las vacaciones de Navidad. Lo bueno de entrenar online es que puedes hacerlo cuando te venga bien. Literalmente, puedes estar en pijama, con la cena al fuego y entrenar en la sala de tu casa. No tienes que estar en un sitio concreto, a una hora concreta. Esto es ideal para los que vivimos con horarios locos, o simplemente no queremos estar pendientes del reloj. Como siempre digo: "yo hago entrenamientos simples para vidas complicadas". Y es que a veces, la simplicidad es lo más efectivo. Ah, y lo que muchos preguntan: ¿es más barato? Pues sí, la mayoría de las veces. Si no te metes a contratar al último influencer de moda que te cobra lo que le da la gana solo porque sale mucho en Instagram, puedes ahorrarte una buena pasta. No vas a tener que hipotecar la casa para poder pagar tus entrenos. Pero ojo, que ahí también te puedes encontrar con algún "gurú del fitness" que te vacía la cuenta bancaria en un abrir y cerrar de ojos. Así que, ¡cuidado con los famosos precios "premium" sin justificación! Ahora bien, no todo es color de rosa con los entrenamientos online. Una de las grandes desventajas es la falta de feedback inmediato. Y créeme, eso puede marcar la diferencia. ¿Cuántas veces te ha pasado que estás haciendo una sentadilla pensando que eres un crack, cuando en realidad parece que estás bailando breakdance con las rodillas? Lo sé, a mí también me pasó alguna vez. Con los entrenamientos presenciales, tienes a un entrenador que te corrige en el momento, que te dice: “¡Ey, endereza esa espalda!” o “¡Cuidado con las rodillas!” Y ahí es donde se produce la verdadera magia. Tener a alguien que te corrige al instante, que ajusta tu postura y que no deja que te rompas en mil pedazos, es un gran punto a favor. Yo, como entrenador, siempre estoy ahí para mis clientes, ajustando no solo los movimientos, sino también el entrenamiento en sí, en función de cómo veo que se desenvuelven en cada sesión. Además, en una sesión presencial se da algo muy interesante: la interacción humana real. Puede sonar un poco cursi, pero la conexión que se forma entre el entrenador y el alumno es algo que no se consigue tan fácilmente online. Es más que un “corrige eso”, es conocer realmente a la persona, entender sus límites y sus motivaciones. Ahí es cuando puedes ajustar el entrenamiento a un nivel mucho más personalizado, casi a medida, que es difícil de replicar a distancia. Y hablando de personalización, esto es algo que vale oro. Ya sea en un entrenamiento online o presencial, la clave del éxito siempre será cómo se adapta el plan a tus necesidades. Y no hablo de esos planes genéricos que encuentras por ahí en internet, que parecen diseñados para todo el mundo y para nadie al mismo tiempo. No, me refiero a planes personalizados, ajustados a tu cuerpo, tus metas y tu estilo de vida. Con mi método de entrenamiento EMA (Entrenamiento Metabólico Adaptativo), por ejemplo, se trata de crear rutinas que evolucionan contigo, que se adaptan a tus progresos y a lo que necesitas en cada momento. No es lo mismo alguien que quiere perder peso rápido que alguien que busca mejorar su rendimiento para unas oposiciones, por poner algún ejemplo . Y esa capacidad de adaptación es vital. Lo bueno de entrenar online es que puedes acceder a estos planes personalizados y ejecutarlos cuando te venga mejor. Lo malo es que, de nuevo, no tienes ese feedback inmediato para corregir ciertos errores que podrían estar ralentizando tu progreso. Aquí es donde los entrenamientos presenciales ganan puntos. Como entrenador, puedo ver lo que estás haciendo mal y cambiar la estrategia al instante. Y ahí es donde las cosas mejoran de manera exponencial. Pero volvamos al tema del dinero, que siempre es importante. Sí, lo online suele ser más barato. No hay que pagar por la infraestructura del gimnasio ni por el desplazamiento del entrenador, lo que reduce bastante los costos. Pero, como dije antes, ten cuidado con esos entrenadores online de renombre que te cobran lo que les apetece. Algunos precios están inflados sin razón aparente, solo porque tienen muchos seguidores o porque su cara sale en los anuncios. En el caso de los entrenamientos presenciales, el precio suele ser más elevado, pero pagas por el contacto humano, las correcciones y el seguimiento personalizado que recibes al momento. Ahora, en mi experiencia personal, muchos no sacan el máximo provecho a esto. Muchos clientes pagan por un entrenador personal para que les acompañe al gimnasio, casi como si fueran un “gym bro” que te anima y te ayuda a mover las pesas. Esto es un error tremendo. Si pagas a un profesional, hazlo para que te evalue, te guíe y ajuste tu técnica. Un entrenador no es un compañero de entreno, es alguien que te ayuda a mejorar. Si yo contratara a un entrenador personal, no lo tendría conmigo cada día, lo vería de vez en cuando para ajustar mi plan de acción, evaluar mis progresos y discutir la estrategia para las próximas semanas. Así es como deberías usar a un entrenador, ya sea online o presencial. Aquí llegamos a un tema espinoso: los entrenadores de moda o instafitness. ¿Justifican el precio que piden? Bueno, algunos sí y otros no. Hay gente muy válida que ofrece planes online realmente efectivos, pero también hay mucho humo en este mercado. Esos entrenadores que te prometen un six-pack en dos semanas por 300 euros suelen ser el equivalente fitness de un vendedor de crecepelo. La verdad es que si te vas a decantar por un entrenador online, busca a alguien con buenas referencias, con un plan de entrenamiento que se adapte a ti y no a su marca personal. Como entrenador, siempre busco la mejor relación calidad-precio para mis clientes, y eso debería ser una prioridad también para ti cuando busques ayuda online. En mi experiencia como entrenador habiendo entrenado a gente de ambas formas, puedo decirte que cada modalidad tiene sus ventajas y lo que mejor te va depende de tu situación. Por ejemplo, si tienes un horario de trabajo loco y apenas tienes tiempo para respirar, los entrenamientos online son ideales para ti. Puedes entrenar cuando quieras, sin presión de horarios, y seguir avanzando a tu ritmo. Sin embargo, si eres alguien que necesita esa corrección en tiempo real, o simplemente disfrutas de la interacción humana, el presencial es tu opción. Pero recuerda: el entrenador personal no está ahí solo para sujetar las pesas. Está para guiarte, corregirte y diseñar un plan que realmente funcione para ti. En mi opinión, lo ideal es una mezcla de ambos mundos: sigue un entrenamiento online, pero usa a tu entrenador personal como un consultor, alguien que te evalúa y ajusta tu plan cada cierto tiempo. Y llegamos al final. ¿Qué modalidad es mejor? Pues depende de lo que busques. Si quieres ahorrar tiempo y dinero, y te sientes cómodo entrenando por tu cuenta, lo online es la mejor opción. Pero si valoras la interacción, el feedback en tiempo real y el ajuste milimétrico de tu plan, entonces el presencial es tu mejor apuesta. Al final, lo importante es que te muevas, que disfrutes el proceso y que encuentres una modalidad que funcione para ti. Y si alguna vez necesitas ayuda, ya sabes dónde encontrarme. Porque al final del día, lo más importante no es dónde o cómo entrenes, sino que lo hagas bien y lo disfrutes. Y esto es todo por hoy, si te ha gustado dale un like. Si quieres decirme algo comenta lo que quieras. Y sin más me despido hasta la proxima, un saludo y ¡felices agujetas!

Resenas del podcast

Lee las Construye tu Físico resenas del podcast


0 de 5
0 resenas

Patrocinio y publicidad en podcasts

Empieza a anunciarte en Construye tu Físico y patrocina podcasts con audiencia relevante


Que quieres promocionar?